Las mascarillas, qué buenas amigas

Como buenas amigas, las mascarillas acuden en ayuda de la piel cuando los cuidados diarios no bastan para iluminar la piel, borrar los signos de fatiga, calmar las dermis más irritadas o simplemente para aportar un flash de belleza.

Mantener la piel bonita e hidratada es responsabilidad exclusiva de su propietaria. No basta con vivir de las rentas que la genética deja de herencia, sino que se debe cuidar y mimar a diario para que la dermis envejezca lo más tarde posible y con la mayor dignidad.

El actual ritmo de vida, el estrés, los malos hábitos alimenticios, la falta de sueño, los trastornos hormonales y las dietas ricas en grasa y azúcar ralentizan la regeneración celular y aceleran en envejecimiento prematuro. Para paliar el daño, las mascarillas, como buenas amigas, acuden en auxilio de la piel y la aportan todos sus beneficios para que luzca en todo su esplendor.

“La mascarilla no se tiene que concebir como una solución de urgencia, sino que se debe incluir en el neceser como un tratamiento semanal”.

A partir de los treinta años, “la piel empieza a perder su lozanía y surgen las primeras líneas de expresión. Es el momento de estudiarlas y conocer si se han producido por el desplome de la estructura de la piel o bien por la contracción y la relajación de los músculos”, explica la esteticista Felicidad Carrera.

Ante este hecho, se deben tomar medidas y recurrir a la cosmética, sobre todo a los beneficios de las mascarillas, productos que poseen eficaces ingredientes que colaboran en la recuperación de la belleza. “Se debe tener en cuenta que cada zona del cuerpo necesita su mascarilla específica”, advierte Felicidad Carrera, quien asegura que hoy en el mercado se puedo adquirir para “el rostro, los ojos, los labios, las manos, los pies o el cabello”.

La mascarilla no se tiene que concebir como una solución de urgencia, sino que se debe incluir en el neceser como un tratamiento semanal. A la hora de aplicarla, como mínimo una vez a la semana,  “resulta imprescindible limpiar la piel y si es necesario exfoliarla para retirar las células muertas. Así, los principios activos de la mascarilla penetrarán mucho más en la dermis y el resultado será mejor”, explica la esteticista.

Vitaminas y oligoelementos

Las mascarillas tienen funciones distintas, dependiendo del tipo de piel y de la parte de cuerpo donde se aplique. Las más comunes son las de efecto calmante e hidratante, que resulta idónea para restaurar las pieles dañadas por el sol u otros agentes medioambientales, además de aportar una capa protectora que ofrece sensación de confort. Este producto actúa reteniendo al máximo la humedad en la piel.

Mientras que las nutritivas, ricas en vitaminas y oligoelementos,  se encargan de aportar alimento a la piel y nutrirla, las reafirmantes aportan un efecto “lifting” y trabajan para minimizar los signos de cansancio, fatiga  y estrés.

Las mascarillas diseñadas para combatir la contaminación tratan de iluminar la tez con aspecto triste y gris provocado por el humo del tabaco y la polución. Por su parte, las de efecto purificante se concentrar en fundir la grasa y despejar los orificios pilosebáceos de suciedad e impurezas.

Las de efecto relajante tienen le misión de mitigar los daños provocados por los excesos de la noche o una larga jornada de trabajo. Tras su aplicación, la piel se renueva y ofrece un aspecto luminoso, terso y liso. Para todo tipo de pieles, Felicidad Carrera recomienda mascarillas que otorgan un resplandor a la piel de forma inmediata. “Son productos muy agradables y ofrecen sensación de frescor, además de tonificar y mantener el equilibrio hídrico de la piel”.

“Para pieles maduras están destinadas las mascarillas tensoras, que luchan contra la pérdida del colágeno, al mismo tiempo que aportan firmeza y revitalizan la dermis”.

Para pieles maduras están destinadas las mascarillas tensoras, que luchan contra la pérdida del colágeno, al mismo tiempo que aportan firmeza y revitalizan la dermis. Sin embargo, resultan imprescindibles los cuidados paliativos en las zonas tan sensibles del rostro como los ojos y los labios, ya que el cansancio y el paso del tiempo deja huella sobre ellos.

Sometidas a las agresiones del sol, el viento, jabones, detergentes, las manos necesitan los nutrientes de las mascarillas para transformar unas manos envejecidas y ásperas en otras suaves y jóvenes. Castigados por el sol, el salitre del mar o las aguas cloradas de las piscinas, el cabello requiere, además de champú y suavizante, una mascarillas específica que lo hidrate y le devuelva el brillo que se merece.

No se tiene que pasar por alto los pies, sobre todo cuando están sometidos a la dictadura de los tacones. Las mascarillas refrescantes y descongestionantes son sus mejores aliada, más cuando al día siguiente tienen por delante una dura jornada de trabajo.

¿Qué tipo de mascarilla suele usar?

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