Las nuevas tendencias estéticas abandonan ahora las operaciones de cirugía y apuestan por un “Rejuvenecimiento facial en 3D”,  gracias a la aplicación de un ácido hialurónico de última generación,  que sirve tanto para rellenar los pómulos y tensar  las mejillas, como para suavizar  las líneas oscuras de expresión y eliminar el aspecto de cansancio de nuestra mirada.

En el último congreso “Anti-Aging Medicine Word Congreso”, celebrado el pasado mes de marzo en Mónaco, se sentaron las bases de las nuevas  líneas de rejuvenecimiento facial, tendentes a tratar el rostro en su globalidad, aportando volumen en pómulos, mejillas y eliminado las sombras, por encima de complicadas intervenciones de cirugía estética de antaño.

"DENTRO DE NUESTRA PIEL Y NUESTRO CUERPO, EL ÁCIDO HIALURÓNICO SE COMPORTA COMO UNA PEQUEÑA ESPONJA QUE DA ESTRUCTURA A LOS TEJIDOS Y FACILITA LAS FUNCIONES NORMALES DE LAS CÉLULAS”, EXPLICA LA EXPERTA”.

En este sentido, muchos especialistas alabaron las bondades de una  nueva generación de ácido hialurónico denominado "Voluma", que se puede aplicar en todo el rostro, con grandes ventajas frente a los tratamientos anteriores.

¿Qué es el ácido hialurónico?

“El ácido hialurónico es una molécula de azúcar natural del organismo, cuya función es retener a su alrededor moléculas de agua”, asegura la doctora Nuria Escoda, en una entrevista con Efe.

“Dentro de nuestra piel y nuestro cuerpo, el ácido hialurónico se comporta como una pequeña esponja que da estructura a los tejidos y facilita las funciones normales de las células”, nos explica la experta que tiene un centro de medicina estética en la ciudad española de Barcelona.

Aunque este nuevo producto se aplica en toda la cara, ofrece sus mejores resultados en la zona central del rostro, ya que es precisamente en los pómulos, las mejillas, los rictus, la comisura y el contorno de los labios donde se produce una mayor absorción de grasa, como síntoma del paso de los años.

Cada zona un trato especial

La doctora Escoda aplica un ácido hialurónico con una estructura específica en cada zona del rostro, ya que “no puede ser igual el producto que inyectamos dentro de la grasa del pómulo que el que introducimos en la mucosa bucal, puesto que su función óptima se conseguirá cuanto mayor sea su parecido con la estructura el tejido en la que lo implantemos”, asegura.

“Este nuevo tipo de ácido hialurónico permite tratar la zona de los pómulos de un modo indoloro, ya que el propio producto lleva incorporado una anestesia local y una cánula especial, en vez de una aguja, por lo que  podemos rellenar los pómulos, rictus, comisura y mejillas sin hematomas y sin dolor alguno para la paciente”, nos explica Nuria Escoda.

Al ser muy denso, este producto permanece en el lugar aplicado sin posibilidad de desplazamiento por el interior del rostro, se reabsorbe al cien por cien y tiene una gran duración con tan solo una aplicación.

Una revolución estética

El tratamiento de la totalidad del rostro con esta nueva molécula de ácido hialurónico ha revolucionado la medicina estética, a juicio de la doctora Escoda, ya que evita los riesgos de una operación de cirugía estética y da resultados altamente satisfactorios, por su gran naturalidad.

“AUNQUE ESTE NUEVO PRODUCTO SE APLICA EN TODO EL ROSTRO, OFRECE SUS MEJORES RESULTADOS EN LA ZONA CENTRAL, YA QUE ES PRECISAMENTE AHÍ DONDE SE NOTA MÁS EL PASO DEL TIEMPO”.

Las zonas en las que este producto logra también una gran efectividad son las líneas finas del borde externo de los ojos, las líneas nasogenianas y los volúmenes faciales perdidos en barbilla, mejillas y pómulos.

“Aunque cada día existen multitud de tratamientos estéticos de rejuvenecimiento facial, el usuario busca cada día más un producto que erradique la totalidad del problema y que respete la armonía de luces y sombras de la fisonomía especial de la cara”, reflexiona Nuria Escoda.

Han pasado siglos desde que el mundo entero conoció Potosí como sinónimo de plata y riquezas. Aunque ya no es el opulento centro minero de antaño, sigue escondiendo muchas de las joyas naturales más preciadas del continente americano y un potencial turístico incalculable.

Aunque Potosí es una de las regiones más pobres de Bolivia y Sudamérica, tiene algunos de los parajes más sorprendentes del hemisferio occidental, con paisajes que a veces parecen lunares y llevan siglos atrayendo a viajeros de todos los continentes con ansias de aventura.

Con casi 120.000 kilómetros cuadrados, que superan en extensión a países europeos como Bulgaria, Potosí apenas alberga a 700.000 habitantes, haciendo de sus valles lugares inhóspitos en los que parece haberse detenido el tiempo para congelar un territorio habitado por etnias aimaras y quechuas que alguna vez fueron súbditos del Tahuantinsuyu (Imperio Inca).

Ubicado en la vertiente occidental de la cordillera andina, el departamento de Potosí tiene una altitud media de 4.000 metros sobre el nivel del mar, alcanzando cotas de hasta 6.000 metros de altura, como el monte Uturuncu, lo que la convierte en una de las regiones más frías de Bolivia.

Potosí está recuperando la atención sobre la majestuosidad de sus paisajes y crece como reclamo de viajes de aventura y deportes extremos.

Prueba de ello es el testimonio de un belga que partió de Alaska para recorrer el continente americano en bicicleta y que ascendía en solitario la montaña más alta de cada país por el que pasaba.

A la pregunta de su opinión de Potosí, donde estaba en ese momento,  respondió: “Es duro, probablemente lo más duro del viaje”.

Es una región desértica en la que varios picos redondeados anuncian la presencia de una actividad volcánica confirmada por las columnas de vapor que los géisers expulsan a la superficie en algunos de los valles más remotos.

El desierto de sal más grande del mundo

En Uyuni, pequeño pueblo de unos 20.000 habitantes, famoso por estar a las puertas del desierto de sal que lleva su nombre, el mayor del mundo, comienzan las llamadas rutas altiplánicas, que conducen al viajero por el occidente de Potosí hasta alcanzar la frontera con Chile, en el extremo sur del departamento.

El Salar de Uyuni deslumbra por su blancura, que se divisa desde el espacio. Es un espejo situado a 3.650 metros sobre el nivel del mar, con una extensión cercana a los 12.000 kilómetros cuadrados.

El paraje se creó hace milenios por la desaparición de mares prehistóricos que inundaban lo que hoy es el altiplano andino, según algunos por razones climáticas y según otros por cataclismos geológicos.

Uyuni no es solo famoso por su paisaje casi sobrenatural. Es además una de las mayores reservas de litio del mundo, sin explotar hasta ahora.

Los labios se secan tan rápido como el cuerpo, que se cubre de sal, mientras la inmensidad del desierto y el sol de altura, reflejado por la blancura salina, ciegan al visitante y producen la sensación de estar más cerca del sol que nunca.

Desiertos ocres y lagunas coloradas

Rumbo al sur, en los confines del salar, resurgen las montañas. El terreno árido recobra los tonos ocres del altiplano, y las poblaciones desaparecen del mapa para dar lugar a una de las regiones más deshabitadas del continente.

La flora luce por su ausencia, limitándose a pequeños matorrales que salpican algunas de las miles de laderas que inundan el paisaje, mientras que los animales de la zona se esconden en los recovecos formados entre meseta y montaña.

Llamas, vicuñas, avestruces, flamencos, vizcachas y un largo etcétera, habitan la región,  y a pesar de que la caza de algunas especies llegó a amenazar seriamente su existencia, parece que los programas de conservación están dando sus frutos.

Una interminable línea de montañas coronadas por tímidos neveros indica el camino hacia la región de las lagunas de colores, espejos de agua que inundan las zonas más profundas de los valles, alimentadas, fundamentalmente, por el deshielo de los glaciares de las cotas más altas de esta sección de la cordillera andina.

Entre ellas destaca la Laguna Colorada, una de las más grandes de Potosí y cuyas aguas, teñidas por todos los tonos de rojo que permite la paleta, dibujan surcos infinitos solo alterados por el paso de flamencos que sorprende ver a 4.000 metros sobre el nivel del mar.

Esta zona está protegida bajo el paraguas de la Reserva Nacional Eduardo Avaroa y, debido a las restricciones, los únicos lugares donde puede hospedarse el visitante son pequeños refugios dispersos en la región.

Casas de adobe y piedra donde descansar, comer y calentarse, ya que las temperaturas en esta zona pueden llegar a alcanzar los 20 grados bajo cero en las noches más frías del invierno.

Aguas termales y desiertos dalinianos

Más allá de la Laguna Colorada hay aguas termales, calentadas por la actividad volcánica, donde los visitantes suelen hacer una parada para hundirse en un jacuzzi natural mientras fuera la temperatura se mantiene bajo cero.

Es aquí donde los montes pintados con brochas de siete colores observan el llamado desierto de Dalí, del que más de un visitante cuenta que si el pintor catalán recibiese hoy en día el encargo de dibujar un desierto, no podría crear una imagen diferente a la de este lugar.

El viajero que llega hasta aquí se encuentra cerca de los confines de Potosí, donde está la Laguna Verde, remanso de agua que luce los pigmentos de sus algas y permanece inquieta a la sombra del volcán Licancaur, el gigante que anuncia a quien le ve que si sigue camino abandonará Bolivia, entrará en Chile y se encontrará frente a frente con el próximo desafío, el desierto de Atacama.

Aventura extra por conflictos sociales

Llegar o salir de Potosí puede convertirse en la parte más intensa de la aventura, ya que en Bolivia es muy frecuente que los habituales conflictos sociales y políticos desemboquen en bloqueos de carreteras, a los que hay que sumar la falta de infraestructuras, comunicaciones y alojamientos.

Internet comienza a aparecer tímida y únicamente en las poblaciones más importantes y la cobertura telefónica desaparece fácilmente en las montañas.

Más de un autobús, en su intento de entrar o salir de Uyuni, ha quedado atrapado en algún lugar del desierto al tratar de esquivar a los bloqueadores de caminos apostados en los límites de Potosí del vecino y rival departamento de Oruro.

El visitante también puede toparse con nevadas que en invierno dejan los valles incomunicados durante días, pero todas las dificultades forman parte de la atractiva incertidumbre que siempre acompañará al viajero en este país sin mar llamado Bolivia.