La guerra en tu salón

Criaturas fantásticas o soldados de tiempos pretéritos dispuestos para el combate. Dos ejércitos, un reglamento, unos dados y cierta visión estratégica son los componentes básicos del juego. La guerra está sobre la mesa.

Un puñado de soldados alemanes resiste en el interior de un cuartel abandonado, a la espera de refuerzos. Las tropas norteamericanas rodean el edificio y el tiroteo no se hace esperar.

Los americanos sufren la primera baja entre sus filas pero, en este caso, no hay que lamentar la pérdida. El difunto apenas mide tres centímetros y volverá a estar disponible para la próxima partida.

En esta ocasión, los jugadores han elegido enfrentarse en una batalla de la Segunda Guerra Mundial. No obstante, los aficionados a los juegos de guerra con miniaturas pueden escoger distintos ejércitos de una gran variedad de épocas históricas.

“Egipcios, romanos, cartagineses, macedonios o napoleónicos son sólo algunas de las opciones”, señala Rafael Gómez, responsable de la tienda Atlántica Juegos de Madrid, un establecimiento especializado en juegos de estrategia.

La antigüedad, la Edad Media, el Renacimiento, el periodo napoleónico, los años del colonialismo inglés, las dos guerras mundiales y la guerra moderna son, a grandes rasgos, los principales escenarios en los que se desarrollan la mayoría de las contiendas entre ejércitos de miniaturas, explica Rafael.

Para enfrentarse en una batalla, los contrincantes deben elegir bandos opuestos dentro de una misma época. Existe un reglamento para cada uno de estos periodos que sienta las bases del enfrentamiento.

Dicho reglamento y la suerte que el jugador tenga con los dados, determinan si puede abrir fuego y abatir a su oponente o si su rival logrará rechazar el ataque y salvar la vida de sus hombres.

En algunas modalidades, el libro de reglas y los dados establecen la distancia que puede avanzar cada soldado y los jugadores los desplazan ayudados por una cinta métrica.

Sin embargo, estas distancias varían dependiendo del tamaño de las miniaturas. Las medidas más comunes son 15 mm. y 28 mm., afirma Rafael.

Algunos reglamentos disponen que cuando las figuras sean de 28 mm. la distancia que deben avanzar se mida en pulgadas, mientras que cuando se trate de miniaturas de 15 mm., se haga en centímetros, añade.

No obstante, antes de entablar combate los jugadores han pintado cada uno de los soldados que componen su ejército. Se trata de un proceso minucioso en el que intentan plasmar con la máxima fidelidad posible los uniformes y las armas de una época concreta.

“Con un poco de atención, cualquiera puede aprender a pintar miniaturas”, indica Rafael.

“Las miniaturas más pequeñas resultan más fáciles de pintar porque tienen menos detalles”, asegura.

“Quienes juegan con figuras de fantasía heroica suelen ser más jóvenes que aquellos que optan por los ejércitos históricos”.

Incluso hay quienes pintan sus ejércitos con el coleccionismo como único propósito, dejando a un lado el juego propiamente dicho.

Modos de juego

Quienes sí juegan tienen dos maneras de hacerlo. Pueden recrear la situación inicial de una batalla histórica concreta, donde es posible que un ejército sea más numeroso que otro. Aunque el resultado final dependerá de la suerte y de la visión estratégica de los contendientes.

Sin embargo, cuando se trata de que la partida esté equilibrada, los jugadores establecen un número de puntos y construyen su ejército en función de ello.

Cada figura tiene un valor en puntos y la suma de todo el ejército no debe superar la cifra acordada. Esta es la modalidad que se emplea en los torneos.

De este modo, es posible que, por ejemplo, griegos y persas se enfrenten en igualdad de condiciones.

“Algunos aficionados pintan sus ejércitos con el coleccionismo como único propósito, dejando a un lado el propio juego”.

Aunque no siempre quienes entablan combate son seres de este mundo. Orcos, zombis, enanos y vampiros son sólo algunas de las criaturas fantásticas con las que se puede disputar una batalla.

En el ámbito de la fantasía heroica, los ejércitos más comunes son los de la serie Warhammer. Se trata de criaturas fantásticas “con cierta estética medieval”, comenta Aarón, empleado de una de las tiendas Games Workshop de Madrid.

También existe la saga Warhammer 40.000, compuesta por ejércitos “con un aire futurista”, explica.

Quienes se embarcan en el mundo de las miniaturas de fantasía suelen ser más jóvenes que aquellos que optan por los ejércitos históricos.

“No falta quien se aficionó al Warhammer en la adolescencia y de adulto mantiene el hobby”, señala Lolo, el encargado del establecimiento.

Lolo afirma que este es un entretenimiento con muchas características educativas. “Al pintar las miniaturas, los chicos aprenden arte. Además, utilizan las matemáticas para aplicar las reglas del juego y se socializan, pues es imprescindible tener un compañero con el que jugar”, apunta.

La lectura es otro de los componentes básicos de esta afición. Más allá de los reglamentos y del libro que define las características de cada ejército, hay una gran cantidad de novelas que dan vida a las criaturas del juego y recrean sus escenarios.

Cómics, videojuegos y revistas especializadas completan el universo fantástico que gira alrededor del juego.

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