Las Vegas, conocida por sus casinos, bodas espontáneas y luces que brillan las 24 horas. Un oasis de excesos terrenales en el desierto que tiene más que ofrecer que su famosa y reluciente cara. casino1 Lo que no se puede negar, es que Las Vegas es sinónimo de entretenimiento. Pero va más allá de máquinas tragaperras, espectáculos de famosos y combates de boxeo: sea cual sea tu interés, esta ciudad puede saciar tu curiosidad con creces. El Hotel y Casino Bellagio, donde se encuentran las fuentes más famosas de la ciudad como seguramente habrás visto en películas y series de televisión, tiene más que lo se puede apreciar a simple vista. En su galería de arte se exhiben obras de artistas como Picasso y Warhol. Si te apetece ver manifestaciones de arte más contemporáneas, también podrás refugiarte en la “Arts Factory”, un espacio donde artistas, arquitectos, fotógrafos y diseñadores gráficos exhiben sus obras. Las exposiciones temporales de renombre mundial también pasan por Las Vegas, como por ejemplo “Titanic” o “Bodies”, actualmente en el Hotel Luxor. casino2 En la quinta planta del Hotel Imperial Palace podrás encontrar la colección de coches clásicos más grande del mundo, con 250 coches expuestos y disponibles para la compra, con precios que van desde los 20.000 hasta los 3 millones de dólares. En el original “Beauty Bar” también podrás relajarte y desconectar de los sonidos típicos de los casinos, especialmente si viajas con amigas, o quieres complacer (o convencer) a tu pareja de cambiar de ambiente. En este espacio de estética retro con temática de salón de belleza,podrás disfrutar de su animado ambiente y sus propuestas diarias. Si te apetece desconectar aún más, un espacio ideal en la ciudad es el precioso jardín botánico del Hotel Bellagio, abierto las 24 horas. Pero saliendo de la ciudad y a pocos kilómetros, te esperan paisajes y experiencias únicas, como el famoso Parque Nacional del Gran Cañón y su río Colorado, con sus impresionantes vistas y tierras rojizas, o el Valle de la Muerte. Aún más cerca de la ciudad se encuentra el área de conservación del Cañón Red Rock, donde también podrás visitar la réplica de un pueblo fantasma. El Valle del Fuego, que ha sido escenario de varias películas como por ejemplo “Star Trek: la próxima generación”, es tu sitio ideal si buscas tranquilidad, ya que es el sitio más alejado de la civilización dentro del estado de Nevada. En él se encuentran petroglifos ancestrales fácilmente accesibles en un interesante marco de formaciones rocosas, arena y vida salvaje. Pero fuera del circuito típico de parques nacionales, tienes muchos más para visitar como el Great Basin, donde te sentirás en una auténtica película del Oeste, especialmente en las orillas de su lago Stella. La “Hidden Cave” es uno de los sitios arqueológicos recientes más importantes de la actualidad, la “Sand Mountain” ofrece un trocito del Sahara con sus grandes dunas, y el cristalino lago Tahoe es un lugar excepcional para sentir el espíritu americano de unas vacaciones familiares o ir en pareja, ya que se pueden realizar distintas actividades como la pesca, senderismo, paseos en caballo o incluso esquí. Son infinitas las posibilidades de entretenimiento para los niños en las que también disfrutarás, como el centro de juegos recreativos Gameworks de Steven Spielberg, con lo más avanzado en juegos. Podrás encontrar animales exóticos y seis especies prácticamente extintas en el Jardín Secreto de Siegfried y Roy en el Hotel Mirage, donde es también hogar de los delfines; o tiburones, medusas y otras criaturas marinas en el famoso hotel Mandalay Bay. En la ciudad encontrarás muchísimas opciones de atracciones como la X-Scream, una de las montañas rusas más altas del mundo, en el hotel Stratosphere. Descubre nuestros viajes en Kuoni    

No es necesario estar invitado a la boda del príncipe Alberto II con la sudafricana Charlene Wittstock para visitar Mónaco: un Principado de dos kilómetros cuadrados, enclavado en la Costa Azul, famoso por su casino y por la mediática familia Grimaldi.

Cerca de siete millones de turistas acuden cada año a esta pequeña ciudad Estado, destacado lugar de residencia de deportistas de alto nivel y de hombres de negocios, piezas de un puzzle de casi 120 nacionalidades en apenas 35.600 habitantes.

De ellos, unos 7.600 figuran entre los más privilegiados: los que gozan de la nacionalidad monegasca, transmitida de padres a hijos, y que además del derecho a voto concede beneficios como el acceso preferencial al empleo o ayudas al alojamiento cercanas al 70 por ciento.

Incluso en el más pequeño de los comercios los dependientes son capaces de atender al recién llegado en inglés, francés o italiano, y con esta boda se pretende consumar no solo la unión de una pareja, sino mostrar al mundo esa cara amable de un lugar copado durante años por el estereotipo de ser una de las capitales del juego y la evasión fiscal.

El Casino, un must

El turista que llegue a Mónaco, y que con toda probabilidad gozará del buen tiempo que ofrecen sus casi 300 días de sol al año, no puede obviar, cierto, la vista al Casino y Ópera de Monte-Carlo, construido en 1863.

Por diez euros (unos 13 dólares) y en los 40 minutos de visita, ciudadanos con costumbres y posibilidades más mundanas pueden pasearse por sus salones decorados con espectaculares vidrieras, esculturas y pinturas alegóricas, principal escenario de una actividad que sin embargo no representa en la actualidad más que un 4 por ciento de la cifra estatal de negocios.

Y llamados por el glamur de la familia Grimaldi y por las fotografías de los tradicionales saludos desde los balcones del Palacio en las fiestas nacionales, otra clásica parada debe realizarse en el mismo, erigido sobre el emplazamiento de una antigua fortaleza levantada por los genoveses en 1215.

Frescos del siglo XVI, una chimenea del Renacimiento en la Sala de Trono, el patio de Honor y sus escaleras del siglo XVII de mármol de Carrare adentran al visitante en el interior de la familia soberana, lanzada a su pesar a las portadas de la prensa por sus matrimonios fracasados, muertes trágicas y escándalos internos.

La repercusión de este nuevo enlace sobre el Principado, tanto en notoriedad como desde un punto de vista económico, todavía no puede ser cuantificada, pero sí ha resultado palpable en el número de gente que ha acudido a algunas de las competiciones internacionales más destacadas que tienen lugar en el mismo.

“Tiene casi trescientos días de sol al año y acuden a visitar el Principado cada temporada unos siete millones de turistas”.

El Gran Premio de Fórmula 1 y el torneo de Tenis de Monte Carlo han registrado desde el anuncio del compromiso, en junio de 2010, ventas "históricas" de entradas, y la cantidad de gente que asiste por ejemplo a ver el cambio de guardia se ha duplicado a simple vista, según indica la Oficina nacional de Turismo.

Invitados o no, de los tres días de fiesta popular organizada con motivo del enlace podrá ser partícipe de hecho todo el mundo por la cobertura garantizada por los cerca de 1.500 periodistas acreditados.

Una oportunidad publicitaria que se quiere aprovechar para mostrar, según el Principado, la "verdadera cara" de ese lugar, y su capacidad para ofrecer "la mejor prestación posible a una clientela mundial".

Reinventarse una vez más

Lo cierto es que desde que Alberto II asumió en marzo de 2004 la regencia del Principado y que desde tras la muerte de su padre, el 6 de abril de 2005, se convirtió en príncipe reinante, Mónaco ha tomado la velocidad de crucero en su intención por reinventarse.

De la fiebre constructora a partir de los años cincuenta bajo el mandato del príncipe Rainero, se ha apostado por convertirse en el reino de la innovación bancaria, tecnológica y cultural, con el medio ambiente en lo alto de sus prioridades.

Consciente de sus limitaciones geográficas, sus planificadores han conseguido ganar al mar el 20 por ciento de su territorio, ambición expansiva que no ha cesado en la actualidad, pero que se lleva a cabo con un mayor respeto medioambiental y, también, mayor vigilancia de los grupos ecologistas.

Ese muestra de poder en un oasis de calma, paraíso de los bon vivant, encuentra un nuevo ejemplo en el "Hôtel de Paris", a cuyo salón de belleza acudían a peinarse en la época dorada estrellas como Ava Gardner o Liz Taylor, y hasta la propia Grace Kelly.

Y los nostálgicos de estampas clásicas en el mundo del corazón pueden dirigirse hasta la catedral, edificio de estilo romano-bizantino construido en piedras blancas en 1875, en el que se celebró en 1956 la boda del Rainiero con la desde entonces princesa Gracia.

Alberto II y la sudafricana Charlene Wittstock celebrarán el próximo 2 de julio la ceremonia religiosa en la plaza del Palacio, pero al igual que entonces, la novia acudirá a depositar su ramo a la capilla de Santa Devota, construida en el siglo XI y dedicada a la patrona del Principado y a la familia principesca.

Quien acuda movido por los decorados retransmitidos en un acontecimiento menos mediático que enlaces como el del príncipe Guillermo de Inglaterra y Catalina Middleton, pero de igual alcance planetario, se cruzará con participantes en alguno de los casi 500 salones, congresos y conferencias organizados al año, que hace que la ciudad se autoproclame regularmente "capital" de alguna cosa.

Y si opta por cerrar su recorrido con otros de los puntos turísticos más reclamados, acabará en el Museo Oceanográfico, inaugurado en 1910 por su fundador, Alberto I, o en el "Fort Antoine", fortaleza construida a principios del siglo XVIII, y usada en la actualidad a modo de teatro al aire libre.

No faltan posibilidades en apenas dos kilómetros cuadrados de territorio a los pies de los Alpes y frente al Mediterráneo, estampa perfecta en la que yates de todo tamaño recuerdan el poderío económico de quien la ha elegido como lugar de residencia o veraneo.