Noche de paz

Hay lugares paradisíacos para celebrar la Navidad, no por la cantidad de palmeras o de glaciares, sino por su capacidad para transmitir paz. Frente al turismo de guerra, diversión y aventura, le proponemos los sitios más inspiradores para recibir como se merece el mejor año de nuestras vidas. Desde el desierto de Wadi Rum a la bahía de Halong en Vietnam.

Las vacaciones son sinónimo de desconexión, de liberarse de la rutina y del ajetreo del día a día, para experimentar un tiempo de tranquilidad. Y qué mejor forma de conseguirlo que en los lugares que proponemos a continuación.

“El monte Kilimanjaro, observado desde Kenia, es una de las visiones más estimulantes a las que puede enfrentarse el ser humano”.

Como alternativa al ruido de las grandes ciudades y de las fiestas y juergas que caracterizan el inminente periodo navideño, sugerimos una suerte de turismo espiritual, con una serie de emplazamientos naturales que sobrecogen el alma del viajero e invitan a la más profunda introspección y en los que es posible pasar una auténtica noche de paz.

La insignificancia del ser humano

Uno de esos lugares que nos hacen tomar conciencia de lo insignificantes que somos, es el desierto de Wadi Rum en Jordania, considerado uno de los sitios más bellos de la Tierra y que fue escenario de la epopeya de Lawrence de Arabia.

Al sur de Petra y cerca del mar Rojo, se extiende este majestuoso emplazamiento, poblado por altas formaciones rocosas labradas por la erosión del agua y del viento, que tienen más de 4.000 años de antigüedad y se elevan hasta los 1.700 metros de altura.

“Las paredes del Cañón del Colorado toman, según la luz, una increíble variedad de colores que sobrecogen al viajero”.

Un lugar que transmite a la perfección la tranquilidad de los espacios inmensos y sin límites, donde el visitante puede explorar cañones, depósitos de agua y descubrir pinturas de la cultura tamúdica, anterior al islam, grabadas en las paredes de las cuevas.

De entre todas esas formaciones rocosas destacan el puente de piedra de Burdah, o Los siete pilares de la sabiduría, una montaña bautizada así en honor de Lawrence de Arabia y donde los más atrevidos pueden practicar la escalada.

Sensaciones similares son las que despierta en Estados Unidos el Cañón del Colorado, situado en Arizona, cerca de la frontera de Utah, donde sus imponentes gargantas socavadas en la piedra toman una increíble variedad de colores en función de la luz del sol.

Con unos atardeceres especialmente hermosos, este lugar de 446 kilómetros de longitud, también conocido como el Gran Cañón, surgió de la incidencia del río Colorado, que permitió la formación de cordilleras de entre 6 y 29 kilómetros de ancho y cuya profundidad que llega a alcanzar los 1.600 metros.

Además de sus cañones, este lugar posee todo tipo de formaciones inusuales, como mesetas y torres, y puede recorrerse a pie a través del recorrido Bright Angel, y en avioneta o helicóptero, siendo esta última opción la más recomendable para apreciar el entorno en toda su majestuosidad.

La plaza a través del agua

Pero no sólo los desiertos encogen el alma de las personas. Ya en Chile, otro lugar que transmite al viajero una paz inenarrable, son las lagunas altiplánicas, ubicadas a 90 kilómetros de San Pedro de Atacama. De entre las distintas extensiones de agua que se hallan en el desierto de Atacama, destacan las lagunas Miscanti y Miñique, situadas a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar y cuyo territorio comprende 10.977 hectáreas.

En concreto, Miscanti tiene una superficie de 15 kilómetros cuadrados, y sus aguas azules reflejan a la perfección la blanca nieve del volcán homónimo que corona la laguna, un lugar donde habitan grandes colonias de flamencos.

“El desierto de Wadi Rum en Jordania, con sus imposibles formaciones rocosas, es uno de los lugares más bellos del mundo”.

Miñique, sin embargo, mide 1.500 kilómetros cuadrados de superficie, pero compensa este reducido tamaño con su inmenso volcán, que se eleva hasta casi los 6 kilómetros.

Como ya ocurriera en el Gran Cañón o en Wadi Rum, las atípicas formaciones rocosas vuelven a ser las protagonistas en otro soberbio emplazamiento natural, como es la bahía de Halong, en Vietnam, una extensión de agua de 1.500 kilómetros cuadrados situada en la provincia de Quang Ninh, a 170 kilómetros al este de Hanói.

Extendida a lo largo de una costa de 120 kilómetros, está considerada una de las de las siete maravillas naturales del mundo, poblada por más de 3.000 islas e islotes de roca caliza que emergen a gran altura de un mar verde esmeralda.

La mayoría de esas islas están cubiertas de espesa vegetación y muchas de ellas contienen grandes cuevas repletas de estalactitas y estalagmitas, siendo Halong la formación rocosa más grande y una de las pocas habitadas, donde la belleza se localiza más en lo que siente el cuerpo que en lo que ven los ojos, sobre todo durante las pacíficas noches que se respiran en la bahía.

Cambiando de continente, otra de las visiones más estimulantes que puede experimentar el ser humano se halla en Kenia, gracias al monte Kilimanjaro, la montaña más alta de África.

Cubierta de nieves perpetuas, este monte se eleva en mitad de la sabana africana para ofrecer al viajero un espectáculo único del que ya se hizo eco Ernest Hemingway en una de sus obras más célebres.

Casi 6 kilómetros de altitud en una formación emblemática cuya cumbre más elevada se halla en Tanzania, aunque es desde Kenia donde puede apreciarse en todo su esplendor.

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