Las nuevas tendencias estéticas abandonan ahora las operaciones de cirugía y apuestan por un “Rejuvenecimiento facial en 3D”,  gracias a la aplicación de un ácido hialurónico de última generación,  que sirve tanto para rellenar los pómulos y tensar  las mejillas, como para suavizar  las líneas oscuras de expresión y eliminar el aspecto de cansancio de nuestra mirada.

En el último congreso “Anti-Aging Medicine Word Congreso”, celebrado el pasado mes de marzo en Mónaco, se sentaron las bases de las nuevas  líneas de rejuvenecimiento facial, tendentes a tratar el rostro en su globalidad, aportando volumen en pómulos, mejillas y eliminado las sombras, por encima de complicadas intervenciones de cirugía estética de antaño.

"DENTRO DE NUESTRA PIEL Y NUESTRO CUERPO, EL ÁCIDO HIALURÓNICO SE COMPORTA COMO UNA PEQUEÑA ESPONJA QUE DA ESTRUCTURA A LOS TEJIDOS Y FACILITA LAS FUNCIONES NORMALES DE LAS CÉLULAS”, EXPLICA LA EXPERTA”.

En este sentido, muchos especialistas alabaron las bondades de una  nueva generación de ácido hialurónico denominado "Voluma", que se puede aplicar en todo el rostro, con grandes ventajas frente a los tratamientos anteriores.

¿Qué es el ácido hialurónico?

“El ácido hialurónico es una molécula de azúcar natural del organismo, cuya función es retener a su alrededor moléculas de agua”, asegura la doctora Nuria Escoda, en una entrevista con Efe.

“Dentro de nuestra piel y nuestro cuerpo, el ácido hialurónico se comporta como una pequeña esponja que da estructura a los tejidos y facilita las funciones normales de las células”, nos explica la experta que tiene un centro de medicina estética en la ciudad española de Barcelona.

Aunque este nuevo producto se aplica en toda la cara, ofrece sus mejores resultados en la zona central del rostro, ya que es precisamente en los pómulos, las mejillas, los rictus, la comisura y el contorno de los labios donde se produce una mayor absorción de grasa, como síntoma del paso de los años.

Cada zona un trato especial

La doctora Escoda aplica un ácido hialurónico con una estructura específica en cada zona del rostro, ya que “no puede ser igual el producto que inyectamos dentro de la grasa del pómulo que el que introducimos en la mucosa bucal, puesto que su función óptima se conseguirá cuanto mayor sea su parecido con la estructura el tejido en la que lo implantemos”, asegura.

“Este nuevo tipo de ácido hialurónico permite tratar la zona de los pómulos de un modo indoloro, ya que el propio producto lleva incorporado una anestesia local y una cánula especial, en vez de una aguja, por lo que  podemos rellenar los pómulos, rictus, comisura y mejillas sin hematomas y sin dolor alguno para la paciente”, nos explica Nuria Escoda.

Al ser muy denso, este producto permanece en el lugar aplicado sin posibilidad de desplazamiento por el interior del rostro, se reabsorbe al cien por cien y tiene una gran duración con tan solo una aplicación.

Una revolución estética

El tratamiento de la totalidad del rostro con esta nueva molécula de ácido hialurónico ha revolucionado la medicina estética, a juicio de la doctora Escoda, ya que evita los riesgos de una operación de cirugía estética y da resultados altamente satisfactorios, por su gran naturalidad.

“AUNQUE ESTE NUEVO PRODUCTO SE APLICA EN TODO EL ROSTRO, OFRECE SUS MEJORES RESULTADOS EN LA ZONA CENTRAL, YA QUE ES PRECISAMENTE AHÍ DONDE SE NOTA MÁS EL PASO DEL TIEMPO”.

Las zonas en las que este producto logra también una gran efectividad son las líneas finas del borde externo de los ojos, las líneas nasogenianas y los volúmenes faciales perdidos en barbilla, mejillas y pómulos.

“Aunque cada día existen multitud de tratamientos estéticos de rejuvenecimiento facial, el usuario busca cada día más un producto que erradique la totalidad del problema y que respete la armonía de luces y sombras de la fisonomía especial de la cara”, reflexiona Nuria Escoda.

A pesar de que muchos saharauis viven en la actualidad en casas en el medio urbano, cada familia guarda su propia jaima que la utiliza en cuanto tiene ocasión para escapar del trajín urbano, adentrarse en el desierto y vivir la nostalgia y la aventura del nomadismo, disfrutando incluso de la austeridad.

El poeta Abadila Hasanna, que escribe en el dialecto saharaui hasaniya, cuenta que el hombre del desierto tiene un fuerte vínculo con la jaima, que simboliza la generosidad y que siempre ha significado un punto de referencia visual para nómadas que atraviesan las inmensidades del desierto.

La forma de una jaima es triangular y su longitud oscila entre 6 o 12 metros, dependiendo de si es una familia numerosa o no. Por dentro, está dividida en dos partes: una destinada a las mujeres y otra a los hombres, donde se suele recibir a los huéspedes.

La tradición de la jaima

Tradicionalmente eran las mujeres las que se encargaban de hacer la jaima, que cosían usando lienzos hechos con pelo de cabra y de camello.

En la actualidad, a pesar de que existen jaimas modernas que no pesan tanto, muchos saharauis siguen aferrados a las tradicionales, que transportan encima de un camello o en sus todoterrenos.

“LA PREPARACIÓN DEL TÉ PARA LOS SAHARAUIS SE BASA EN TRES COMPONENTES: LA PERSONA ENCARGADA DE PREPARARLO, QUE LO ELABORA CON CUIDADO Y SIN APRESURAMIENTO. EL SEGUNDO REQUISITO ES UN BUEN FUEGO SOBRE BRASAS Y EL TERCERO ES EL GRUPO HUMANO: SEGÚN EL POETA ABADILA HASANNA, LA CEREMONIA DEL TÉ NO TIENE SENTIDO SI NO AGRUPA ALREDEDOR DE ÉL UN CONJUNTO DE PERSONAS”.

La forma triangular de la jaima tiene la función de prevenir contra el viento árido del Sáhara, del mismo modo que su composición impide la entrada de las raras lluvias de invierno.

Las jaimas se ordenan en grupos compuestos de más de cuatro carpas llamadas "frig", porque no es común ver una sola jaima aislada en el Sáhara. Los nómadas establecen sus jaimas en un lugar donde haya pasto y que esté cercano a un punto de agua.

La unión del hombre saharaui con su medio natural se completa con la profunda relación que mantiene con el camello. Este animal no es únicamente un medio de transporte en las profundidades del desierto, o el que proporciona leche, carne y lana, es también un compañero de viaje que orienta al nómada incluso hacia el lugar del agua.

Antes, los saharauis usaban el camello para desplazarse o viajar por rutas impracticables. Ahora, los camellos han sido paulatinamente sustituidos por medios más cómodos y más rápidos, como los vehículos todoterreno.

El té, costumbre arraigada en la cultura saharaui

La preparación del té para los saharauis se basa en tres componentes: la persona encargada de prepararlo, que lo elabora con cuidado y sin apresuramiento. El segundo requisito es un buen fuego sobre brasas y el tercero es el grupo humano: según Hasanna, la ceremonia del té no tiene sentido si no agrupa alrededor de él un conjunto de personas.

“LA UNIÓN DEL HOMBRE SAHARAUI CON SU MEDIO NATURAL SE COMPLETA CON LA PROFUNDA RELACIÓN QUE MANTIENE CON EL CAMELLO. ESTE ANIMAL NO ES ÚNICAMENTE UN MEDIO DE TRANSPORTE EN LAS PROFUNDIDADES DEL DESIERTO, O EL QUE PROPORCIONA LECHE, CARNE Y LANA, ES TAMBIÉN UN COMPAÑERO DE VIAJE QUE ORIENTA AL NÓMADA INCLUSO HACIA EL LUGAR DEL AGUA”.

Para pasar el tiempo libre, los saharauis nómadas se divierten con varios juegos populares que ayudan a huir del estrés diario y permiten transmitir sus costumbres. Entre los más populares figuran las damas, "lazl labal" o carrera de camellos y el "sig", juego especialmente popular entre mujeres, y muy común durante el mes de Ramadán.

El "sig" consiste en coger una cantidad de arena y darle forma de semicírculo de unos 60 centímetros de superficie a modo de tablero. Luego se usan palillos de madera o caña con dos lados diferentes: uno coloreado y otro blanco. El juego consiste en lanzar los palillos sobre la arena. Los jugadores no pueden moverse hasta que consigan que los palillos caigan todos sobre la arena con el mismo lado, bien blanco o coloreado.

Para reavivar y salvaguardar la cultura del nomadismo saharaui, Marruecos organiza cada año el musem o festival de Tan Tan, ciudad marroquí pegada al desierto y que antaño fue un lugar de intercambio comercial entre diferentes tribus de la región. El festival es conocido como "amuguer", palabra que marca el comienzo del ciclo agropastoral.

El festival tiene como objetivo poner de relieve la diversidad y riqueza patrimonial de la cultura saharaui, aunque Marruecos aprovecha la cita para añadir un mensaje político al proclamar su soberanía sobre todo el territorio saharaui, incluida la parte del Sáhara Occidental contestada internacionalmente.

“TRADICIONALMENTE ERAN LAS MUJERES LAS QUE SE ENCARGABAN DE HACER LA JAIMA, QUE COSÍAN USANDO LIENZOS HECHOS CON PELO DE CABRA Y DE CAMELLO. EN LA ACTUALIDAD, A PESAR DE QUE EXISTEN JAIMAS MODERNAS QUE NO PESAN TANTO, MUCHOS SAHARAUIS SIGUEN AFERRADOS A LAS TRADICIONALES, QUE TRANSPORTAN ENCIMA DE UN CAMELLO O EN SUS TODOTERRENOS”.

Alrededor de la llamada Plaza de la Paz y la Tolerancia, los organizadores levantan "jaimas temáticas" para representar una muestra de las costumbres y estilo de vida de los saharauis, mientras que el centro de la plaza esta reservado a un desfile y concursos de calidad de camellos, junto a otros juegos hípicos.

Este año unas treinta tribus procedentes de la ciudad y de zonas contiguas participaron en esta celebración de la cultura saharaui simbolizada en una representación del matrimonio, rito en el que se dan la mano todos los símbolos gastronómicos, musicales y vestimentarios de los saharauis.

Mujeres vestidas con sus "melfas" (túnicas vaporosas) y hombres con sus "derraas" (capas azules) compartieron leche de camella, dátiles y asida, la masa de sémola de cebada aliñada con mantequilla rancia.

Es un misterio entender cómo los hombres saharauis conservan una constitución tan fibrosa pese a alimentarse con tanta grasa y azúcar.

El musem de Tan Tan fue proclamado en 2005 por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Más allá del neón y colorido de Tokio, de los templos de Kioto o las playas de arena blanca de Okinawa, Japón ofrece otro paisaje por descubrir: el de Shimane y Tottori, las dos provincias menos pobladas del país donde perviven algunas de las costumbres ancestrales del archipiélago.

En el suroeste del Japón, rodeadas de mar, grandes lagos y montañas, se encuentran Shimane y Tottori, dos provincias donde descubrir el lado más tradicional de Japón y practicar el ecoturismo.

Alejada de las multitudes y del ritmo frenético de las grandes ciudades, esta tierra esconde, entre valles de cultivos, casas tradicionales, delicada gastronomía y frondosas montañas, algunos de los secretos mejor guardados de Japón.

“EL RECORRIDO A LO LARGO DE LA COSTA DE TOTTORI CONFLUYE CON UN MAR DE DUNAS, EL MÁS GRANDE DE JAPÓN, SITUADO A LO LARGO DE 16 KILÓMETROS DE LITORAL EN UN PAISAJE ÚNICO EN EL QUE SE PUEDE, DESDE PASEAR A LOMOS DE UN CAMELLO, HASTA PRACTICAR PARAPENTE O “SURF”.

Aquí el tiempo parece haberse detenido con respecto al resto de ciudades del país. En el paisaje, los interminables campos de arroz se funden con la perfección milimétrica de jardines privados en las típicas casas niponas, de tejas negras y rojas.

En el ambiente se respira un aire puro que marida, sin complejos, con la pulcritud y sincronía de los colores del campo y el protagonismo del agua, muy presente en ríos, lagos, el cercano mar y en las propiedades saludables de sus numerosos "onsen" (aguas termales).

El viajero que acuda a Shimane y Tottori puede hacer un recorrido por sus bodegas de vino, bendecidas por la suavidad del clima y efectuar también una escapada a sus parques naturales o a las islas volcánicas Oki, a una distancia entre 40 y 80 kilómetros de la costa.

En Shimane se encuentra además uno de los templos más venerados y visitados del país, el Izumo Taisha. Este complejo religioso se levanta en la ciudad de Izumo, a 650 kilómetros de Tokio y escenario de varios pasajes del libro de crónicas más antiguo de Japón, el Kojiki o "Libro de las Escrituras Antiguas ", que en 2012 cumple su 1.300 aniversario.

En sus páginas, llenas de mitos y leyendas, se narra desde la creación del mundo a manos de los dioses hasta el periodo de la emperatriz Suiko (593-628), la primera mujer que ascendió al Trono del Crisantemo.

“EN 2012 IZUMO CELEBRARÁ POR TODO LO ALTO EL 1.300 ANIVERSARIO DEL KOJIKI CON UN GRAN EVENTO, LA EXPOSICIÓN DE MITOS DE JAPÓN, QUE DE JULIO A NOVIEMBRE PERMITIRÁ CONOCER LA MITOLOGÍA NIPONA Y DISFRUTAR DE MÚSICA Y DANZAS ANCESTRALES DEL SINTOÍSMO, LA RELIGIÓN DE ORIGEN NIPÓN BASADA EN EL RESPETO POR LA NATURALEZA”.

El complejo de Izumo Taisha, que atrae a unos 2,5 millones de visitantes al año, cuenta con un templo principal, el Izumo Oyashiro, de 24 metros de altura y que se encuentra en pleno proceso de restauración a manos de artesanos.

Este templo se rehabilita completamente una vez cada 60 años en trabajos que se prolongan durante cinco años. En esta ocasión se espera que las labores concluyan para 2013, en un "lavado de cara".

La zona sagrada la completa un gran museo donde se pueden contemplar los restos de algunos de los gigantescos pilares de madera que sustentaban el templo y que, según las crónicas, lo alzaban hasta 48 metros sobre el suelo, lo que en su época lo convertía en el edificio más alto de Japón.

Restos arqueológicos

Aquí se pueden ver también importantes restos arqueológicos, como 358 espadas del periodo Kofun (años 250-600 d.C.) y decenas de campanas de bronce del periodo Yayoi (500 a.C.-250 d.C.), enterradas hace siglos con la intención de que nunca fueran descubiertas.

En 2012 Izumo celebrará por todo lo alto el 1.300 aniversario del Kojiki con un gran evento, la Exposición de Mitos de Japón, que de julio a noviembre permitirá conocer la mitología nipona y disfrutar de música y danzas ancestrales del sintoísmo, la religión de origen nipón basada en el respeto por la naturaleza.

“EN SHIMANE SE ENCUENTRA UNO DE LOS TEMPLOS MÁS VENERADOS Y VISITADOS DEL PAÍS, EL IZUMO TAISHA, A 650 KILÓMETROS DE TOKIO Y ESCENARIO DE VARIOS PASAJES DEL LIBRO DE CRÓNICAS MÁS ANTIGUO DE JAPÓN, EL KOJIKI O "LIBRO DE LAS ESCRITURAS ANTIGUAS ", QUE EN 2012 CUMPLE SU 1.300 ANIVERSARIO”.

A ese tipo de artes escénicas pertenece el "Kagura", a medio camino entre el teatro y la danza folclórica, que ahonda en las leyendas populares a través de suntuosos disfraces y caretas.

Una de esas historias es la de la batalla en Izumo entre un dragón de ocho cabezas, el "Yamatano orochi", y el guerrero Susanoo, dios del mar y la tormenta. En la zona, esta danza se ha convertido en una tradición que pasa de padres a hijos y que los niños representan en sus aldeas.

A pocos minutos en coche, atravesando el enorme lago Shinji, se encuentra la provincia de Tottori. Por la costa, el primer enclave que encuentra el viajero es la península de Sakaiminato, atrapada entre el lago Nakaumi y el mar de Japón.

Ésta es una excelente localización en la que disfrutar de playas, alojamientos tradicionales con "onsen" y vistas a la bahía de Miho. Mención aparte merece su gastronomía local, sustentada en mariscos y pescados frescos y recetas con arroces o soba (tallarines). Todos ellos aprovechan la gran calidad del agua de la provincia, famosa por su pureza y que, aseguran, mejora el sabor de los alimentos.

Distribuida a otras regiones desde hace más de 500 años, el agua de Tottori es una de las grandes riquezas naturales de la provincia. Filtrada por el mayor hayedo del occidente de Japón, a las faldas de la montaña sagrada Daisen, no ha pasado desapercibida para las grandes distribuidoras como la norteamericana Coca-Cola o la nipona Suntory, que han instalado allí sus fábricas de embotellado.

El Daisen, además, es uno de los mejores emplazamientos para disfrutar de actividades de ecoturismo. Las opciones van desde senderismo a ornitología, hípica, bicicleta de montaña, deportes acuáticos o esquí, ya que el lugar la mayor estación del oeste de Japón.

El ascenso al Daisen, declarado parque nacional en 1936, atrae cada año a unos 100.000 amantes de la montaña. La ruta sagrada parte de una altitud de 900 metros y exige un fácil "trekking" de unas 3 horas hasta la cima, con paradas en templos y espectaculares miradores que surgen de la frondosa vegetación.

El recorrido a lo largo de la costa de Tottori confluye con un mar de dunas, el más grande de Japón, situado a lo largo de 16 kilómetros de litoral en un paisaje único en el que se puede pasear a lomos de un camello y practicar, desde parapente a “surf”, en las dunas de arena.

El resto de atractivos de estas dos remotas provincias lo aportan sus habitantes: cercanos, hospitalarios y orgullosos de formar parte de uno de los rincones más mágicos del país.

• Infinitas combinaciones posibles: 30 colores exteriores, 22 tipos de pieles, 6 pinzas de freno diferentes, 3 tipos de llantas, etc • No habrá 2 Lexus LFA iguales en todo el continente Europeo. • El kit de compra contiene muestras de los posibles interiores y reproducciones a escala exactas de las llantas y de las pinzas de freno Este kit de compra es una herramienta exclusiva que ayuda a orientar al cliente en su proceso de conocimiento del producto y forma parte de las herramientas Lexus Customer Experience donde el cliente es el verdadero protagonista, pues se le invita a diseñar su propio LFA Este Kit incorpora muestras de los 30 colores posibles de carrocería, seis tonalidades distintas para las pinza de freno y tres tipos de llantas. De los 30 colores, 20 son especiales y exclusivos y sólo se pondrán en producción si el cliente lo solicita, ejemplos de éstos colores especiales son el: Sunset Orange o Lime Green. El kit también contiene una sección interior que dispone de un muestrario de las pieles disponibles, hasta 12 tipos de cueros diferentes y 10 opciones de Alcantara, con posibilidad de que las costuras de los asientos sean en cualquier tipo de color. En total, hay ocho posibles áreas de personalización para el interior del LFA incluyendo los asientos tanto en su parte posterior como la cara del asiento, respaldo, costuras de cuero, inserciones en el volante, alfombrillas, reposacabezas, tablero de instrumentos y paneles de las puertas.

El sendero Senjo-ga-hara atraviesa una meseta que fue escenario de una feroz batalla entre dioses de la mitología japonesa. Es una de las joyas del Parque Nacional Nikko, a 130 kilómetros de Tokio. Tras el terremoto y tsunami del pasado 11 de marzo comienza a recuperar un turismo atraído por la incomparable belleza del lugar.

El camino de Senjo-go-hara atraviesa una meseta que fue el escenario de una feroz batalla entre dioses de la mitología japonesa. En su recorrido, el viajero puede contemplar hermosos paisajes, cascadas y bosques habitados por osos y por una gran variedad de pájaros, pues este área fue incluida en 2005 en la lista de la "Convención sobre los Humedales de Importancia Internacional" o "Convención Ramsar", que protege los hábitat de las aves migratorias.

“Este área fue incluida en 2005 en la lista de la "Convención sobre los Humedales de Importancia Internacional" o "Convención Ramsar", que protege los hábitat de las aves migratorias”.

El desastre natural de marzo y la crisis nuclear posterior hicieron mella temporalmente en el turismo de este parque nacional, pero la mejora de la situación y los esfuerzos de las autoridades para promocionarlo han permitido que, poco a poco, sus legendarios caminos vuelvan a estar concurridos.

A ello han contribuido las campañas del gobierno provincial, entre ellas la de invitar a representantes diplomáticos de una veintena de países para que transmitan el mensaje de que la zona es tan bella como segura.

Aguas termales

El sendero Senjo-ga-hara comienza cerca del lago Yunoko (lago de agua caliente) pero, si se hace un pequeño desvío a pie de 20 minutos hacia el norte, el visitante podrá disfrutar de las aguas termales de Yumoto, un hervidero de líquido volcánico, cargado de compuestos de azufre y otras sustancias, que alcanza los 80 grados de temperatura.

Esas aguas abastecen a los famosos "onsen" o tradicionales baños termales que proliferan en el Parque Nacional Nikko y en todo Japón.

Al norte de Yumoto se puede ver la fuente principal de esas aguas volcánicas, que hierven al aire libre en medio de casetas tradicionales japonesas de madera, muy cerca del pequeño templo Onsen-ji, dedicado al Buda medicinal.

Según la historia nipona, el sacerdote Shodo, fundador de Nikko, descubrió en el año 788 de nuestra era las aguas termales de Yumoto. En este pueblo proliferan los "ryokan" u hoteles tradicionales japoneses, que tienen sus propios "onsen".

Hasta Yumoto se llega con un autobús que se coge en la ciudad de Nikko, la cual atraviesa una ruta zigzagueante con 48 curvas como el alfabeto hiragana japonés llamada "Irohazaka" y en donde a veces algunos simios dan la bienvenida al visitante.

“En su recorrido, el viajero puede contemplar hermosos paisajes, cascadas y bosques habitados por osos y por una gran variedad de pájaros”.

Senjo-ga-hara es un trayecto fácil que dura unas dos horas  siguiendo a pie el curso del río Yukawa. Su recorrido, a unos 1.400 metros sobre el nivel del mar, transcurre principalmente por zonas planas o en descenso y, aunque si llueve su superficie puede llegar a ser resbaladiza, no requiere equipo o calzado especial.

Aunque las señales están escritas casi todas en japonés, el turista extranjero no tiene problema en seguir un sendero bien marcado por mojones, pasamanos, corredores y escaleras de madera, todos ellos integrados en la naturaleza, como suele ser habitual en Japón.

Osos y cascadas

A lo largo del Senjo-ga-hara se levantan, en medio de una tierra arcillosa y a lo largo y ancho del río Yunoko, cedros y abedules, algunos tan antiguos que el paso del tiempo ya los ha arrancado del suelo.

En los alrededores habitan osos salvajes por lo que las guías recomiendan utilizar cinturones "espanta osos" con un sonido especial que los ahuyenta, especialmente a primera y última hora del día.

La primera parada obligada es la cascada de Yutaki, que golpea  contra las piedras de lava del monte Nantai como si fuera una larga cabellera blanca, cuyo color contrasta con las hojas de los árboles del alrededor.

“El Parque Nacional Nikko tiene decenas de senderos con mayor o menor grado de dificultad y duración, además de numerosas rutas por templos que dan cuenta de la armonía de la arquitectura nipona con la naturaleza y el compromiso del país por proteger sus zonas naturales”.

Las cascadas de Yutaki y Ryuzu, que forman parte de este trayecto, son junto con la de Keegon las tres más famosas del Parque Nacional Nikko. Desde un mirador, la gente puede tomar fotografías, sentarse a comer udon o ramen (dos tipos de pastas muy populares en Japón) o proseguir por el sendero hacia un bosque más abierto, hogar de decenas de pájaros.

Allí habitan los Papamoscas de Narciso o "Kibitaki", los Emberiza cioides o "Hoojiro" y su pariente Emberiza fucata o "Hoakas", entre otras decenas de especies. Los ornitólogos y los amantes de las aves buscan catalejos y silencio para sorprenderlos en sus rutinas, especialmente en la primavera boreal.

Cuenta la leyenda que los dioses de las montañas Akagi y Nantai, ante la imposibilidad de resolver sus problemas territoriales por la vía diplomática, se enfrentaron con sus ejércitos en diversos combates.

El escenario de su último encuentro bélico fue precisamente la meseta de Senjo-ga-hara, donde el dios de Akagi se transformó en un ciempiés y el de Nantai en una serpiente. En medio de la sangrienta lucha, Sarumara, nieto de Nantai, lanzó un flechazo certero al ojo izquierdo de Akagi, lo que obligó a la retirada definitiva de sus tropas.

Se cree que esa meseta era hace unos 20.000 años un inmenso lago que, tras ser inundado por la lava del Nantai, se convirtió en el actual paraje desolador y abierto, en el que se impone ese monte de 2.486 metros de altura.

El sendero termina en las cascadas de Ryuzu o "Cabeza de dragón", de unos 200 metros de longitud y que, en su caída, van a parar al inmenso lago azul cobalto Chuzenji, el mismo territorio disputado por los dioses del Nantai y Akagi.

El Parque Nacional Nikko también tiene decenas de senderos con mayor o menor grado de dificultad y duración, además de numerosas rutas por templos que dan cuenta de la armonía de la arquitectura nipona con la naturaleza y el compromiso del país por proteger sus zonas naturales.

Japón, con su treintena de parques y medio centenar de reservas naturales, tiene alrededor de un diez por ciento de su territorio terrestre protegido.

Nos guste o no el vino, el enoturismo se ha consolidado como una modalidad de ocio que conjuga alta gastronomía, paisajes idílicos y arquitectura vanguardista. Los mejores caldos envejecen en auténticas catedrales diseñadas por Frank Gehry, Santiago Calatrava o Norman Foster.

La cultura del vino, con siglos a sus espaldas, no deja de reinventarse. El enoturismo es un concepto de viaje, cada vez con más adeptos, que conjuga vino, con alta gastronomía y pasajes idílicos, ecuación en la que no pueden faltar las grandes bodegas, que han apostado por la modernidad y el respeto al entorno poniéndose en manos de los mejores arquitectos.

Santiago Calatrava, Frank Gehry, Norman Foster, Herzog & Meuron o Zaha Hadid son algunos de los arquitectos que han puesto su arte al servicio del vino con resultados tan rompedores como bellos, pero sin restar solera ni tradición.

Entre los viñedos de la Rioja, tradicional tierra de vinos en el norte de España, despuntan los grandes nombres de la arquitectura internacional, una ruta enológica que se convierte en un paseo para los sentidos.

De la mano de Frank O. Gehry se llega a la "Ciudad del Vino", de las bodegas Marqués de Riscal, donde hotel, restaurante y spa de vinoterapia se reparten bajo las caprichosas formas del tejado que son la marca del creador del Museo Guggenheim de Bilbao.

Con su espectacular edificio, Marqués de Riscal ha logrado reforzar e internacionalizar su imagen, y transmitir los valores de "tradición y vanguardia" que caracterizan a la bodega, explican desde el grupo.

Recubierto de titanio, el edificio se viste de rosa, como el vino tinto; oro, como la malla de las botellas de Riscal, y plata, como la cápsula de la botella, gracias a la creatividad de Gehry, quien sabe transmitir "innovación y vanguardia", lo que, unido a una tradición de 150 años de historia, "hace que sea un tándem muy afín" a los valores de la marca.

“Los resultados tan rompedores como bellos, pero sin restar solera ni tradición y a todas las bodegas les une su respeto por los entornos naturales en los que se ubican”.

Con el paisaje de la sierra de Cantabria (norte de España) como telón de fondo, el perfil sinuoso de las Bodegas Ysios, surgidas de la mano de Santiago Calatrava, refleja "la sublimación de una hilera de barricas" gracias a una composición vanguardista y "perfectamente acoplada con el paisaje", explica su página web.

El arquitecto creó un espacio "singular y vanguardista" concebido como "lugar de culto y elaboración de vinos de máxima calidad". Una bodega cuya elemento clave es la cubierta, revestida de aluminio natural, que contrasta con la calidez de la fachada, formada por láminas de madera cuperizada, es decir tratada con un protector orgánico.

El corazón de la ribera del Duero, que da nombre a la otra gran denominación de origen de los vinos españoles, sirve de marco al proyecto de Norman Foster para Bodegas Portia, un diseño en forma de estrella en hormigón, madera, acero y vidrio que surge de la tierra como "el cobijo, el hábitat y la antesala de los vinos que en ella se elaboran", relata su página web.

Las Bodegas López de Heredia Viña Tondonia, en La Rioja Alta, han incorporado a sus edificios tradicionales una boutique firmada por la arquitecta iraquí afincada en Londres Zaha Hadid, que alberga una pequeña joya, el stand modernista con que la firma participó en la Exposición Internacional de Bruselas en 1910.

Hadid, según la bodega, puso de manifiesto su sensibilidad "a la hora de integrar tradición y modernidad, vino y estética, naturaleza y arquitectura" y concibió una estructura que sirviera de cubierta para el stand modernista de 1910 y pudiera servir como base para una estructura fija que se colocaría definitivamente en las bodegas.

“Santiago Calatrava, Frank Gehry, Norman Foster, Herzog & Meuron o Zaha Hadid son algunos de los arquitectos que han puesto su arte al servicio del vino”.

Pero este viaje por la arquitectura del vino también lleva hasta América, para recalar en localidad argentina de La Consulta, a los pies de la cordillera de los Andes, donde la familia Ortega Gil-Fournier ha creado una bodega boutique para la que ha buscado "un diseño emblemático que representara la vitivinicultura del Nuevo Mundo" y ya se dispone a crear una nueva en Chile.

Una bodega, obra del estudio Bórmida y Yanzón de Mendoza, en la que se apostó "por un diseño rompedor que no deje al visitante inerte", que provoque una reacción "ya sea positiva o negativa" pues, según fuentes de la empresa, siempre tuvieron clara "la importancia de la arquitectura como legado para generaciones futuras de sus edificaciones".

Arquitectura y entorno

Además de los trabajos de grandes arquitectos todas estas bodegas tienen en común que ofrecen visitas y otros atractivos para el turista como hotel o restaurante, pero sobre todo les une su respeto por los entornos naturales en los que se ubican.

Así, en el caso del grupo Fournier, erigir una bodega a sólo 12 kilómetros de los Andes "hacía fundamental un pensamiento de mimetización con la inmensidad de la belleza de Cordillera", por lo que se decidió "utilizar paredes de cemento y un tejado de color oscuro para minimizar la contaminación arquitectónica del entorno".

La creación de Norman Foster para Portia con su forma de estrella ha establecido "un diálogo entre el mundo interior del edificio y el paisaje exterior", señala la bodega en su web. Mientras, Gehry analizó "durante mucho tiempo" cómo sería su edificio para Marqués de Riscal, "cómo contrastaría con el entorno" para lograr "un impacto visual muy interesante", según la firma.

También la obra de Calatrava para Ysios está "perfectamente integrada en el entorno" y su construcción es hoy en día "un símbolo paisajístico en el entorno".

Este viaje enoturístico podría pasar por otros muchos lugares como la bodega Dominus en el estadounidense valle de Napa, creada por los suizos Herzog & de Meuron o la "Aldea del vino" de la española CVNE, que hace años recuperó para el público la nave sin columnas construida por el ingeniero Gustave Eiffel a finales del lejano siglo XIX.