Museos para todos

Muchos son los turistas reacios a entrar en un museo porque los consideran aburridos, pero la imaginación del hombre y sus intereses son tan grandes que se pueden encontrar museos tan curiosos como el de la confitura, el de la pasta de dientes, el del arte malo o uno con un nombre tan sugerente como el de “las piedras soñadoras”.

El museo, ese lugar que fomenta el interés por áreas como el arte, la historia del hombre o las ciencias naturales, suscita en muchas personas el más puro aburrimiento, pero no tiene por qué ser así: existen museos de lo más curiosos, que responden a los más variopintos intereses y gustos del ser humano.

“Entre los más peculiares se hallan el Museo del Pelo, de Missouri, el de la pasta de dientes, de Michigan, o el del retrete, de Nueva Delhi”.

Según el diccionario de la Real Academia Española, un museo sería un lugar “donde se exhiben objetos o curiosidades que pueden atraer el interés del público, con fines turísticos”. Así pues, atendiendo estrictamente a esta definición, es lógico que existan sitios como el museo de la confitura, el de la pasta de dientes o incluso el del arte malo.

El coleccionismo como punto de partida

Muchos de los museos se originan a partir de una colección privada que su propietario va incrementando con el paso del tiempo, hasta que finalmente adquiere unas dimensiones fuera de lo común.

Eso es justamente lo que le ocurrió a una pareja de Pasadena (California, Estados Unidos) que, después de pasar varios años recolectando objetos relacionados con los conejos, como peluches o teléfonos, acumuló hasta 26.000 piezas, con las que fundó el Museo de los Conejos.

El coleccionismo compulsivo también llevó a un hombre de Massachusetts (Estados Unidos) a crear un museo sobre latas de cerveza, dedicado exclusivamente a este recipiente y que ya cuenta con más de 5.000 ejemplares diferentes.

Igualmente hay quien gusta de coleccionar pelo, y así es como nació el Museo del Pelo de Missouri (Estados Unidos), con más de 500 coronas hechas con cabello y 2.000 piezas de joyería, de las cuales algunas incluyen pelo de Abraham Lincoln o Marilyn Monroe, según sus responsables.

“El MOBA, el museo del arte malo de Boston, exhibe cuadros de dudoso gusto, recogidos en su mayoría de la basura”.

Pero si hay una colección que se lleva la palma es la del responsable del Salón de la Fama de las Cucarachas de Texas, un museo dedicado en exclusiva a estos insectos, con algunos de ellos caracterizados como Elvis Prestley o Santa Claus.

Otros tipos de arte

El arte también puede ser muy malo. Es algo que remarca el MOBA, el Museo de Arte Malo de Boston, que posee más de 600 piezas entre esculturas y cuadros que, en su mayoría, fueron hallados en la basura.

Para muchos, la falsificación es un arte, y en eso se centra el Museo de las Falsificaciones de París, que exhibe más de 350 artículos de imitación, desde joyería a prendas de ropa.

El humor también posee su propio museo, el Museo del Humor, situado en Fene (España) y que recoge más de 300 trabajos gráficos y literarios de humoristas nacionales e internacionales.

Museos de comida

Con todos los tipos de alimentos que existen, es lógico que se hayan fundado lugares como el Museo de la confitura de Torrent (España), que descubre a los visitantes los secretos de las mermeladas y de las confituras, y que investiga cada año nuevos sabores.

Asimismo, McDonald’s cuenta con su propio museo, situado en Illinois (Estados Unidos) y que recrea fielmente cómo eran los establecimientos de la marca de hamburguesas en los años cincuenta.

“Existen museos de lo más curiosos, que responden a los más variopintos intereses del ser humano”.

Y, después de comer, hay que lavarse los dientes, como nos recuerda el Museo de la Pasta Dental de Michigan (Estados Unidos), con sus miles de tubos de dentífrico de distintas épocas y países, algunos de ellos con sabor a whisky.

Subidos de tono y escatológicos

Los interesados en el sexo y en todas sus formas de expresión disfrutarán en los diferentes museos del sexo que existen en lugares como Amsterdam, París o Guangdong (China), que muestran distintas manifestaciones de la práctica sexual a lo largo de la historia del hombre, a través de esculturas, grabados, fotografías o libros.

Incluso existe un museo dedicado al pene, la Faloteca de Reikiavik (Islandia), que cuenta con cientos de penes de prácticamente todas las especies del país -incluido el ser humano- y en la que destaca un órgano reproductor de 1,70 metros correspondiente a un cachalote.

Y muy escatológico resulta el Sulabh Museum of Toilets de Nueva Delhi (India), un museo del retrete que abarca desde váteres primitivos hasta los más actuales inodoros y que tiene un equivalente, a menor escala, en la localidad alemana de Wiesbaden-Erbenheim.

Para todos los gustos

Otro museo que llama la atención es el Bata Shoe Musem de Toronto (Canadá), dedicado a los zapatos, que reúne alrededor de 12.500 piezas de calzado de todos los países y épocas. También resulta muy llamativo el Museo de las Piedras Soñadoras de Galipán (Venezuela), cuya colección está compuesta por obras de arte hechas con piedras del mar Caribe.

Los aficionados a James Bond tienen su paraíso en el Museo del Espionaje de Washington (Estados Unidos), con sus armas camufladas y otros objetos usados por espías, mientras que los fanáticos de los extraterrestres lo pasarán en grande en el Museo del Ovni de Roswell (también en EE.UU.), que recopila documentos sobre la supuesta existencia de alienígenas.

Así que, ya saben, que un museo sea aburrido o no, depende de cada persona y de la temática del centro, porque, como hemos visto, existen museos para todos los gustos.

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