Las labores de ganchillo, punto de cruz,  bordados o vainicas se reinventan ahora por un público juvenil deseoso de practicar la cultura del "hazlo tú mismo”, en respuesta a la globalización.

Prendas de vestir,  hamacas, lámparas o los “amigurumis”,  esos simpáticos animalitos en ganchillo que causan furor en Japón, se exhiben ahora con orgullo. Así, en el Salón Creativa de Barcelona (España),  una de las ferias de manualidades y labores más importantes del mundo, un total de cien expositores de diez países tan dispares como México, Senegal o Nepal, junto a los  principales europeos, compitieron en sus expositores para enseñar a hacer labores con madejas de hilo y aguja a los más jóvenes, como fórmula ideal para fomentar su creatividad.

“En países como Estados Unidos,  la cultura del “do it yourself” está en plena actualidad por su buen pronóstico médico para rebajar la ansiedad, paliar la artrosis o regenerar el riego sanguíneo”.

Sin embargo, los talleres de punto, vainica, ganchillo, punto de cruz o cintas navideñas que más expectación causaron son propiedad  de la  empresa de hilos más antigua del mundo, la francesa DMC, artífice de las famosas madejas de hilo Mouliné, con las que varias generaciones de mujeres de todo el mundo tejieron sus labores en la escuela y en el hogar, entre los años 50 y los 70.

De la calidad a la creatividad

"Nuestra esencia es fabricar hilo de la mejor calidad, pero lo que vendemos en el siglo XXI es creatividad", reseñó a Efe-Reportajes el director general para España y el sur de Europa de DMC, Domingo Verdeguer,  una firma que cada año fabrica madejas de hilo suficientes como para ir y volver a la luna, según sus artífices.

En Barcelona se exhibió la muestra "Una Historia de hilos desde 1746", con obras de arte de tres siglos de antigüedad, propiedad de la Casa-Museo que DMC posee en su sede central de Mulhouse (Francia), un verdadero referente mundial, ya que fabrica hilos para 130 países, con 40.000 puntos de venta y 573 colores diferentes.

Consciente de su prestigio histórico,  pero preocupada por las nuevas tendencias del futuro,  la  firma DMC acaba de inaugurar una tienda online, www.latiendadedmc.com, “con el objetivo de incentivar el mundo de las manualidades  y del bordado, y de acercar a las nuevas  generaciones al mundo de la mercería”, subraya Verdeguer.

Y es que,  en el mundo de las mercerías, ha habido una ruptura de dos generaciones y estas pequeñas tiendas, regentadas aún por las abuelas, no sirven como escaparate de futuro. “Ahora son las nietas quienes enseñan a manejar el 'iPhone' a sus abuelas”, resume Verdeguer con cierta ironía.

Los productos que se pueden comprar en esta nueva tienda online no tienen nada que ver con el clásico mantel con doce servilletas, la colcha o las sábanas bordadas a mano de anteriores generaciones, sino que, junto con la compra de hilos, se oferta ropa infantil de última moda para que las futuras mamás borden a punto de cruz su ropita, toallas de algodón-lino, cuadros para el hogar o cintas navideñas.

“Países tan dispares como México, Senegal o Nepal compitieron para enseñar a hacer labores con hilo y aguja a los más jóvenes en sus talleres,  como fórmula ideal para fomentar su creatividad”.

"Un estudio nos ha demostrado que nuestro mejor ‘target’ procede de  la mujer embarazada, porque cuenta con tiempo e ilusión para elaborar labores para su futuro bebé”, asegura Verdeguer.

Sin embargo, la  mayor novedad y atracción presentada en “Creativa Barcelona” por esta firma ha sido una maletita de colegial con vistosos colores provista con todos los utensilios para crear los graciosos “amigurumis”, como llaveros, funda del móvil o bichitos para decorar un ambiente. En su interior, agujas de ganchillo, ovillos de hilo de colores,  rellenos y !como no!, un librito con el “paso a paso”.

Los “amigurumis” se inspiran principalmente en animales como ositos, conejos, gatos o perros, pero también se suelen crear otros muñecos con formas antropomórficas e, incluso, accesorios como bolsos, llaveros  o monederos.

La cultura del “Do it yourself”

Desde que la cultura del DIY -del inglés, “do it yourself”-  “hazlo tú mismo”- se ha convertido en todo un movimiento de masas mundial, los jóvenes también se ilusionan por elaborar accesorios para el hogar menos convencionales que los de  sus abuelas, eso sí, como lámparas, hamacas o biombos de ganchillo.

Así, DMC cuenta también con un blog en el que se enseñan paso a paso cómo hacer todas las labores de un modo totalmente didáctico y preparar y aumentar los talleres de aprendizaje en las tiendas especializadas para que estas labores puedan tener una “directora de orquesta” presencial.

“Los jóvenes se están rebelando contra la  globalización industrial procedente de Asia y quieren lucir algo propio ideado por ellos mismos, por lo que DCM extrae ideas del pasado, las lava la cara y las adapta a la moda, aunque también las adapta a la naturaleza”, enfatiza Verdeguer.

Creatividad ante todo

En este sentido, el responsable para Europa del sur de esta firma francesa asegura que “nosotros fabricamos hilo de calidad desde hace trescientos años, pero lo que vendemos en el siglo XXI es creatividad”.

Con este objetivo, sus siete equipos de mercadotecnia en Italia, Francia, Inglaterra, España, EE.UU., Japón y Singapur,  se reúnen mensualmente para intercambiar sus experiencias creativas y sus colecciones.

El ultimo lanzamiento de DCM es una serie de 34 colores de algodón inspirados en la naturaleza, denominados “Natura”, que se pueden mezclar entre si y con los que se pueden  conseguir  modernos jerseys, bufandas, vestidos o chaquetitas para los bebés.

En países como Estados Unidos,  labores como el hacer punto o el ganchillo han vuelto a estar de plena actualidad por su buen pronóstico médico para rebajar la ansiedad, paliar la artrosis o regenerar el riego sanguíneo.

Esta firma posee 13.000 referencias de hilos de 573 colores y tiene 40.000 puntos de venta en 130 países de los cinco continentes.

Si acciones como pasar un archivo de word a PDF, detectar una conexión inalámbrica de Internet o revisar el correo electrónico le producen cierta ansiedad, sepa usted que no está solo, sino que seguramente pertenezca al 63 % de usuarios de Internet que sufren tecnoestrés, según explica el catedrático José María Martínez Selva.

Con la revolución digital, trabajadores perfectamente cualificados para el desempeño de sus tareas han quedado desactualizados de la noche a la mañana. José María Martínez Selva, catedrático en psicobiología de la Universidad española de Murcia, analiza en su libro "Tecno-estrés": los problemas de estrés y ansiedad que genera el laborioso, pero imprescindible proceso de aprendizaje al que se ven abocados estos profesionales.

En opinión del autor, el tecnoestrés lo padecen, sobre todo, personas de más de 40 años que, al no haberse podido adaptar a los rápidos cambios tecnológicos, llegan a experimentar rechazo hacia las nuevas herramientas. A pesar de que sostiene que "no es un libro antitecnológico", mantiene que usar los nuevos aparatos es difícil y pretende dar voz "a todas las personas que lo pasan mal".

Por si fuera poco, el uso de dispositivos móviles ha roto las fronteras espaciales y temporales de la oficina, prolongando la jornada laboral de forma indefinida. El trabajador se siente, entonces, obligado a mantener un rendimiento continuo y no consigue ni desconectar ni distanciarse de sus obligaciones, lo que, en opinión de Martínez Selva, no beneficia a su salud mental.

La vida en la sociedad de la información

Otro de los factores que produce estrés tecnológico es la inabarcable cantidad de datos a la que se enfrentan los usuarios. Para ilustrar esta afirmación basta con recurrir a los estudios de Peter Lyman y Hal Varian, que demostraron que entre 1999 y 2002 se creó más información que en toda la Historia de la Humanidad.

“El uso de dispositivos móviles ha roto las fronteras espaciales y temporales de la oficina, prolongando la jornada laboral de forma indefinida”.

Un estudio de la consultora Accenture realizado en 2007 revelaba que los directivos de grandes compañías invertían al menos dos horas diarias a la búsqueda de información, una excesiva dedicación que, en opinión del catedrático, no suele traducirse en una mejora significativa a la hora de tomar decisiones.

Además, el tratamiento de datos a través de aplicaciones electrónicas lleva asociado dos importantes peligros: su pérdida o robo. En octubre de 2008, el Gobierno británico reconoció haber perdido un disco duro de ordenador que contenía datos sobre 1,7 millones de reclutas y aspirantes, mientras que en 2006 se produjo el robo en EEUU de los perfiles de 26,5 millones de ciudadanos.

Personas y máquinas, ¿quién trabaja para quién?

A lo largo de la historia del cine muchas han sido las películas que mostraban un futuro idealizado, en parte gracias al uso de robots que se encargaban de las labores más desagradables. Pero la progresiva implantación de máquinas en nuestra vida cotidiana no sólo no ha descargado nuestra lista de tareas, sino que ha añadido más.

“La progresiva implantación de máquinas en nuestra vida cotidiana no sólo no ha descargado nuestra lista de tareas, sino que ha añadido más”.

Imprimimos en casa los billetes que antes comprábamos en la estación, sacamos dinero de cajeros automáticos, montamos nuestros propios muebles, planeamos viajes desde agencias "online" y nos desquiciamos en interminables conversaciones telefónicas con centralitas automatizadas. Asumimos responsabilidades, según Martínez Selva, que antes correspondían a personas que cobraban por ello.

Cómo evitar el tecnoestrés

Junto a estas explicaciones, el catedrático sugiere una serie de pautas para evitar, en la medida de lo posible, el tecnoestrés. Consejos como poner límites a nuestra conexión, establecer siestas digitales (periodos libres de nuevas tecnologías) o buscar aficiones alejadas del ordenador, que pueden mejorar nuestra calidad de vida.

El autor también da mucha importancia a aprender a distribuir de forma adecuada nuestro tiempo y a reforzar las relaciones cara a cara, sin tratar a las personas como si fuesen máquinas capaces de responder a todas nuestras demandas.

Por último, hace hincapié en que deben mantenerse las vías tradicionales de comunicación y de trabajo. Si se elimina la posibilidad de realizar trámites administrativos, como pedir cita para el médico por teléfono en lugar de hacerlo exclusivamente por internet, corremos el riesgo, en opinión del autor, de aumentar la brecha digital, generando más tecnoestrés.

¿Cuántas horas pasas al día delante de un ordenador?