Por naturaleza, el pícnic es una actividad que además de ser sencilla, representa poca inversión, tanto en tiempo, como en presupuesto. Cada vez son más los grupos de jóvenes, parejas y familias que se lanzan con el mantel y los alimentos para disfrutar de una comida al aire libre.

Dicen que la belleza está en la sencillez y, en época de crisis, se vuelve casi una norma buscar dicha combinación. En todas las ciudades, por ejemplo en Madrid, cada vez se ven más manteles y canastas repletas de alimentos en las áreas verdes del parque del Retiro, en la Casa de Campo y cualquier área verde que permita disfrutar de un pícnic.

“DEGUSTAR COMIDAS SENCILLAS, SIN PRISAS Y AL AIRE LIBRE PROPORCIONA UNA RELAJACIÓN QUE SE APRECIA AÚN MÁS SI SE VIVE EN LAS GRANDES URBES”.

Aunque la costumbre de hacer pícnic es más habitual en algunos países de Europa o en Estados Unidos, en América Latina también hay quien busca las áreas verdes para ir a comer.

Con la intención de hacer algo diferente, Thelma López, costarricense que estudia en la capital española, cambia de vez en cuando sus hábitos de consumo intramuros: “Me gusta hacer pícnic porque es refrescante comer con naturaleza a tu alrededor. Ahora sí lo hago con frecuencia porque hay lugares lindos en Madrid dónde ir”.

De forma inversa a Thelma, Carlos Adriel, pianista mexicano de 30 años que vivió en España, ha trasladado esa costumbre a su país de origen. “Aunque es algo que hago pocas veces, lo veo como una buena oportunidad para salir de la rutina, disfrutar de la belleza del parque, el bosque o el lugar que elija para convivir en condiciones muy sencillas con los amigos”.

“OFRECE UN CAMBIO EN LOS HÁBITOS A LA HORA DE COMER Y ES UNA ALTERNATIVA PARA TENER DIVERSIÓN SIN COMPLICACIONES”.

Los días soleados invitan a la gente a buscar esparcimiento fuera de casa. Así, un grupo de jóvenes tiende un mantel sobre el césped, cada uno extrae de sus bolsos ingredientes que poco a poco van colocando encima: pan, tortilla, embutidos, queso, tomate, lechuga, aderezos y bebidas.

En quince minutos, este grupo de estudiantes tiene la comida lista. Entre bocado y bocado todos intercambian las anécdotas del día y, al finalizar, satisfechos se tumban para leer, para mirar el cielo hasta quedarse dormidos con el sopor de la tarde.

Alternativa de bajo costo

Y es que un pícnic se puede hacer tan formal como el que tradicionalmente ofrecen en la Casa Blanca, en Washington, tan masivo como el de algunas protestas o tan íntimo como para una pareja.

Un día, María quedó con su novio para comer juntos. Ella pasó por él en su coche y le sorprendió al detenerse frente a un parque. “¿Qué es esto?”, preguntó él, “éste es nuestro restaurante de hoy”, respondió María, y sacó del maletero todo lo necesario para comer. A este hombre que siempre viste de traje, no le quedó más remedio que soltarse la corbata, sentarse en el suelo y rendirse a las delicias culinarias.

En medio de una urbe tan grande y pavimentada como la de la ciudad de México, tomarse un tiempo para hacer el pícnic parece “cuestión de locos”, o al menos así lo vio Mauricio, que odia ensuciar su traje, pero reconoció haber pasado un rato agradable con su novia y le agradeció por haberlo sacado de la oficina, donde normalmente almuerza frente al ordenador.

“EN ÉPOCA DE CRISIS, EL PÍCNIC ES UNA OPCIÓN RECREATIVA DE BAJO COSTE QUE CONJUGA LA CONVIVENCIA Y EL CONTACTO CON LA NATURALEZA”.

Además de una opción de esparcimiento, este tipo de reuniones alrededor de un mantel se han convertido en una alternativa de bajo costo para la hora de la comida. Al ponerse de acuerdo con otras personas, el acto se convierte en una verbena donde cada uno aporta algo para la preparación de los alimentos y se reduce el gasto hasta cinco veces.

Para Mercedes Rodríguez, una filósofa madrileña de 32 años, el pícnic es un hábito arraigado que debería expandirse por más países por ser algo “sano, libre y relajado”, y agrega “me gusta porque puedo compartir varios platos, es más rápido, cercano y barato que un bar o un restaurante y da tiempo de tomar una siesta.”

Los entrevistados destacan que, para tener un pícnic perfecto, es importante: verificar un día antes la predicción climática, asegurarse de no estar sentados en una zona prohibida o que tenga aspersores que los puedan bañar en plena comida y, al final, recoger la basura para dejar el sitio tal cual lo encontraron.

 

Disfrute de una vida saludable al aire libre. Cerca del mar o en pleno campo, la casa abre sus puertas para invitarle a vivir fuera, durante una temporada.

El buen tiempo le invita a regocijarse, muebles y complementos sencillos se lo ponen fácil. Un estilo confortable para un estilo de vida informal de puertas abiertas, que es lo que facilitan las temperaturas agradables que nos permiten vivir fuera de casa por un tiempo.

Los muebles del jardín se renuevan cada temporada. Si los elige bien, las inclemencias del tiempo harán ligera mella sobre ellos, aunque nunca está de más añadir algún complemento que revitalice la decoración cuando llega la temporada.

Si no quiere complicarse la vida, nada mejor que  elegir una mesa longitudinal amplia con dos bancos a los lados, un cruce en aspas de las patas y un cojín que cubra todo el asiento le permitirán aprovechar las horas en contacto con la naturaleza. Apueste por el ingenio o bien aprovéchese de las ramas de un árbol centenario para colocar un candil o una lámpara con velas para la iluminar la noche.

“La forja es otro de los elementos que puede considerarse imprescindible en los muebles de jardín. Un lugar donde al frescor que ofrecen las plantas encontramos un espacio donde aislarnos”.

La madera, siempre es bienvenida. En las mesas, es ideal la mezcla con aluminio que propone Ikea, las hace más livianas. Idéntico resultado es el que ofrecen los sofás con estructura y pies de aluminio, en perfecto acabado en una mínima superficie plana para evitar que el peso les hunda en la hierba.

Las tumbonas en acacia maciza o en madera de teka son excelentes para dedicar un tiempo a la lectura o a echar una cabezadita en el horario de la siesta.

Si es de los que prefiere acunarse, nada como una hamaca en la que sentir que regresamos a la infancia. De un lado, al otro, de un lado, al otro…

La forja es otro de los elementos que puede considerarse imprescindible en los muebles de jardín. Un lugar donde al frescor que ofrecen las plantas encontramos un espacio donde aislarnos.

La firma Pottery Barn es una auténtica especialista en muebles de exterior. Sus combinaciones están siempre compuestas por excelentes algodones en los textiles y magníficos parasoles que resguardan del sol en las horas centrales del día.

Los textiles neutros como el beige son una apuesta segura, sin olvidar los rojos y azules, tan habituales al borde del mar, ideales para el mobiliario de mayor relax como los sofás o sillones de exterior.

Las composiciones en ‘L’, de los asientos, son ideales para que todos aquellos que participen en el encuentro se vean las caras. Un butacón sin respaldo puede servir con la misma disposición de asiento o de mesa auxiliar.

A la luz de la Luna

Si es de los que gusta de la vida nocturna sin salir de casa, puede disfrutar de su hogar a partir de la puesta de sol y ofrecer a sus amigos cálidas noches a la luz de la luna perfectamente iluminadas.

La fusión entre lo tradicional y lo contemporáneo la encontramos en Wind. La colección diseñada por Jordi Vilardell para Vibia incorpora un nuevo modelo: un parasol con una práctica pantalla giratoria que se inclina para adaptarse a las necesidades de cada espacio.



La elección de un material, la fibra de vidrio, a través de una innovadora transformación industrial, da a este refrescante diseño un aire a las pantallas de antaño.

Gracias a su difusor de metracrilato en el interior de la pantalla, genera una agradable luz general. Y Además puede elegir color en verde, naranja, blanco y negro.

Los balcones, las terrazas, son esos pequeños reductos de nuestro hogar en los que nos sentimos como auténticos reyes del tiempo y en los que disfrutamos cuando la temperatura es propicia. Recupere su espacio al aire libre, por pequeño que sea.

Contemplar el cielo de su ciudad al atardecer, o mirar el amanecer de un fin de semana cuando, sin prisas y por puro placer decide levantarse sin que el despertador le apremie, apoyado en el quicio de la puerta de la terraza o sobre la barandilla, resulta  un placer inigualable. Es como encontrarse dentro de una burbuja en medio de la ciudad.

El error es convertir ese espacio en un cajón desastre, en el trastero que no tenemos y  llenarlo de cachivaches que no utilizamos a diario; la despensa que nos falta en la cocina o el zapatero en el que poner el calzado de otras temporadas, con la escalera o la bicicleta de los niños por el medio.

Si lo decora de acuerdo a sus posibilidades, se convertirá en un rincón en el que refugiarse. Detalles sencillos, que no ocupan espacio, pero que cumplen su función a la perfección, pueden darle la solución para una cena romántica al aire libre, para un desayuno relajado, o para un aperitivo sin prisas.

Un pequeño espacio al aire libre puede convertirse en un paraíso, no digamos si los metros se apoderan de la última planta y le regalan una vida en la ciudad en la que parece, pese a los tejados de los edificios, que se encuentra en plena naturaleza.

El servicio de decoración de El Corte Inglés propone huir del  aire acondicionado, tan propicio para combatir el calor, pero tan pernicioso para la garganta, y decorar ese espacio del exterior de la casa para gozarlo. “No hay que olvidar que para que el balcón resulte un espacio agradable hay que ambientarlo de una manera atractiva, por pequeño que sea", comentan desde el departamento de decoración.

Tome asiento

¿Dónde nos sentamos? Cuando el balcón es tan pequeño, que no llega a tener el calificativo de terraza, el espacio juega en nuestra contra, pero los complementos, no.

Sea imaginativo para vivir el sol. Puede encontrar sombrillas para cubrir lo más y también para lo menos, todo depende de si prefiere salir a esa terraza en las horas centrales del día o en otros momentos donde la intensidad del sol no le deslumbre.

La firma Ikea, especialista en decorar áreas reducidas, propone sillas y mesa plegables de manera que podamos disponer de ellas, según el número de personas que haya en ese momento, de forma que no resulte, a primera vista, un lugar donde no hay hueco ni para los pies. Muebles flexibles que le permite jugar con el espacio y recogerse con la mayor soltura en caso de necesidad.

“Detalles sencillos, que no ocupan espacio, pero que cumplen su función a la perfección, pueden darle la solución para una cena romántica al aire libre, para un desayuno relajado, o para un aperitivo sin prisas”.

Colores atrevidos, como el rojo o el verde, rivalizan con el blanco, un tono que da protagonismo al verdor de las plantas, para las que también encontramos sitio, si sabemos buscarlo.

Un macetero metálico en tonos intensos para colgar, le solucionará problemas de espacio. Otra opción es un macetero metálico para barandilla, que dispone de anclajes que permiten insertarlo alrededor del tubo y ajustarlo a la medida, un idea práctica y muy válida para no prescindir del apartado natural que se presupone se debe disfrutar al aire libre.

En uno de los extremos del balcón puede colocar una estantería y, en lugar de colocar los tradicionales libros, sustitúyalos por plantas ligeras, de flor corta o que caiga sobre la del estante inferior. Un elemento útil que también le permitirá colocar revistas o los instrumentos necesarios para su cuidado.

Para las noches, las propuestas se concentran en portavelas metálicos en varios colores, que incorporan un práctico sistema que se cuelga a la barandilla, con lo que se evita que ocupe un lugar sobre la mesa. Es una buena opción para decorar e iluminar.

Otra de las posibilidades que brindan, esta quizá más arriesgada, es completar la iluminación creando un juego de luces y sombras con antorchas de barandilla, que provocará un toque cálido de verano, cual si una hoguera en la playa se tratara, mientras suenan imaginativamente las olas.

No descuide su pequeño edén. Opciones no le faltan, es cuestión de imaginación.

¿Cuáles son sus plantas favoritas de exterior?