La región caribeña de Honduras es un conjunto de encantos naturales, entre los que figuran los Cayos Cochinos, un bello archipiélago que sólo se permite visitar un día para no dañar su frágil ecosistema.

"Su belleza es única, yo invitó a los turistas de cualquier parte del mundo a que visiten los Cayos Cochinos, lo malo es que no podemos quedarnos más tiempo aquí", comentó un joven turista italiano que solamente se identificó como Alejandro y dijo conocer más de 40 países del mundo, muchos de ellos latinoamericanos.

“LA "BOA ROSADA" Y EL RARO TIPO DE IGUANA CONOCIDA COMO "JAMO NEGRO" SON ESPECIES ENDÉMICAS DE LOS CAYOS, DONDE VIVEN UNAS 226 ESPECIES DE PECES, 190 DE MOLUSCOS Y CRUSTÁCEOS; 160 DE PLANTAS, 69 DE AVES, 22 DE REPTILES, ONCE DE MAMÍFEROS Y DOS DE ANFIBIOS.”

En su visita a Cayos Cochinos, Alejandro se encontró con algunos italianos de un centenar que llevaban varios días en el paradisíaco sitio hondureño como parte de un programa de "supervivientes", que ya ha tenido como visitantes a jóvenes españoles y colombianos, promotores gratuitos del paradisíaco sitio.

El archipiélago está conformado por dos islotes grandes y trece pequeños cayos que, al ser divisados desde una pequeña lancha, pareciera que están en el centro del mar Caribe y que, más allá de sus aguas entre cristalinas, azul turquesa y azul intenso, no hay nada mejor que ver.

Para algunos asiduos visitantes, lo mejor es viajar a los cayos en lanchas de motor, cuando el mar es un espejo y su tranquilidad permite a veces la compañía de delfines juguetones, ver peces de distintos colores o tortugas carey gigantes que invitan a saltar al agua.

Pero si el viaje se hace con un poco de marea alta, las olas que se estrellan en las pequeñas embarcaciones bañan a los eufóricos viajeros provocando además diminutos arco iris que duran menos de un segundo en la retina.

En opinión de la secretaria hondureña de Turismo, Nelly Jerez, los Cayos Cochinos son una de las mayores bellezas naturales que tiene el país y de las mejor preservadas en el Caribe. El buceo bajo normas internacionales de certificación, la pesca controlada y la caminata por senderos establecidos son los únicos deportes que se permiten en el parque marino de los Cayos Cochinos, que se localizan a menos de una hora de la costa de tierra firme y de la también paradisíaca isla de Roatán, de la que forman parte.

Estación científica

En el archipiélago funciona la Estación Científica del Monumento Natural Marino Archipiélago de Cayos Cochinos, que se localiza en el Cayo Menor.

La estación fue construida en 1995 bajo las directrices del Smithsonian Tropical Research Institute (STRI) y financiada por la Sociedad de Inversiones Ecológicas (SIEC), apunta el director ejecutivo del centro, el biólogo Adrián Oviedo, quien lleva diez años trabajando en la zona.

“EN OPINIÓN DE LA SECRETARIA HONDUREÑA DE TURISMO, NELLY JEREZ, LOS CAYOS COCHINOS SON UNA DE LAS MAYORES BELLEZAS NATURALES QUE TIENE EL PAÍS Y DE LAS MEJOR PRESERVADAS EN EL CARIBE.”

Oviedo explica que la Estación Científica es parte de la Fundación Hondureña para la Protección y Conservación de Cayos Cochinos, conocida también como Fundación Cayos Cochinos, para la cual trabajan permanentemente unas 35 personas, entre biólogos, personal de conservación, administración de campo, ciencias navales, guarda de recursos y de apoyo.

El centro cuenta además con la participación de científicos de varios países del mundo, muchos de ellos atraídos porque los cayos forman parte de la segunda mayor barrera de arrecife de coral del planeta, que se localiza en Mesoamérica, después de la de Australia… Eso "despierta mucho interés para los investigadores de la Estación Científica de Cayo Menor, que es considerada la mejor del arrecife mesoamericano", indica Oviedo.

El biólogo explica que también hay convenios de colaboración con más de 25 universidades nacionales y extranjeras, y que anualmente se recibe un promedio de 400 estudiantes y científicos, en su mayoría de Europa.

La Estación Científica opera bajo las normas internacionales establecidas para tal propósito incluyendo las actividades de buceo.

Sin embargo, según Oviedo, existen limitaciones respecto al equipamiento de los laboratorios dado el alto coste del equipo y el rápido deterioro en los ambientes salinos."Los gastos operativos de una estación marina son muy altos, por lo que la parte financiera es una limitante muy grande para el desarrollo de las investigaciones", subraya Oviedo.

En la actualidad, la Estación Científica opera con pequeñas donaciones y fondos que se generan con las actividades del turismo científico.

Es necesario -recalca su director ejecutivo- un mejor equipamiento incluyendo estetoscopios, microscopios, ordenadores portátiles, termógrafos, motores marinos fuera borda de 200 caballos de fuerza y un radar para embarcaciones menores.

Área protegida

El área protegida de los Cayos Cochinos abarca 1.149 kilómetros cuadrados que incluye todo el archipiélago hasta llegar a la línea de marea en tierra firme, explica Oviedo.

El parque natural es área protegida desde 1993 y desde entonces su espacio se ha venido ampliando para extender la protección de sus diferentes especies de plantas y animales terrestres y marinos.

“ESTE ARCHIPIÉLAGO ESTÁ CONFORMADO POR DOS ISLOTES GRANDES Y TRECE PEQUEÑOS CAYOS QUE, AL SER DIVISADOS DESDE UNA PEQUEÑA LANCHA, PARECIERA QUE ESTÁN EN EL CENTRO DEL MAR CARIBE Y QUE, MÁS ALLÁ DE SUS AGUAS ENTRE CRISTALINAS, AZUL TURQUESA Y AZUL INTENSO, NO HAY NADA MEJOR QUE VER.”

El archipiélago lo conforman dos islas y trece cayos, de los cuales están habitados el Cayo Menor, donde funciona la estación científica, con 15 personas, y el Cayo Chachahuate, donde viven pescadores con una población que fluctúa entre las 80 y 200 personas.

Se suma la comunidad de East End, con 50 habitantes, mientras que en el resto de los cayos hay unas pocas casas con unas dos personas en cada una cuidando las propiedades.

Especies animales

Oviedo indica que hasta la fecha la estación científica ha registrado 226 especies de peces; 190 entre moluscos y crustáceos; 160 de plantas, 69 de aves, 22 de reptiles, dos de anfibios y once mamíferos.

De las especies animales terrestres, hay dos que son endémicas de los Cayos Cochinos, la "boa rosada", cuyo extraño color y docilidad la hacen atractiva como mascota, lo que ha puesto en alto riesgo su población, según el director del centro.

La otra especie endémica es el "jamo negro", un tipo de iguana o garrobo que por su valor nutritivo es muy cotizado en el mercado culinario local y que está en situación de alto riesgo.

Para poder ver estas y otras especies hay que internarse en los cayos, donde no hay infraestructura hotelera para evitar que los turistas puedan permanecer más de un día, como parte de la preservación del sitio turístico.

La tortuga carey, en peligro de extinción, también habita en los Cayos Cochinos y anida en algunas de sus playas.

El turismo

El punto más cercano entre los Cayos Cochinos y tierra firme es Nueva Armenia (18 kilómetros), aunque también hay otros sitios desde los que se puede viajar al archipiélago como Sambo Creek (26), La Ceiba (39) o Roatán (40).

La mayor altura del archipiélago, 153 metros sobre el nivel del mar, se registra en el Cayo Mayor. Sobre el origen del nombre de los Cayos Cochinos hay varias versiones, indica Oviedo, pero la más acertada se le atribuye al Hog Fish (pez cochino), que durante muchos años lo pescaban los pobladores de la zona con pistolas de arpón, algo que ahora está prohibido y que quizá ha ayudado a conservar la especie.

El turismo masivo no es una opción para el área protegida, por eso no se permite la llegada de embarcaciones grandes. "Lo que se busca es una visita de un día que permita conocer el archipiélago, pero que los visitantes no tengan que permanecer más tiempo por la fragilidad de sus ecosistemas", acota Oviedo.

El programa de televisión de "supervivientes" que hacen colombianos, españoles e italianos contribuye a la promoción internacional gratuita del lugar, lo que ha elevado el número de visitantes.

También representa ingresos económicos para la conservación del área protegida por el uso de playas, generación de empleo para los comunitarios y el desarrollo de proyectos en las poblaciones de la zona de influencia.

Al llegar a los Cayos Cochinos el turista es advertido de que no puede tomar nada más que sus fotografías y experiencias; que lo único que puede dejar son sus huellas, y que si de "matar" se trata, "nada más que el tiempo", porque la filosofía de este sitio es: "Sin dejar rastro".

Más allá del neón y colorido de Tokio, de los templos de Kioto o las playas de arena blanca de Okinawa, Japón ofrece otro paisaje por descubrir: el de Shimane y Tottori, las dos provincias menos pobladas del país donde perviven algunas de las costumbres ancestrales del archipiélago.

En el suroeste del Japón, rodeadas de mar, grandes lagos y montañas, se encuentran Shimane y Tottori, dos provincias donde descubrir el lado más tradicional de Japón y practicar el ecoturismo.

Alejada de las multitudes y del ritmo frenético de las grandes ciudades, esta tierra esconde, entre valles de cultivos, casas tradicionales, delicada gastronomía y frondosas montañas, algunos de los secretos mejor guardados de Japón.

“EL RECORRIDO A LO LARGO DE LA COSTA DE TOTTORI CONFLUYE CON UN MAR DE DUNAS, EL MÁS GRANDE DE JAPÓN, SITUADO A LO LARGO DE 16 KILÓMETROS DE LITORAL EN UN PAISAJE ÚNICO EN EL QUE SE PUEDE, DESDE PASEAR A LOMOS DE UN CAMELLO, HASTA PRACTICAR PARAPENTE O “SURF”.

Aquí el tiempo parece haberse detenido con respecto al resto de ciudades del país. En el paisaje, los interminables campos de arroz se funden con la perfección milimétrica de jardines privados en las típicas casas niponas, de tejas negras y rojas.

En el ambiente se respira un aire puro que marida, sin complejos, con la pulcritud y sincronía de los colores del campo y el protagonismo del agua, muy presente en ríos, lagos, el cercano mar y en las propiedades saludables de sus numerosos "onsen" (aguas termales).

El viajero que acuda a Shimane y Tottori puede hacer un recorrido por sus bodegas de vino, bendecidas por la suavidad del clima y efectuar también una escapada a sus parques naturales o a las islas volcánicas Oki, a una distancia entre 40 y 80 kilómetros de la costa.

En Shimane se encuentra además uno de los templos más venerados y visitados del país, el Izumo Taisha. Este complejo religioso se levanta en la ciudad de Izumo, a 650 kilómetros de Tokio y escenario de varios pasajes del libro de crónicas más antiguo de Japón, el Kojiki o "Libro de las Escrituras Antiguas ", que en 2012 cumple su 1.300 aniversario.

En sus páginas, llenas de mitos y leyendas, se narra desde la creación del mundo a manos de los dioses hasta el periodo de la emperatriz Suiko (593-628), la primera mujer que ascendió al Trono del Crisantemo.

“EN 2012 IZUMO CELEBRARÁ POR TODO LO ALTO EL 1.300 ANIVERSARIO DEL KOJIKI CON UN GRAN EVENTO, LA EXPOSICIÓN DE MITOS DE JAPÓN, QUE DE JULIO A NOVIEMBRE PERMITIRÁ CONOCER LA MITOLOGÍA NIPONA Y DISFRUTAR DE MÚSICA Y DANZAS ANCESTRALES DEL SINTOÍSMO, LA RELIGIÓN DE ORIGEN NIPÓN BASADA EN EL RESPETO POR LA NATURALEZA”.

El complejo de Izumo Taisha, que atrae a unos 2,5 millones de visitantes al año, cuenta con un templo principal, el Izumo Oyashiro, de 24 metros de altura y que se encuentra en pleno proceso de restauración a manos de artesanos.

Este templo se rehabilita completamente una vez cada 60 años en trabajos que se prolongan durante cinco años. En esta ocasión se espera que las labores concluyan para 2013, en un "lavado de cara".

La zona sagrada la completa un gran museo donde se pueden contemplar los restos de algunos de los gigantescos pilares de madera que sustentaban el templo y que, según las crónicas, lo alzaban hasta 48 metros sobre el suelo, lo que en su época lo convertía en el edificio más alto de Japón.

Restos arqueológicos

Aquí se pueden ver también importantes restos arqueológicos, como 358 espadas del periodo Kofun (años 250-600 d.C.) y decenas de campanas de bronce del periodo Yayoi (500 a.C.-250 d.C.), enterradas hace siglos con la intención de que nunca fueran descubiertas.

En 2012 Izumo celebrará por todo lo alto el 1.300 aniversario del Kojiki con un gran evento, la Exposición de Mitos de Japón, que de julio a noviembre permitirá conocer la mitología nipona y disfrutar de música y danzas ancestrales del sintoísmo, la religión de origen nipón basada en el respeto por la naturaleza.

“EN SHIMANE SE ENCUENTRA UNO DE LOS TEMPLOS MÁS VENERADOS Y VISITADOS DEL PAÍS, EL IZUMO TAISHA, A 650 KILÓMETROS DE TOKIO Y ESCENARIO DE VARIOS PASAJES DEL LIBRO DE CRÓNICAS MÁS ANTIGUO DE JAPÓN, EL KOJIKI O "LIBRO DE LAS ESCRITURAS ANTIGUAS ", QUE EN 2012 CUMPLE SU 1.300 ANIVERSARIO”.

A ese tipo de artes escénicas pertenece el "Kagura", a medio camino entre el teatro y la danza folclórica, que ahonda en las leyendas populares a través de suntuosos disfraces y caretas.

Una de esas historias es la de la batalla en Izumo entre un dragón de ocho cabezas, el "Yamatano orochi", y el guerrero Susanoo, dios del mar y la tormenta. En la zona, esta danza se ha convertido en una tradición que pasa de padres a hijos y que los niños representan en sus aldeas.

A pocos minutos en coche, atravesando el enorme lago Shinji, se encuentra la provincia de Tottori. Por la costa, el primer enclave que encuentra el viajero es la península de Sakaiminato, atrapada entre el lago Nakaumi y el mar de Japón.

Ésta es una excelente localización en la que disfrutar de playas, alojamientos tradicionales con "onsen" y vistas a la bahía de Miho. Mención aparte merece su gastronomía local, sustentada en mariscos y pescados frescos y recetas con arroces o soba (tallarines). Todos ellos aprovechan la gran calidad del agua de la provincia, famosa por su pureza y que, aseguran, mejora el sabor de los alimentos.

Distribuida a otras regiones desde hace más de 500 años, el agua de Tottori es una de las grandes riquezas naturales de la provincia. Filtrada por el mayor hayedo del occidente de Japón, a las faldas de la montaña sagrada Daisen, no ha pasado desapercibida para las grandes distribuidoras como la norteamericana Coca-Cola o la nipona Suntory, que han instalado allí sus fábricas de embotellado.

El Daisen, además, es uno de los mejores emplazamientos para disfrutar de actividades de ecoturismo. Las opciones van desde senderismo a ornitología, hípica, bicicleta de montaña, deportes acuáticos o esquí, ya que el lugar la mayor estación del oeste de Japón.

El ascenso al Daisen, declarado parque nacional en 1936, atrae cada año a unos 100.000 amantes de la montaña. La ruta sagrada parte de una altitud de 900 metros y exige un fácil "trekking" de unas 3 horas hasta la cima, con paradas en templos y espectaculares miradores que surgen de la frondosa vegetación.

El recorrido a lo largo de la costa de Tottori confluye con un mar de dunas, el más grande de Japón, situado a lo largo de 16 kilómetros de litoral en un paisaje único en el que se puede pasear a lomos de un camello y practicar, desde parapente a “surf”, en las dunas de arena.

El resto de atractivos de estas dos remotas provincias lo aportan sus habitantes: cercanos, hospitalarios y orgullosos de formar parte de uno de los rincones más mágicos del país.

Si Japón es conocido por la longevidad de sus habitantes, la palma dentro del archipiélago se la llevan los habitantes de la sureña región de Okinawa. Quizá el clima benigno y la vida tranquila influyan en la larga vida de los ancianos de esta zona, pero muchos de ellos coinciden en que, para llegar a los cien años, hay un secreto fundamental: la gastronomía.

Todavía hoy, los centenarios de Okinawa dicen "kusuimun" o "nuchigusui" para referirse a la comida, lo que en "uchina guchi", la antigua lengua del archipiélago más austral de Japón, significa medicina o medicina vital.

Durante siglos el estilo de vida de los extraordinariamente longevos habitantes de estas islas se ha sustentado en tres pilares: la actividad física diaria, un ritmo de vida relajado y una buena alimentación.

“Los okinawenses cuecen la carne del cerdo durante horas para eliminar la grasa y preparar platos como el "rafute": gruesos cortes de panceta cocidos en caldo de pescado y salsa de soja”.

En este campo, los ingredientes, las técnicas para cocinar los alimentos y el espíritu del "Ishoku Dogen", que puede traducirse por "Comer sano para prevenir la enfermedad", han evolucionado al ritmo del rico intercambio cultural y comercial de este archipiélago con China, la península coreana, el Sureste Asiático y el resto de Japón.

El abundante consumo de vegetales y pescado es tan esencial en la frugal dieta okinawense como el hábito del "hara hachi bu", que significa que uno debe comer hasta que se siente lleno "al 80 por ciento", para limitar la ingesta de calorías.

También es importante el clima subtropical de las islas, que permite el cultivo abundante de frutas como la piña, la papaya, la guayaba o la "shikwasa", también llamada mandarina de Taiwan, cuya ingesta ayuda a limitar la acción de los radicales libres, que oxidan el organismo.

Gastronomía local

Sin embargo, es el melón amargo, o "goya", la que se considera la fruta más característica de la gastronomía local y una de las más saludables, con propiedades que se han estudiado en investigaciones sobre el cáncer, la diabetes o el sistema cardiovascular.

Similar a un pepino arrugado, su forma de presentación típica es el "goya chanpuru" o revuelto de "goya", un plato que se ha popularizado en todo Japón y que suele llevar además tofu, brotes de soja, huevo y carne o pescado.

Es frecuente en Okinawa acompañar el chanpuru con una pequeña ración de "umibudo", el alga más consumida en la región, cuyo nombre ("uvas del mar", en japonés) se debe a su parecido con un pequeño racimo de color verde.

Aunque se puede aderezar con salsa de soja o vinagre de arroz, el gusto ligeramente salado del "umibudo" resulta apenas perceptible, sobre todo en comparación con el "tofuyo", tofu añejado y fermentado que constituye otro de los entremeses típicos de estas islas y cuyo sabor recuerda a un queso fuerte.

Bebida especial

Los lugareños aseguran que una buena manera de disfrutar el "tofuyo" es con un vaso de "awamori", bebida de arroz que siguen destilando los lugareños con el mismo método introducido desde Tailandia en el siglo XV, lo que implica el uso de grano tailandés en lugar de la variedad japonesa.

Aunque los expertos duden de las propiedades beneficiosas de una bebida que ronda los 40 grados de contenido alcohólico, y que en ocasiones puede superar los 60, los lugareños le atribuyen a su versión más exótica, el "habushu", propiedades medicinales desde hace generaciones.

Las tiendas que lo venden en Okinawa bien parecen bazares de curandero, puesto que el secreto del "habushu" es la víbora que va dentro de la botella, que puede ser ahogada en el propio licor o previamente destripada e introducida después.

Por su parte, el "beni imo", o batata morada, cuyo alto valor nutritivo ha sustentado a la población durante las hambrunas que han azotado a la que aún es la provincia más pobre de Japón, es además uno de los ingredientes más saludables de estas islas.

Desde croquetas hasta tartas o helados, los okinawenses emplean en diversas especialidades este tubérculo, rico en beta caroteno y antioxidantes y cuyas supuestas propiedades para controlar el apetito están siendo estudiadas.

En la gastronomía local también tiene cabida la carne, como demuestran especialidades como la cabra ("yagi") servida en forma de sashimi (cruda) y, sobre todo, las múltiples recetas hechas con cerdo.

Un popular refrán que afirma que los okinawenses se comen todo del cerdo, "excepto las pezuñas y el chillido", cobra especial significado al visitar el mercado de Makishi, situado en Naha, la capital de la provincia.

Además de una ingente cantidad de pescados tropicales como el Gurukun (pez plátano), en esta lonja se puede adquirir cualquier parte imaginable de la anatomía porcina.

Una vez en la olla, los okinawenses cuecen la carne del cerdo durante horas para eliminar la grasa y preparar platos como el "rafute": gruesos cortes de panceta cocidos en caldo de pescado y salsa de soja.

El "soki", o costillar, también se cocina durante unas tres o cuatro horas en una mezcla de awamori, salsa de soja y azúcar, y suele ser ingrediente común en el soba de Okinawa, que consiste en fideos de trigo flotando en un caldo preparado con bonito seco y huesos de cerdo o pollo.

Muchos de los restaurantes que hoy sirven soba de Okinawa también ofrecen la última incorporación a la comida del archipiélago: el "taco rice" o "arroz taco", que entra casi en la clasificación de comida rápida.

Se desconoce su origen exacto, pero se dice que este plato que mezcla un ingrediente típico de la zona (arroz) con los de un burrito "tex-mex" (carne de ternera sazonada, lechuga, tomate, queso) surgió en los años sesenta en torno a las numerosas bases estadounidenses que hay en la isla principal de Okinawa.