Miel con esencia de café

Las plantaciones de café de Costa Rica, reconocidas por su calidad internacional, ya no solo producen este grano sino que además sirven de alimento a cientos de miles de abejas que fabrican la única “miel de flor de café” del mundo.

La miel de café, producida en colmenas dentro de los mismos cafetales, está en proceso de obtener una certificación de origen que garantice su sabor y calidad, y sobre todo, que es una delicia nueva y única a nivel mundial.

La zona de los Santos, montañas al sur de San José de Costa Rica, están dedicadas en un 90 por ciento a la producción de café y son la cuna de estas abejas que se alimentan, casi exclusivamente, del néctar de las flores de las plantas cafeteras, lo que da a su miel características especiales, como un tono más cristalino.

Colmenas y cafetales

Los productores de esta zona, cafetaleros por tradición, se dieron cuenta hace unos treinta años de que las flores de estas plantas atraían a las abejas, a pesar de que las plantaciones están ubicadas entre los 1.200 y 2.000 metros de altura.

Fue así como surgió la idea de aprovechar la miel y desarrollar una nueva industria. Hoy, la Asociación de Productores Apícolas de Los Santos (Apisantos) agrupa a 33 productores de tres poblados, que mantienen unas 1.800 colmenas activas durante todo el año.

En todo el país se contabilizan unas 30.000 colmenas repartidas en cerca de 900 apiarios, pues, debido al clima, siempre hay flores de café en diversas partes de Costa Rica.

El presidente de Apisantos, William Mora, explica que la relación entre las abejas y el café es de mutuo beneficio, pues estos insectos ayudan a la polinización de las plantas, lo que aumenta su productividad, y de ellas reciben alimento, por lo que la unión de ambos productos es natural y sencilla, sin impacto ambiental negativo.

“EN TODO EL PAÍS SE CONTABILIZAN UNAS 30.000 COLMENAS REPARTIDAS EN CERCA DE 900 APIARIOS, PUES DEBIDO AL CLIMA SIEMPRE HAY FLORES EN DIVERSAS PARTES DE COSTA RICA.”

En los terrenos quebrados donde crecen los cafetos (plantas de café) se divisan las cajas de madera que sirven de colmena; en cada una habitan entre 60.000 y 75.000 abejas obreras y, por supuesto, una reina.

Luis Sánchez, del Centro de Investigaciones Apícolas de la estatal Universidad Nacional de Costa Rica (UNA), indica que el reto de los productores es desarrollar productos con valor agregado que aprovechen esa “alianza natural” entre las abejas y el café y que es una suerte de intercambio de “servicios ecosistémicos” del cual sale una “miel gourmet”.

Construyendo colmenas

La producción de miel se inicia con la construcción de la colmena. Simples cajas de madera en cuyo interior existen varias láminas planas de cera, sobre las cuales las mismas abejas construyen su red de celdas hexagonales para depositar polen, néctar y  larvas.

Mora, quien también es propietario de una empresa productora de miel y productos derivados, detalla que, en pocos días, la plana lámina original se convierte en un verdadero panal lleno de miel, especialmente en época de floración del café, entre mayo y octubre.

En condiciones normales, las abejas pueden volar hasta 20 kilómetros a la redonda hasta encontrar comida, pero en la zona de Los Santos eso no es necesario, pues la abundancia de flores de café les facilita su labor.

Esta dieta exclusiva no molesta a las abejas, por el contrario, ya que su ciclo de vida es de apenas unos 45 días.

Expertos de la UNA han comprobado con exámenes de laboratorio que la miel producida en esta región es “unifloral”, ya que las abejas tienen una sola fuente de alimento: el café, mientras que en la naturaleza, las mieles normales son “multiflorales”, es decir, producto de néctares de diversas plantas.

Del panal al envase

Cuando los panales de cada colmena están llenos de miel se extraen de las cajas y se llevan a un sencillo centro de acopio donde, con un cuchillo especial, se separan las celdas y su valioso contenido de la lámina de cera original.

Para terminar la extracción de la miel, la lámina se coloca en una especie de secadora, la cual, por acción de la fuerza centrífuga, termina de limpiarlas. Cada caja, es decir, cada colmena, puede producir hasta 25 kilos de miel.

En este punto, la miel silvestre se puede consumir sin ningún problema, incluso mezclada con la cera de las celdas del panal.

Sin embargo, las pequeñas empresas locales realizan labores de inocuidad de la miel antes de envasarla y ofrecerla a los consumidores.

Su objetivo, afirman, es exportar su producto, pero por ahora están enfocados al mercado local, pues Costa Rica es un importador neto de miel.

Pero no solo miel sale de estas colmenas: Ecomiel, la empresa de Mora, ha puesto en el mercado productos como el polen, el polvillo de las flores que las abejas recogen con sus patas y humedecen con el néctar.

El polen, asegura este productor apícola, tiene aminoácidos y enzimas que benefician al hígado y al sistema inmunológico.

A partir de la miel preparan también una jalea energética con polen, y un jarabe de propóleos, una sustancia balsámica que las abejas recogen de los árboles y que tiene efectos antibacterianos, antioxidantes y cicatrizantes.

Miel “gourmet”

La miel ha estado en las mesas del hombre desde antiguas civilizaciones, endulzando platillos y hasta como un producto sagrado.

Hoy, son reconocidos sus beneficios a la salud por encima del azúcar de caña, aunque persisten algunos mitos. El más común es que si la miel se cristaliza en el envase es de mala calidad.

Gabriel Zamora, del Centro de Investigaciones Apícolas, aclara que la realidad es exactamente la contraria: una buena miel tiende a cristalizarse por la acción de la glucosa.

“La miel está compuesta en un 82 por ciento por azúcares, un 17 por ciento de agua y un 1 por ciento de enzimas. Entre esos azúcares destacan la fructosa y la glucosa, esta última no se diluye en agua y tiende a cristalizar de acuerdo con la temperatura”, señala.

Por esta razón, los apicultores de Costa Rica han desarrollado una especie de jalea de miel, para que los consumidores entiendan que no solo las doradas mieles líquidas son comestibles.

En su labor cuentan con el apoyo del Ministerio de Agricultura, y la Universidad Nacional, para los cuales obtener la denominación de origen para la miel de flor de café es un paso fundamental.

El objetivo, dicen, es que, al igual que el café, la miel costarricense sea reconocida en el mundo como un producto exquisito y de alta calidad; al final, son dos caras de la misma industria.

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