Caxias do Sul esconde, en la zona meridional de Brasil, un pedazo de la Italia de la segunda mitad del siglo XIX, donde se instalaron los emigrantes que cruzaban el Atlántico en busca de una mejor vida.

Son 130 los kilómetros que separan a Caxias do Sul de Porto Alegre, la capital regional, y 130 los años que han pasado desde que comenzó una migración masiva de italianos al sur del país, corriente de la que también formaron parte miles de colonos alemanes, polacos y de otras nacionalidades europeas.

"LA PRODUCCIÓN DE VINOS DEJÓ DE SER UNA SIMPLE FUENTE DE RECURSOS PARA CAXIAS DO SUL Y SE TRANSFORMÓ EN UN ARTE PARA MOSTRAR LAS TRADICIONES Y COSTUMBRES ITALIANAS QUE PASAN DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN."

En el sur de Brasil, fronterizo con Argentina y Uruguay, los italianos encontraron tierra en abundancia y con un relieve y condiciones climáticas parecidas a la que habían dejado atrás, motivo por el cual hicieron de la industria vitivinícola uno de los pilares del desarrollo de esa región, que hasta hoy se destaca como el principal productor de uvas y vinos del país.

Ese flujo masivo de mano de obra procedente del Véneto, la Toscana, Lombardía, Campania y otras regiones italianas que se instaló principalmente en las montañas del sur hizo que los dialectos, costumbres, folclore, gastronomía, arquitectura y otros aspectos de la "italianidad" se incorporaran a las tradiciones e identidad de los gauchos de Brasil, según la historiadora Liliana Henrichs, directora de Memoria y Patrimonio del Municipio.

"La región y Caxias do Sul, en particular, respiran italiano y la población de ese origen se enorgullece de su tradición, aquí nadie niega que es brasileño, que es gaucho (gentilicio de los de Río Grande do Sul) pero entre los brasileños esta población quiere resaltar su italianidad", señala la historiadora.

No es casualidad que el parque central de la ciudad tenga el nombre Dante Alighieri y que la iglesia de Sao Pellegrino sea el principal punto turístico, ni que las familias tradicionales tengan los apellidos Nespolo, Corlatti, Comerlato o Postiglione, entre muchos otros.

De origen humilde en su mayoría, los colonos, que huían de la pobreza, las guerras y las transformaciones socioeconómicas producidas por la unificación de Italia en la segunda mitad del siglo XIX, construyeron sus propias casas y en ellas reprodujeron la arquitectura campestre del país habían dejado atrás, estilo que aún se preserva en diferentes barrios de Caxias do Sul.

"Ellos (los primeros inmigrantes) eran un pueblo trabajador, organizado, que daba prioridad a sus espacios, cantinas y templos, en los que se denotan las circunferencias y los ángulos", señala el arquitecto y urbanista Jorge Fandinho.

Para Fandinho, los primeros inmigrantes de Caxias do Sul "entregaron una gran contribución al desarrollo urbanístico de la ciudad, pues tenían el referente de las grandes construcciones en Italia y trataron de hacerlas similares en Brasil, con otros materiales y sin ayuda profesional".

Una réplica de la Caxias do Sul de finales del siglo XIX, construida en uno de los puntos turísticos de la ciudad, reproduce las casas levantadas con madera de pino, basalto y piedra, los materiales más baratos y que los colonos tenían a mano.

“EN EL SUR DE BRASIL, FRONTERIZO CON ARGENTINA Y URUGUAY, LOS ITALIANOS ENCONTRARON TIERRA EN ABUNDANCIA Y CON UN RELIEVE Y CONDICIONES CLIMÁTICAS PARECIDAS A LA QUE HABÍAN DEJADO ATRÁS, MOTIVO POR EL CUAL HICIERON DE LA INDUSTRIA VITIVINÍCOLA UNO DE LOS PILARES DEL DESARROLLO DE ESA REGIÓN.”

En Caxias, la segunda ciudad de Río Grande do Sul, con 450.000 habitantes, muchas de las casas y cantinas construidas por los colonos italianos han sido convertidas en pequeños "museos" que reciben día a día a visitantes seducidos por la gastronomía y la próspera industria vinícola de la región.

"La ciudad guarda en su memoria la herencia cultural y costumbres dejados por los colonizadores y este legado se ha insertado en el ambiente tradicionalista gaucho", opina Henrichs.

La Fiesta de la Uva, que se celebra cada dos años y es una de las más tradicionales del sur de Brasil, es la expresión palpable de toda la italianidad que respira Caxias do Sul, explica Gelson Palavro, director de esa festividad que nació en 1931 y que sólo fue interrumpida en los años de la Segunda Guerra Mundial.

La presencia de los presidentes de la República en la inauguración de la fiesta es una especie de amuleto para los propios mandatarios. "El único presidente que no nos honró con su presencia en la Fiesta de la Uva fue Fernando Collor de Mello y después fue destituido", recuerda Palavro.

La feria agroindustrial

Las costumbres y tradiciones de los inmigrantes que colonizaron la región, preservadas por los oriundi (descendientes de italianos), reviven cada dos años en otro evento de la italianidad, la Feria Agroindustrial, una fiesta paralela a la de la uva en la que los negocios se hacen al calor de la música, la gastronomía y los mejores vinos de la región.

Quien visita Caxias do Sul y otros municipios de la Sierra Gaucha se depara con paisajes bucólicos y lugares pintorescos que seducen a los turistas, en su mayoría atraídos por la producción artesanal de vinos, la principal actividad económica de los habitantes de la región.

"La producción de vinos dejó de ser una simple fuente de recursos para Caxias do Sul y se transformó en un arte para mostrar las tradiciones y costumbres italianas que pasan de generación en generación", destaca Eliseu Zanoni, un pequeño productor de la región.

Caxias do Sul, cuyo nombre es un homenaje al Duque de Caxias, un militar y político brasileño (1803-1880), reserva al turista un viaje a lo más profundo de la cultura italiana que ha sido preservada en Brasil durante más de un siglo por millones de oriundi que se sienten tan brasileños como italianos.

Un entorno único con naturaleza en estado puro y unos estándares de calidad en el servicio son los ingredientes que ofrece la costa este de Uruguay. Los visitantes no dudan en vaciar sus billeteras para cabalgar por praderas, hacer surf en playas salvajes o tomar un cóctel en una glamurosa terraza con música “chill out”. Y todo en un mismo día.

La cara más visible del fenómeno es la cantante colombiana Shakira, pero cada vez son más los potentados europeos, estadounidenses, argentinos y brasileños que apuestan por este destino.

Aunque la referencia inevitable sigue siendo Punta del Este, a unos 140 kilómetros al este de Montevideo, otros destinos del departamento de Maldonado, donde se encuentra el famoso balneario, como José Ignacio y Laguna Garzón, marcan la pauta en los últimos años.

“LA PENETRACIÓN DE BRASIL ES PALPABLE CON LA EDIFICACIÓN DEL FASANO, UN HOTEL DE LA CADENA BRASILEÑA DEL MISMO NOMBRE, CUYOS PRECIOS DE LAS HABITACIONES EN TEMPORADA ALTA OSCILAN ENTRE LOS 900 Y LOS 1.300 DÓLARES LA NOCHE”.

“Las dos tendencias que se están generando (en la zona) son hacia dentro, hacia el campo, donde se pueden realizar actividades rurales muy próximas al mar, y hacia el este sobre la costa, en dirección a Brasil”, afirma en una entrevista Juan Irala, consultor de la inmobiliaria Terramar Christie's.

En pleno verano austral, Irala recibe a Efe en su oficina de José Ignacio, una villa costera famosa por su faro y donde solo quedan dos lotes en venta sin edificar de 1.000 metros cuadrados y a 5 millones de dólares cada uno.

José Ignacio, donde Shakira tiene una finca a la que acudía con su ex pareja, el argentino Antonio de la Rúa, es la viva imagen de la respuesta al imparable desarrollo inmobiliario de Punta del Este en las últimas décadas, marcado sobre todo por altos edificios de apartamentos. Sin darle totalmente la espalda al balneario, las nuevas corrientes apuestan más por espacios que aseguren una mayor superficie de terreno y, sobre todo, una mayor privacidad.

“Lo que antes, en un primer momento, fue un lugar de veraneo típicamente argentino en el extranjero después fue incorporando otros amigos”, explica Irala. Según el experto, “en los últimos años ha habido un fenómeno muy interesante a partir de los jugadores de polo argentinos, que siempre han veraneado en Punta del Este y su relación con los patrones de ese elitista deporte en Europa, sobre todo en el Reino Unido y Francia. Eso ha despertado el interés de ricos europeos que tienen propiedades en otros lugares como Saint Bars, Mónaco”.

“JOSÉ IGNACIO ES UNA VILLA COSTERA FAMOSA POR SU FARO DONDE SOLO QUEDAN DOS LOTES EN VENTA SIN EDIFICAR DE 1.000 METROS CUADRADOS Y A 5 MILLONES DE DÓLARES CADA UNO. RECIBE LA VISITA DE CELEBRIDADES COMO LA MODELO ISRAELÍ BAR REFAELI, EL GUITARRISTA BRITÁNICO RON WOOD, DE LOS ROLLING STONES, O EL HIJO PEQUEÑO DE CAROLINA DE MÓNACO, PIERRE CASIRAGHI”.

Por otro lado se ha producido también “el (esperado) descubrimiento por parte de Sao Paulo y Río de Janeiro de este destino, que hoy sin duda (los brasileños) han adoptado ya”, agrega el  representante de Terramar Christie's, una empresa uruguaya afiliada a la rama inmobiliaria de famosa casa de subastas británica.

Minimalismo, golf y caviar

La penetración de Brasil no solo es palpable por el crecimiento del turismo procedente de ese país vecino, sino también por emprendimientos como el Fasano, un hotel de la cadena brasileña del mismo nombre, complementado con un desarrollo inmobiliario impulsado por la también brasileña JHSF.

Los precios de las habitaciones en temporada alta oscilan entre los 900 y los 1.300 dólares la noche. Y sin embargo se llena. “La primera quincena explota todo, hubo mucha ocupación”, detalla a Efe Elizabeth Hazi, relaciones públicas del hotel. El Fasano abrió en 2010 y cuenta con 180 empleados para 32 habitaciones diseñadas en forma de bungalós por el prestigioso arquitecto brasileño Isay Weinfeld con un estilo minimalista que se integra con el paisaje.

Al restaurante del hotel acuden celebridades argentinas, como los presentadores de televisión Susana Giménez y Marcelo Tinelli, pero también de otros puntos del globo, como la modelo israelí Bar Refaeli, el guitarrista británico Ron Wood, de los Rolling Stones, o el hijo pequeño de Carolina de Mónaco, Pierre Casiraghi.

En la selecta carta del establecimiento, ubicado en el punto más alto de la propiedad, con impresionantes vistas de la finca, sobresale un plato de caviar uruguayo (producto obtenido en unos criaderos de esturión del Río Negro, en el interior del país), acompañado de blinis (una pasta rellena rusa), por casi 500 dólares, y una botella de vino francés Chateau Leoville Las Cases de 1988, a un precio de 1.050 dólares.

El hotel, donde el DJ francés David Guetta se alojó en enero cuando dio un exclusivo concierto en la zona, ocupa 30 de las 480 hectáreas del desarrollo inmobiliario, que en 2011 vendió 27 lotes sin edificar de entre 5.000 y 8.000 metros cuadrados, por entre 1 millón y 1,6 millones de dólares. Durante un recorrido de exhibición de los lotes en venta, Jimmy Fowler, otro consultor de Terramar Christie's, explica a Efe que en el recinto se está construyendo un campo de golf de nueve hoyos, diseñado por el ex golfista estadounidense Arnold Palmer.

“LA REFERENCIA INEVITABLE SIGUE SIENDO PUNTA DEL ESTE, A UNOS 140 KILÓMETROS AL ESTE DE MONTEVIDEO, PERO OTROS DESTINOS DEL DEPARTAMENTO DE MALDONADO, DONDE SE ENCUENTRA EL FAMOSO BALNEARIO, COMO JOSÉ IGNACIO Y LAGUNA GARZÓN, MARCAN LA PAUTA TURÍSTICA EN LOS ÚLTIMOS AÑOS”.

En un momento de la conversación, Fowler alardea de haber tenido este año de cliente a Sean Parker, uno de los fundadores de Facebook. Parker y su novia alquilaron en José Ignacio una casa durante 10 días por 150.000 dólares. “Trataron bien a los empleados, con buenas propinas y con educación”, detalla el consultor, que tuvo que fletar un avión privado para dos de sus invitados que llegaban de Buenos Aires.

Según estimaciones de la prensa uruguaya, el aeródromo de El Jagüel, de Punta del Este, ha recibido este verano 10 helicópteros y 50 aviones privados, sumado al del más de medio millar de yates que anclaron en la marina de la localidad. Estas cifras contrastan con la austera forma de vivir del presidente del país, el ex guerrillero José Mujica, que por decisión propia ha convertido en residencia presidencial una chacra (granja) en la que cultiva flores y hortalizas, y con el salario mínimo en esta pequeña nación de poco más de 3 millones de habitantes, que asciende a 7.600 pesos (unos 380 dólares).

Entre Wyoming y Saint Tropez

El otro hotel más exclusivo de la zona es en realidad dos en uno, Estancia Vik y Playa Vik, ambos ubicados a pocos minutos de distancia en coche, en José Ignacio. El mayor de ellos es Estancia Vik, inaugurado en 2008 por el noruego Alexander Vik, descendiente de un embajador uruguayo en Oslo, y su mujer estadounidense Carrie. A través del hotel, el empresario escandinavo pretende “comunicar el Uruguay al resto del mundo” como una suerte de tributo a sus ancestros, explica el gerente de la estancia, Agustín Leone.

Sus clientes, el 90 por ciento de los cuales son europeos o estadounidenses, pagan entre 1.000 y 1.200 dólares la noche por alojarse en un recinto diseñado al estilo de las viejas estancias rioplatenses y decorado con obras de los más importantes artistas uruguayos contemporáneos, como Pablo Achugarri, Marcelo Legrand, Marcelo Daglio, Águeda Dicancro, Ricardo Pascale o Alejandro Turell.

Así, al despertarse, el huésped puede gozar de un hermoso cuadro que solamente encontraría en una galería de arte en plena ciudad y, con solo girar la cabeza, ver un hermoso caballo pacer a través del cristal de la puerta de la terraza de la suite. “Los Vik siempre destacan que en el este uruguayo es posible encontrar el océano y el campo en tan solo 15 minutos, pasar de Saint Tropez (Francia) a Wyoming (Estados Unidos)”, agrega Leone.

Otro atractivo son los paseos en bicicleta de montaña y las cabalgatas por las 1.500 hectáreas de la estancia, bañada por las aguas de la Laguna José Ignacio, donde es posible navegar en canoa y kayak, así como los glamorosos partidos de polo que de vez en cuando se organizan.

Además, si los clientes de Estancia Vik quieren mar, pueden acercarse al otro hotel de la empresa, Playa Vik, a pocos minutos de allí, para disfrutar de sus piscinas de fondo infinito y sus atardeceres interminables. Como no, rodeados también de las más valiosas obras de arte uruguayo.

Setai y Rocha, el futuro

En medio de tanto lujo y abundancia, es inevitable preguntarse por la crisis. Según Irala, no solo no se ha sentido en la zona, sino que incluso ha beneficiado al sector, pues los inversores europeos buscan “activos sólidos en los que refugiarse” y la costa este uruguaya “no tiene una ganancia explosiva, pero es una inversión segura”.

“Uruguay es un país seguro, tiene una democracia muy bien establecida e instituciones sólidas”, agrega Fowler. Ante semejante escenario es lógico que los proyectos se multipliquen como panes.

Uno de ellos es el Setai, considerado el producto estrella de Terramar Christie's, porque se está construyendo en primera línea de mar en José Ignacio. Se trata de un lujoso hotel que podría estar listo en 2013, complementado -como en el caso del Fasano- con 40 lotes de 2.000 metros cuadrados que se van a vender por entre 3 y 5 millones de dólares.

Aunque el mayor desarrollo, según el experto, tendrá  lugar con “la incorporación en los próximos años de los 30 kilómetros de costa más próximos a José Ignacio en Rocha”, un departamento fronterizo con Brasil que hoy en día vive del turismo ecológico y de ciertos tintes hippies.