Regalos no deseados

Rodeados de familiares y amigos disfrutamos de la Navidad al son de los villancicos, esperamos que estas fiestas traigan consigo tiempos de alegría, paz y buenos sentimientos, pero nada más lejos de la realidad, ya que tras el gozo y descuido de nuestras normas habituales, pueden aparecer amenazas para nuestra salud.

Las grandes comidas copiosas, el exceso de vino y champán o la tentación insuperable de los dulces son más que comunes en las mesas, tanto, que según el Instituto de Obesidad engordamos una media de dos o tres kilos por persona en poco más de quince días en el período navideño.

En este tiempo la alimentación cambia y se consumen abundantes platos calóricos y con gran cantidad de grasas. Estos abusos pueden generar empachos y el regalo que nadie quiere por Navidad: el colesterol.

“En los festejos navideños engordamos de media de dos a tres kilos por persona en poco más de quince días”.

Si no queremos que las festividades nos jueguen una mala pasada debemos ser cautelosos y tener en cuenta las recomendaciones de los expertos, especialmente las personas que padezcan enfermedades como la diabetes, hipertensión o problemas cardiacos.

Cuida tu corazón

Antonio Hernández, cardiólogo del hospital Ramón y Cajal de Madrid (España), apunta en este sentido: “Esto supone un incremento del riesgo cardiovascular, debido a la conjunción del aumento de peso, grasa y colesterol”.

La organización Mundial de la Salud (OMS) considera el colesterol como uno de los principales factores de riesgo en el desarrollo de enfermedades del corazón. Además estiman que el 80% de las consecuencias por enfermedades cardiovasculares podrían haberse evitado siguiendo una dieta saludable.

Para los que crean que es una exageración existen datos que demuestran que el día de Navidad, el 25 de diciembre, es el que registra más fallecimientos por paro cardíaco de todo el año, seguido del 26 de diciembre y del 1 de enero, indica la Fundación Española del Corazón (FEC).

La emotividad, el estrés y las típicas desavenencias familiares son factores externos que también pueden afectar a la salud, especialmente en Navidad. “Estos elementos no son determinantes para desarrollar una enfermedad cardiovascular, sin embargo pueden ser más perjudiciales si ya se sufren problemas cardíacos o un alto riesgo de padecerlos”, comenta Juan Manuel Escudier, miembro de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y cardiólogo del Hospital Universitario Puerta del Hierro de Madrid, España.

Según la OMS en el mundo existen más de 346 millones de personas con diabetes. Durante las Navidades los ingresos hospitalarios de estas personas aumentan por descompensaciones en sus niveles de glucemia o azúcar en la sangre.

“Es una realidad que se repite cada año”, asegura el doctor Pedro de Pablos, profesor de Medicina y jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Juan de Negrín de las Palmas de Gran Canaria, España.

Analizar el menú

Estas personas tienen un trastorno metabólico que les impide regular los niveles de glucemia, que suben después de cada ingesta. Los problemas no se queden en el azúcar, teniendo en cuenta que “ocho de cada diez diabéticos además padecen obesidad”, como comenta De Pablos.

El profesor explica que hay que analizar el conjunto del menú, teniendo especial vigilancia con los hidratos de carbono, que son los que luego se convertirán en azúcares. Por ejemplo, si se toma un primer y segundo plato ligero, en el postre se puede “levantar la mano” y comer algo dulce. Por el contrario, si alguno de los platos principales ha sido contundente, es aconsejable no tomar postre o decantarse por una pieza de fruta.

“La emotividad, el estrés y las típicas desavenencias familiares son factores externos que también pueden afectar a la salud, especialmente en Navidad”.

El Instituto de Obesidad recomienda calcular las cantidades necesarias según el número de comensales, planificando los menús con antelación para tratar de reducir sus efectos negativos. Es preferible compaginar alimentos sanos, como las verduras, con los más tradicionales de la época que contienen alto contenido en grasas. También conviene cocinar al vapor, al horno y a la plancha, además de tomar infusiones para favorecer la digestión.

El instituto aporta un ejemplo de menú saludable para estas fechas: vieras gratinadas, barquitas de endibias con ventresca, solomillo de cerdo a la naranja, tartaletas de frutas rojas

Otra sugerencia: no abusar de las salsas y preparar guarniciones ligeras. El doctor Pedro de Pablos recuerda que las salsas “generalmente contienen muchas calorías” por contener nata, mantequilla y aceite.

No abusar del alcohol

No olvidemos el gran acompañante de los festines: el alcohol. El abuso de su consumo puede derivar a síntomas como la deshidratación, el dolor de cabeza y las náuseas. Evidentemente es preferible no beber, sin embargo es ineludible al menos brindar por el Año Nuevo, así que la mejor medida de prevención es no abusar, evitando las bebidas de elevada graduación alcohólica, que son las más perjudiciales.

“El 25 de diciembre es el día que registra más fallecimientos por paro cardiaco de todo el año”.

“Es aconsejable no pasarse con los licores o “brandys”. Sobre todo debemos tener en cuenta tanto la cantidad como la calidad”, asegura la OMS.

Si no ha seguido estas recomendaciones y la indeseable resaca le llega a la mañana siguiente, la organización señala la importancia del agua en estos casos, ya que ayuda a recuperar los minerales y oligoelementos perdidos. Si es posible, es muy beneficioso beber varios vasos antes de acostarse, para que al día siguiente la recuperación no sea tan costosa.

Resfriado y gripe

Además de los atracones de comida y alcohol, los resfriados y la gripe aparecen con frecuencia en Navidad. Según Salvador Tranche, secretario de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria: “El resfriado es, fundamentalmente, una enfermedad de tipo vírica y el numero de virus que lo produce es muy variado, por ello, no tenemos ninguna capacidad de prevención.”

La gripe estacional se caracteriza por fiebre alta, tos, dolores musculares, articulares, de cabeza y garganta, intenso malestar y abundante secreción nasal. Aunque en la mayoría de los casos los síntomas suelen desaparecer en el plazo de una semana, para algunos grupos puede convertirse en una enfermedad grave, explica la OMS.

“Quienes corren mayor riesgo son los menores de dos años, los mayores de sesenta y cinco y las personas de todas las edades con determinadas afecciones, como enfermedades crónicas cardiacas, pulmonares, renales, sanguíneas, hepáticas o patologías metabólicas como la diabetes”, subraya la entidad.

Esta Navidad no baje la guardia. ¡Cuide su salud!

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