La templada Busan

Rodeada de montañas, Busan se encuentra en el extremo sur de la península de Corea y disfruta, debido a su situación, de un clima más templado que el resto del país, además de tener muchas influencias de Japón, adonde se puede viajar en menos de tres horas en barco.

La mejor manera de llegar Busan desde Seúl es tomando el tren de alta velocidad KTX, que en unas dos horas y media conecta ambas ciudades.

La mayor atracción de la urbe es, sin duda, la playa de “Haeundae”, centro del ocio de una ciudad que vive de cara al mar y que en verano reúne a cientos de miles de turistas surcoreanos que abandonan el trajín de Seúl para relajarse en esta otra capital, la del sur.

“Haeundae” ha sido el centro de un “boom” inmobiliario que ha hecho que se encuentre rodeada de rascacielos, hoteles y apartamentos de lujo, mientras que cada año su playa  llega a congregar hasta un millón de personas, lo que ha llevado al Libro Guiness de los Records a inscribir este espacio como el de mayor concentración de sombrillas del mundo.

“La mayor atracción de la urbe es la playa de “Haeundae”. Cada año esta playa  llega a congregar hasta un millón de personas, lo que ha llevado al Libro Guiness de los Records a inscribir este espacio como el de mayor concentración de sombrillas del mundo”.

Otro récord del que se enorgullece la ciudad es el de contar con el mayor centro comercial del mundo, el Shinsegae Centum City, que dispone de 5,4 millones de metros cuadrados para dedicarse a uno de los pasatiempos predilectos de los surcoreanos: visitar tiendas.

Históricamente, Busan ha sido la puerta de entrada de las invasiones japonesas a la península coreana y el principal puerto del comercio con su país vecino, por lo que conserva una gran influencia nipona.

Japón construyó y dio forma al primer gran puerto en Busan, desde el que expandió su control sobre la península coreana entre 1910 y 1945. Este período es recordado con amargura por los surcoreanos, pero en él se realizaron las primeras grandes infraestructuras modernas del país.

Durante la Guerra de Corea (1950-53), Busan fue declarada capital, ya que era la única gran ciudad que no cayó en manos del ejército del Norte apoyado por Rusia y China, lo que también la convirtió en un gran campo de refugiados.

Con el fin de la contienda y, sobre todo, con el gran desarrollo surcoreano desde los años 80, la urbe ha experimentado una rápida modernización, pese a conservar un aire rural que le imprime un carácter único.

Su localización estratégica ha convertido su puerto en el quinto más importante del mundo por el gran volumen de contenedores que mueve anualmente y en la plataforma logística más importante para gigantes como Samsung o Hyundai.

El mayor mercado de pescado

En el puerto se puede visitar el mercado de pescado de Jagalchi, que apenas ha cambiado su modo tradicional de presentar peces y mariscos en la calle con el dedicado trabajo de las “ajummas”, mujeres mayores que se dedican a servir y vender el producto fresco, sazonado o desecado.

Jagalchi está considerado el mayor mercado de pescado de Corea del Sur y más desde que se amplió con el gran edificio de Shindonga, donde bajo techo se pueden adquirir pescados y mariscos vivos y comerlos, unas plantas más arriba, acompañado con el más popular licor coreano: el “soju”.

El “hue” o pescado crudo es el plato más popular y, para los más osados, existe la posibilidad de comer pulpo troceado vivo (sannkji), que sigue moviéndose en el plato bastante tiempo después de ser servido con aceite de sésamo.

“Jagalchi está considerado el mayor mercado de pescado de Corea del Sur”.

Busan también es famosa por la viveza de sus barrios, como Seomyeon, uno de los centros de compras y diversión nocturna más populares de la capital, junto con Nampo-dong o la zona universitaria de Kyungsung.

Entre las visitas al Busan antiguo destaca la del templo budista de Beomeosa, que se encuentra en la montaña de Geumjeong, una de las que rodea la ciudad y que pone el contrapunto a los rascacielos y el bullicio de las calles más céntricas.

Beomeosa fue construido hace unos 1.300 años y es un lugar ideal para asistir a la ceremonia del té o conocer la rutina de la secta Jogye, la más numerosa de Corea del Sur, e incluso compartirla, si se desea pasar unas noches viviendo como un monje.

Otra de las atracciones de la ciudad es su acuario, situado en la playa de “Haeundae” y que con más de 35.000 especies de peces, algas, reptiles y anfibios, es ideal para aquellos que deseen descansar de la algarabía de la siempre bulliciosa playa.

Busan también es famoso por sus baños públicos o “jimjilbang”, que con sus piscinas frías y calientes, saunas y zonas de descanso y ocio son el lugar predilecto de los surcoreanos durante el fin de semana.

En la estación de Oncheonjang se pueden visitar muchos de estas casas de baños y a unos quince minutos de paseo se encuentra el Hotel Nongshim, que dispone en sus instalaciones del “jimjilbang” más grande de Asia, con capacidad para 2.000 personas.

Como colofón, la famosa playa de “Haeundae” es el escenario de otra tradición muy extendida entre los surcoreanos: esperar al atardecer frente al mar y lanzar fuegos artificiales a la caída de la noche.

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