La reserva energética de China

Xinjiang es, junto al Tíbet, la provincia más apartada de China, alejada física y psicológicamente del oriente del país, donde se ha concentrado el desarrollo económico de la última década, pero que ahora aspira a recuperar el tiempo perdido y a sacar provecho de los recursos naturales sin explotar que colman su subsuelo.

Ciertos factores surgen como un obstáculo a esa voluntad: los 3.820 kilómetros que separan a la capital provincial, Urumchi, de Pekín, que requieren un vuelo de 4,5 horas u 84 horas de ruta en condiciones óptimas.

Urumchi figura además en el libro récord Guinness como la ciudad del mundo más alejada de cualquier mar u océano.

A este aislamiento hay que sumar los problemas de seguridad que ha sufrido la región y que están vinculados a focos de rebelión asociados a la minoría uigur.

Si China tiene 55 minorías étnicas reconocidas, trece de ellas (uigur, kazakos, kirguís, hui, mongoles, xibe, tayikos, uzbekos, manchurianos, rusos daur, tártaros y han) han vivido en estas tierras por generaciones impregnándose de la influencia de las ocho fronteras internacionales que tiene (con Mongolia, Rusia, Kazajistán, Tayikistán, Kirguizistán, India, Pakistán y Afganistán) a lo largo de 5.600 kilómetros.

Las cifras y dimensiones en esta provincia impresionan: con sus 1,6 millones de kilómetros cuadrados tiene una superficie más de tres veces mayor a España, aunque su densidad demográfica es pequeña con casi 22 millones de habitantes, de los que unos 10,7 millones pertenecen a alguna minoría étnica.

Sin embargo, el subsuelo de esta apartada provincia contiene en sus entrañas recursos naturales que abrirían el apetito de cualquier inversor y que explican las elevadas ambiciones del Gobierno provincial autónomo, aunque sólo sea teórica.

El suelo de Xinjiang contiene el 30 por ciento del total de reservas de petróleo de China, el 34 por ciento del gas natural, el 40 por ciento de carbón, además de producir el 40 por ciento de algodón del país.

Comercio del ketchup

Los expertos estiman que en las tierras xinjianesas pueden encontrarse hasta el 90 por ciento de la lista de minerales existentes en territorio Chino. Además, un dato anecdótico: el 28 por ciento del ketchup que se comercia internacionalmente proviene de Xinjiang.

Tales riquezas, sin embargo, requieren de grandes inversiones para ser explotadas y a eso apunta la decisión del Gobierno provincial de organizar visitas oficiales desde el exterior para dar a conocer directamente a inversores y periodistas sus potencialidades.

Una renovada estrategia de desarrollo económico propio que busca esquivar a Pekín y que apunta directamente a desarrollar los vínculos con el exterior, lo que explica la pretensión de convertir Urumchi en un centro internacional de enlaces aéreos, según reveló a un grupo de periodistas extranjeros en visita oficial a China el vicegobernador de Xinjiang, Kurexi Mahesuti.

“Xinjiang está más cerca del mundo de lo que uno se puede imaginar. Está más próxima a Europa y a Rusia que a Pekín”, señaló al mencionar que ya existen doce conexiones aéreas con los países adyacentes y vuelos directos a Moscú, así como planes de establecer otro con Fráncfort y abrir un puerto terrestre con las naciones vecinas.

La ambición de las autoridades es que Xinjiang alcance el nivel del resto del país y supere el retraso actual en cuanto a ingresos por habitante, que alcanzan los 4.600 dólares en esta provincia riquísima en recursos naturales frente al máximo de 13.000 dólares en Tianjin y lejos también de los 12.700 y 12.400 dólares de Shangai y Pekín, respectivamente, y de los poco más de 8.400 dólares del país en su conjunto. Mahesuti declaró que el objetivo es alcanzar el nivel de ingreso del resto del país en 2015.

En un país cerrado por ahora a la evolución política y en el que se persigue a quienes pueden ser percibidos como una amenaza al sistema político de partido único, la economía sigue, muy por el contrario, los vientos del libre mercado a ultranza.

“Nosotros alentamos a los empresarios a venir a Xinjiang, a procesar aquí los recursos y a aumentar así los ingresos de la provincia”, dijo el vicegobernador.

La voluntad oficial choca con las amenazas vinculadas a la actividad de grupos independentistas, principalmente de la etnia uigur, que reclaman la creación de un “Turkestán Oriental” y que China considera terroristas, una situación que se mantuvo lejos de la vista de la opinión pública internacional hasta que en 2009 estalló una revuelta uigur que fue violentamente reprimida por las fuerzas de seguridad china provocando unos doscientos muertos.

Frente a esta cuestión, Mahesuti reconoció que tiene lugar en su vasta provincia “una severa lucha contra las fuerzas separatistas que intentan escindir nuestro país” y a los que equiparó “con pequeños grupos antichinos locales y extranjeros que buscan causarnos problemas”.

No obstante, aseguró que las actividades violentas son “muy limitadas” y están “restringidas a ciertas áreas” en el interior de la provincia.

“Como periodistas, ustedes pueden ver con sus propios ojos (…) En China existe un proverbio que dice que más vale ver una vez que escuchar y hablar cien veces”, dijo Muhesuti -él mismo uigur- en una conferencia de prensa con los periodistas extranjeros. A estos periodistas no se les ofreció la oportunidad de viajar a las localidades donde están concentradas las minorías musulmanas y actúan eventualmente los grupos separatistas.
Las autoridades sostienen que en todos sitios existen “personas malas que cometen actos criminales” y piden a los periodistas que no siempre establezcan una relación entre las situaciones violentes en Xinjiang y cuestiones étnicas, religiosas o de minorías.

Muy distinta es la opinión de organizaciones que, desde el exterior, intentan defender los derechos de los uigur, como el Congreso Mundial Uigur, con sede en Alemania, que sostiene que la exclusión económica de esta minoría es la causa principal del levantamiento de 2009. ”Desde hace una década, el Gobierno chino utiliza la lucha contra el terrorismo como excusa para oprimir al pueblo uigur y limitar sus derechos más básicos, como la libertad de expresión o de religión”, comenta la representante ante la Unión Europea del Congreso Mundial Uigur, Jana Brandt.

Esta organización acusa al Gobierno de Pekín de aplicar una política sistemática de asentamiento en Xinjiang de colonos han, la etnia mayoritaria en China, para modificar el equilibrio demográfico de la zona, lo que ha dado lugar a conflictos étnicos tanto en esta región, como ha ocurrido también en el Tíbet.

El censo de 2010 en China indica que de los casi 22 millones de habitantes de Xinjiang, 8,75 millones (un 40 por ciento) son han, frente a los 200.000 que residían allí en 1949, cuando Mao Tse Tung tomó el poder.

Los uigur suman unos 10,2 millones, con lo que siguen representando el grupo étnico más importante de la provincia. Esta complejidad étnica supone probablemente el reto más importante para la provincia más alejada de China, ansiosa de superar el escollo que representa la distancia que la separa de la capital y del mar.

La explotación de sus recursos naturales se erige así como el pilar del desarrollo de la región, para lo que no basta solo la ayuda de Pekín.

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