Babilonia, Cuzco, Roma y La Meca. Todas ellas son capitales que forman parte de las páginas de la Historia y que conservan “como pueden” el patrimonio arquitectónico y artístico que respectivamente construyeron los pueblos mesopotámicos, incas, romanos y musulmanes.

“LOS FARAONES DEMOSTRARON SU PODERÍO A TRAVÉS DE LA ARQUITECTURA Y, HOY EN DÍA, LA TIERRA DE CLEOPATRA ES UNO DE LOS DESTINOS TURÍSTICOS PREFERIDOS.”

Y es que, ¿quién no ha estudiado nunca a los romanos o no conoce la importancia de La Meca para el Islam? La respuesta a estas cuestiones está en la retina de miles de estudiantes y turistas que se animan a disfrutar del legado de las civilizaciones más importantes del mundo.

Ciudades de peregrinación turística

La Meca, la ciudad que vio nacer a Mahoma, profeta del Islam, es junto a Medina uno de los dos puntos claves del actual reino de Arabia Saudí. Sin embargo, su visita está estricta y exclusivamente reservada a los fieles musulmanes.

La peregrinación a las ciudades santas de La Meca (el "hajj") y Medina es, junto a la profesión de fe, la limosna, el rezo y el ayuno durante el mes sagrado de Ramadán, uno de los cinco mandamientos del Islam. Por ello, todo musulmán está obligado a realizarla al menos una vez en su vida, siempre que disponga de la salud y de los recursos económicos necesarios.

Así como La Meca y Medina son referentes para la cultura árabe, lo es Roma para la cristiana, por ser la metrópoli en tiempos de Cristo y el lugar donde se encuentra la Ciudad del Vaticano, sitio por excelencia de peregrinaje para la cristiandad, con permiso de Jerusalén, que comparte legado con judíos y musulmanes.

“LA PLAZA DE LA BASÍLICA DE SAN PEDRO RECIBE A MILES DE FELIGRESES Y VISITANTES QUE SE ACERCAN HASTA LA CIUDAD SANTA, RODEADA POR EL LEGADO ARQUITECTÓNICO DE LA ROMA ANTIGUA.”

La plaza de la Basílica de San Pedro recibe a miles de feligreses y de visitantes que se acercan hasta la Ciudad Santa, que se halla rodeada por el legado arquitectónico de la Roma Antigua, protegido como patrimonio de la humanidad.

El Coliseo, el Foro Romano y el Panteón de Agripa son fotografía obligada para los miles de turistas que se acercan a la capital italiana para conocer la importancia de una civilización que ha dejado profunda huella en los países mediterráneos.

Un viaje a través del tiempo

Al otro lado del Atlántico, Cuzco, antigua capital del Imperio inca antes de la llegada de Colón a América Latina y actual capital histórica del Perú de nuestros días, permite un viaje al pasado gracias a la herencia que los incas dejaron en los Andes.

La ciudad es hoy puerta del santuario del Machu Picchu, dignificado como una de las siete maravillas del mundo moderno y uno de los principales motores económicos del país por la gran afluencia de turistas que buscan conocer la civilización precolombina.

Además, con más de 250 kilómetros de longitud, el Camino Inca hasta el santuario andino es elegido por los visitantes que desean llegar a pie a esta zona después de un periplo de varios días de caminata.

Babilonia no ha tenido la misma suerte y se encuentra en ruinas, pero eso no ha impedido que uno de sus símbolos, la Torre de Babel, haya sido inmortalizada hasta en la pintura, gracias a Pieter Brueghel el Viejo en 1563.

Quedando como único testigo de su existencia el Génesis de la Biblia, lo cierto es que la ciudad de Babilonia representó el esplendor de la Mesopotamia antigua, antes de la llegada de los persas.

Pero si hablamos de grandes civilizaciones de Oriente, es imposible no citar el poder arquitectónico egipcio, representado por pirámides como la de Guiza o por la Gran Esfinge. Los faraones demostraron su poderío a través de la arquitectura y hoy en día la tierra de Cleopatra es uno de los destinos turísticos preferidos.

Algo que también se le ha dado bien al gigante asiático a través de los tiempos: la milenaria Gran Muralla construida por el emperador Qin Shihuang para proteger sus dominios de las incursiones de los pueblos nómadas del norte de Asia es todo un emblema para la China actual.

“AL OTRO LADO DEL ATLÁNTICO, CUZCO, ANTIGUA CAPITAL DEL IMPERIO INCA ANTES DE LA LLEGADA DE COLÓN A AMÉRICA Y ACTUAL CAPITAL "HISTÓRICA" DEL PERÚ DE NUESTROS DÍAS, PERMITE UN VIAJE AL PASADO GRACIAS A LA HERENCIA QUE EL PUEBLO INCA DEJÓ EN LOS ANDES.”

Sus más de 4.000 kilómetros de longitud han sustituido su función inicial de protección para transformarse en uno de los escaparates publicitarios que más aporta a las arcas del turismo en China.

Otros lugares como la ciudad prehispánica de Chichén Itza en México, la Acrópolis de Atenas o la Alhambra de Granada, también gozan de prestigio por haber aportado su granito de arena a las páginas de la Historia y la Arquitectura.

 

La férrea tradición de la cocina japonesa no ha impedido que le lleguen aires nuevos. Cocineros de otras latitudes se han fijado en ella para fusionarla con sus propias raíces, dando resultados extraordinarios. Con la peruana, la china, la coreana o la mediterránea, la gastronomía japonesa se convierte en la mejor aliada.

Sushi con huevo de codorniz frito y trufa, rollitos de chistorra, futomaki de huitlacoche, pulpo al olivo, maki de salmón confitado y jamón ibérico, tiradito de salmón en vinagreta de miso blanco, chita al oil mushio o chocolate con churros al té verde. Son solo algunos ejemplos de que la cocina japonesa es la mejor aliada en el campo gastronómico, dando lugar a eclécticos y sabrosos platos.

“LA COCINA NIKKEI TIENE HOY IDENTIDAD PROPIA Y SOBRE ELLA AFAMADOS COCINEROS HAN CONSTRUIDO SU REPUTACIÓN.”

Con la mexicana, la peruana (nikkei), la mediterránea o la francesa (wa fumi), la fusión no tiene más límites que la imaginación. No solo los paladares occidentales se han beneficiado de esta simbiosis; aunque en Japón pervive la cocina tradicional o "kaiseki", los aires occidentales han contribuido al surgimiento de la "izakaya", más informal y abierta a sabores extranjeros.

La clave de estas mezcolanzas es "conocer bien las cocinas con las que se trabaja", afirma el chef argentino Hernán Alberto Soria Monge quien, tras años de trabajo en fogones nipones y galos, se lanzó a fusionarlos. Advierte de que el consumidor debe ser exigente porque la proliferación de restaurantes de fusión se debe a que "la cocina japonesa está de moda y se intenta mezclar con todo, sin haber aprendido sus bases". Sobre los puntos comunes entre la gastronomía japonesa y la francesa, en apariencia distantes, sostiene que son "las más elaboradas del mundo, comparten el concepto de 'slow food' con largas preparaciones, y ambas se basan en productos frescos y originales".

La carta del Club Japonés, que regenta con su hermano Alexis Matías en el corazón de la Costa del Sol, es el resultado de combinar "no tanto ingredientes como técnicas de preparación" de ambos países, aunque destaca platos como el foie gras con salsa teriyaki. Para maridar recomienda siempre el sake o la cerveza, aunque admite que la opción "muy europea" de beber champaña con el sushi, "impensable" para un comensal japonés, da buenos resultados.

Mucho más consolidada está la cocina "nikkei", nacida de la necesidad de los inmigrantes japoneses llegados al Perú de mantener sus raíces culinarias y la imposibilidad de encontrar todos los ingredientes originales en un nada globalizado final del siglo XIX. Con ellos llegaron el sake, las algas, el tofu o el mirin, que se fundieron con carnes diversas, ajíes y una apabullante variedad de papas. Así nació una cocina que hoy tiene identidad propia y sobre la que afamados cocineros han construido su reputación.

Es el caso del peruano Gastón Acurio, creador y dueño de Astrid & Gastón y uno de los responsables de que los platos "nikkei", teñidos de su desbordante imaginación, sean conocidos y apreciados internacionalmente gracias a sus 40 restaurantes. Creaciones como el "nikkei chifero" de atún rojo, verduras encurtidas y leche de tigre de piña, con rocoto y sésamo; o el "anticucho de pulpo" marinado en miso y ají panca, son una muestra de ello. Más allá de las fronteras peruanas, la comunión entre los productos japoneses y latinoamericanos causa furor.

“CON LA MEXICANA, LA PERUANA (NIKKEI), LA MEDITERRÁNEA O LA FRANCESA (WA FUMI), LA FUSIÓN NO TIENE MÁS LÍMITES QUE LA IMAGINACIÓN.”

El cheb Nobu Matsuhisa es uno de los máximos exponentes de la fusión entre los platos de su Japón natal y los que aprendió durante su periplo latinoamericano. El éxito de su propuesta le ha llevado a conseguir una estrella Michelín para tres de sus treinta establecimientos repartidos por todo el mundo, contando con aliados como el actor Robert de Niro o el diseñador de moda Giorgio Armani. Como enamorado de los productos de América Latina, no duda en sumarlos a sus recetas, como el ají rocoto peruano o el chile jalapeño mexicano o los prehispánicos frijoles, que dan fuerza y carisma a sus pescados.

A los dulces también llega esta alianza como ejemplifican sus "harumaki", rollos calientes rellenos de plátano, dulce de leche y hoja de shiso con salsa de maracuyá. La cocina mediterránea, por sus múltiples influencias históricas, es otra que conjuga a la perfección con los sabores nipones. También ayuda que "comparten sabores como el ajo o los cítricos", explica Alejandro Salido, jefe de cocina de Asako (Málaga), donde triunfan entre su clientela platillos como el tartar de atún picante, la carrillada de cerdo ibérico con pimienta japonesa o el uramaki de salmón flameado con tomate seco y salsa yozu.

La fusión, defiende, ha ayudado a introducir en la cocina mediterránea los sabores japoneses, a los que muchos "eran reacios". En parte porque "se suavizan los sabores, adaptándolos a lo que están acostumbrados los paladares". De hecho, sostiene que gracias a ello la cocina japonesa ha conquistado Occidente.