Turismo de riesgo en Bolivia

La boliviana “Carretera de la Muerte” es un pasillo escarpado entre montañas y abismos que hipnotiza a los turistas porque lleva de las estribaciones de Los Andes hasta un paraje cálido. De diversos pisos ecológicos, con rica flora y fauna, es antesala del Amazonas, pero es un descenso peligroso que se ha cobrado ya centenares de vidas.

Vista de lejos, esa ruta de los Yungas es una angosta cinta de tierra, cuyo primer tramo de 80 kilómetros, entre las montañas aledañas a La Paz y el pueblo de Coroico, cruzan cada año más de 30.000 ciclistas y motociclistas extranjeros. Además, serpentea por cientos de kilómetros en las provincias Nor Yungas, Sud Yungas y Caranavi hasta otras localidades donde hay un intenso tráfico de autobuses y camiones.

“CRUZAR “LA CARRETERA DE LA MUERTE” TIENE UNA EFECTO HIPNÓTICO Y PROPORCIONA LA SENSACIÓN MORBOSA QUE PROVOCA RECORRER UN CAMINO LLENO DE CRUCES Y LAPIDAS GRABADAS EN DIFERENTES IDIOMAS Y VER LOS PRECIPICIOS QUE SE HAN CONVERTIDO EN LA TUMBA DE MUCHOS.”

Los aventureros comienzan su travesía a una altitud de 4.700 metros sobre el nivel del mar, cerca de La Paz, y en pocas horas descienden a 1.200 metros, desplazándose de una geografía seca y fría a una caliente, de abundante vegetación, ríos y cascadas.

El boliviano Simón Rodríguez, que trabaja como guía de ciclistas desde hace once años, dice que los cambios de altitud, temperatura y el peligro de la vía atraen a los turistas sorprendidos por el camino de tres metros de ancho al borde de los abismos.

El atractivo de la naturaleza es innegable, pero lo que hace que cada día cerca de 200 extranjeros crucen “La Carretera de la Muerte” es el efecto hipnótico y la sensación morbosa que provoca recorrer un camino lleno de cruces y lapidas grabadas en diferentes idiomas y ver los precipicios que se han convertido en la tumba de muchos.

Los turistas no parecen estar demasiado conscientes del peligro pese a que muchos extranjeros perdieron la vida manejando bicicletas y su tragedia ha marcado algunos de los hitos de la travesía: “La curva del italiano” es donde un ciclista de esa nacionalidad cayó hace poco en un barranco o “la parada de los israelitas”, donde tres jóvenes de esa procedencia, dos daneses y seis bolivianos murieron hace veinte años en un coche.

“Me preguntaron si estaba loca para hacerlo. Yo les dije que un poco loca”, comenta la boliviana Mayra Eid, que vive en Lima, y volvió a Bolivia para visitar a su familia, pero también para recorrer la ruta, pese a los reclamos de sus hijos y su esposo.

“Asusta el nombre, pero en realidad es seguro”, agrega, junto a un grupo de turistas que completó sin problemas la travesía en bicicleta, de 61 kilómetros, 40 de los cuales son en la “Carretera de la Muerte” propiamente dicha.

“LOS AVENTUREROS COMIENZAN SU TRAVESÍA A UNA ALTITUD DE 4.700 METROS SOBRE EL NIVEL DEL MAR, CERCA DE LA PAZ, Y EN POCAS HORAS DESCIENDEN A 1.200 METROS, DESPLAZÁNDOSE DE UNA GEOGRAFÍA SECA Y FRÍA A UNA CALIENTE, DE ABUNDANTE VEGETACIÓN.”

“Es una experiencia única, no hay otro lugar como este. El paisaje es increíble. Estamos en las nubes”, afirma el británico Jean-Marc Eskdale, que destaca la excepcionalidad de comenzar la aventura a 4.700 metros de altitud y descender 3.500 metros hasta Coroico.

Eskdale, de 33 años, recorrió la ruta dos veces, una en bicicleta y otra en cuatrimotor, junto a sus compatriotas Gar Phelps (24) y Hatt Potter (23), que destacan el potencial turístico de la vía, tras haber estado previamente en el norte de Chile y el Salar de Uyuni y las ciudades coloniales bolivianas, y haber sufrido además ocho bloqueos de rutas antes de ingresar a La Paz.

Peligroso turismo

Dos días después de que ellos recorrieran la “Carretera de la muerte”, una familia de cuatro personas murió cuando su vagoneta cayó en un barranco al ir hacia Coroico, un pueblo donde todos parecen haber perdido a un familiar o amigo cercano por causa de los accidentes.

Rodríguez cuenta que al día siguiente de ese accidente el grupo de ciclistas que dirigía vio el vehículo destrozado y los cuatro cadáveres e intentaron un rescate en el precipicio.

“No había nadie con vida, todos estaban muertos y no sacamos a nadie. Los bomberos llegaron más tarde”, agrega, al señalar que no es la primera vez que se topa con restos de vehículos y cadáveres mientras guía a los turistas en su aventura.

Ese accidente se produjo en el lugar Sacramento Alto, pero los otros puntos de riesgo donde están el mayor número de cruces y placas conmemorativas son Sacramento Bajo, Sacramento Central, Balconcillo y en particular San Juan, donde la ruta, paradójicamente, adquiere una mayor belleza al estar bañada por cascadas y es el lugar preferido por turistas para tomarse fotos junto a un barranco de 300 metros.

“Aquí han muerto tres o cuatro turistas”, dice Luis Beltrán, otro guía de ciclistas, acerca de San Juan. Beltrán recuerda con pesar que una francesa de su grupo perdió la vida en la carretera cuando él comenzó a trabajar hace ocho años. “Fue una imprudencia de ella y de las movilidades (vehículos) que había antes”, cuando esa trocha de tierra era transitada en ambos sentidos pese a tener un solo carril, comenta.

“LA RUTA DE LOS YUNGAS ES UNA ANGOSTA CINTA DE TIERRA, CUYO PRIMER TRAMO DE 80 KILÓMETROS, ENTRE LAS MONTAÑAS ALEDAÑAS A LA PAZ Y EL PUEBLO DE COROICO, CRUZAN CADA AÑO MÁS DE 30.000 CICLISTAS Y MOTOCICLISTAS EXTRANJEROS.”

El director de Turismo del municipio de Coroico, René Toro, señala que en los últimos años murió una docena de turistas y guías, aunque la mala fama de la ruta es de antes de 2006 cuando era utilizada para el tráfico intenso de autobuses y camiones y desde 1995 cuando el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) la calificó como la carretera “más peligrosa del mundo”.

“Al final nos hemos quedado con ese cliché, que ahora es comercial, para la atracción turística y nos sirve porque el segmento de los aventureros quieren vencer ese reto de sobrevivir a la “Carretera de la Muerte”", reconoce Toro, a cargo de la promoción turística internacional de la carretera que ha sido tratada recientemente en el Reality Show “Rutas Mortales” de la cadena History Channel, con camioneros experimentados.

Explica que esta vía es también conocida como el “camino paraguayo” por haber sido construido por presos de esa nacionalidad, tras la guerra del Chaco (1932-1935) entre Bolivia y ese país, y fue durante décadas la única vía de ingreso desde La Paz a la zona productora de Yungas y al norte del país. En 2006 fue inaugurada una nueva carretera a Coroico, que ofrece mayor seguridad para autobuses y camiones y ha frenado los accidentes, que, sin embargo, continúan en otras zonas de los Yungas en las vías hacia Caranavi, Asunta o Chulumani, entre otros pueblos.

No hay una estadística oficial sobre las víctimas en los Yungas y los guías, lugareños y los medios suelen decir que un coche por mes cae en uno de los barrancos si es época seca y dos o tres cuando es temporada de lluvias o una media de 96 personas mueren allí cada año.

Sin embargo, para Toro las cifras son especulativas y cree que a la “Carretera de la Muerte” propiamente dicha se le atribuyen las víctimas de rutas aledañas, aunque en rigor son tan peligrosas y precarias como esa, según reconoce.

Más allá de la polémica, la gravedad de lo que sucede en la región, que conecta La Paz con la Amazonía, puede ser ilustrada por el último de los graves accidentes ocurridos en la primera semana de junio: 18 personas murieron y 32 resultaron heridas por la caída de su autobús en un barranco.

“Eso fue en Sud Yungas”, se apura a decir Toro al sentar la diferencia entre esa zona y la de Nor Yungas, donde está Coroico.

Aunque esa es la más conocida  y tiene una fama bien merecida, las carreteras en Bolivia son mayoritariamente precarias y las estadísticas oficiales señalan que entre 2007 y 2010 murieron 4.558 personas en el país, más de mil por año, de las que un tercio corresponden a la región de La Paz, donde está Yungas.