Japón, en la tierra de los dioses

Más allá del neón y colorido de Tokio, de los templos de Kioto o las playas de arena blanca de Okinawa, Japón ofrece otro paisaje por descubrir: el de Shimane y Tottori, las dos provincias menos pobladas del país donde perviven algunas de las costumbres ancestrales del archipiélago.

En el suroeste del Japón, rodeadas de mar, grandes lagos y montañas, se encuentran Shimane y Tottori, dos provincias donde descubrir el lado más tradicional de Japón y practicar el ecoturismo.

Alejada de las multitudes y del ritmo frenético de las grandes ciudades, esta tierra esconde, entre valles de cultivos, casas tradicionales, delicada gastronomía y frondosas montañas, algunos de los secretos mejor guardados de Japón.

“EL RECORRIDO A LO LARGO DE LA COSTA DE TOTTORI CONFLUYE CON UN MAR DE DUNAS, EL MÁS GRANDE DE JAPÓN, SITUADO A LO LARGO DE 16 KILÓMETROS DE LITORAL EN UN PAISAJE ÚNICO EN EL QUE SE PUEDE, DESDE PASEAR A LOMOS DE UN CAMELLO, HASTA PRACTICAR PARAPENTE O “SURF”.

Aquí el tiempo parece haberse detenido con respecto al resto de ciudades del país. En el paisaje, los interminables campos de arroz se funden con la perfección milimétrica de jardines privados en las típicas casas niponas, de tejas negras y rojas.

En el ambiente se respira un aire puro que marida, sin complejos, con la pulcritud y sincronía de los colores del campo y el protagonismo del agua, muy presente en ríos, lagos, el cercano mar y en las propiedades saludables de sus numerosos “onsen” (aguas termales).

El viajero que acuda a Shimane y Tottori puede hacer un recorrido por sus bodegas de vino, bendecidas por la suavidad del clima y efectuar también una escapada a sus parques naturales o a las islas volcánicas Oki, a una distancia entre 40 y 80 kilómetros de la costa.

En Shimane se encuentra además uno de los templos más venerados y visitados del país, el Izumo Taisha. Este complejo religioso se levanta en la ciudad de Izumo, a 650 kilómetros de Tokio y escenario de varios pasajes del libro de crónicas más antiguo de Japón, el Kojiki o “Libro de las Escrituras Antiguas “, que en 2012 cumple su 1.300 aniversario.

En sus páginas, llenas de mitos y leyendas, se narra desde la creación del mundo a manos de los dioses hasta el periodo de la emperatriz Suiko (593-628), la primera mujer que ascendió al Trono del Crisantemo.

“EN 2012 IZUMO CELEBRARÁ POR TODO LO ALTO EL 1.300 ANIVERSARIO DEL KOJIKI CON UN GRAN EVENTO, LA EXPOSICIÓN DE MITOS DE JAPÓN, QUE DE JULIO A NOVIEMBRE PERMITIRÁ CONOCER LA MITOLOGÍA NIPONA Y DISFRUTAR DE MÚSICA Y DANZAS ANCESTRALES DEL SINTOÍSMO, LA RELIGIÓN DE ORIGEN NIPÓN BASADA EN EL RESPETO POR LA NATURALEZA”.

El complejo de Izumo Taisha, que atrae a unos 2,5 millones de visitantes al año, cuenta con un templo principal, el Izumo Oyashiro, de 24 metros de altura y que se encuentra en pleno proceso de restauración a manos de artesanos.

Este templo se rehabilita completamente una vez cada 60 años en trabajos que se prolongan durante cinco años. En esta ocasión se espera que las labores concluyan para 2013, en un “lavado de cara”.

La zona sagrada la completa un gran museo donde se pueden contemplar los restos de algunos de los gigantescos pilares de madera que sustentaban el templo y que, según las crónicas, lo alzaban hasta 48 metros sobre el suelo, lo que en su época lo convertía en el edificio más alto de Japón.

Restos arqueológicos

Aquí se pueden ver también importantes restos arqueológicos, como 358 espadas del periodo Kofun (años 250-600 d.C.) y decenas de campanas de bronce del periodo Yayoi (500 a.C.-250 d.C.), enterradas hace siglos con la intención de que nunca fueran descubiertas.

En 2012 Izumo celebrará por todo lo alto el 1.300 aniversario del Kojiki con un gran evento, la Exposición de Mitos de Japón, que de julio a noviembre permitirá conocer la mitología nipona y disfrutar de música y danzas ancestrales del sintoísmo, la religión de origen nipón basada en el respeto por la naturaleza.

“EN SHIMANE SE ENCUENTRA UNO DE LOS TEMPLOS MÁS VENERADOS Y VISITADOS DEL PAÍS, EL IZUMO TAISHA, A 650 KILÓMETROS DE TOKIO Y ESCENARIO DE VARIOS PASAJES DEL LIBRO DE CRÓNICAS MÁS ANTIGUO DE JAPÓN, EL KOJIKI O “LIBRO DE LAS ESCRITURAS ANTIGUAS “, QUE EN 2012 CUMPLE SU 1.300 ANIVERSARIO”.

A ese tipo de artes escénicas pertenece el “Kagura”, a medio camino entre el teatro y la danza folclórica, que ahonda en las leyendas populares a través de suntuosos disfraces y caretas.

Una de esas historias es la de la batalla en Izumo entre un dragón de ocho cabezas, el “Yamatano orochi”, y el guerrero Susanoo, dios del mar y la tormenta. En la zona, esta danza se ha convertido en una tradición que pasa de padres a hijos y que los niños representan en sus aldeas.

A pocos minutos en coche, atravesando el enorme lago Shinji, se encuentra la provincia de Tottori. Por la costa, el primer enclave que encuentra el viajero es la península de Sakaiminato, atrapada entre el lago Nakaumi y el mar de Japón.

Ésta es una excelente localización en la que disfrutar de playas, alojamientos tradicionales con “onsen” y vistas a la bahía de Miho. Mención aparte merece su gastronomía local, sustentada en mariscos y pescados frescos y recetas con arroces o soba (tallarines). Todos ellos aprovechan la gran calidad del agua de la provincia, famosa por su pureza y que, aseguran, mejora el sabor de los alimentos.

Distribuida a otras regiones desde hace más de 500 años, el agua de Tottori es una de las grandes riquezas naturales de la provincia. Filtrada por el mayor hayedo del occidente de Japón, a las faldas de la montaña sagrada Daisen, no ha pasado desapercibida para las grandes distribuidoras como la norteamericana Coca-Cola o la nipona Suntory, que han instalado allí sus fábricas de embotellado.

El Daisen, además, es uno de los mejores emplazamientos para disfrutar de actividades de ecoturismo. Las opciones van desde senderismo a ornitología, hípica, bicicleta de montaña, deportes acuáticos o esquí, ya que el lugar la mayor estación del oeste de Japón.

El ascenso al Daisen, declarado parque nacional en 1936, atrae cada año a unos 100.000 amantes de la montaña. La ruta sagrada parte de una altitud de 900 metros y exige un fácil “trekking” de unas 3 horas hasta la cima, con paradas en templos y espectaculares miradores que surgen de la frondosa vegetación.

El recorrido a lo largo de la costa de Tottori confluye con un mar de dunas, el más grande de Japón, situado a lo largo de 16 kilómetros de litoral en un paisaje único en el que se puede pasear a lomos de un camello y practicar, desde parapente a “surf”, en las dunas de arena.

El resto de atractivos de estas dos remotas provincias lo aportan sus habitantes: cercanos, hospitalarios y orgullosos de formar parte de uno de los rincones más mágicos del país.

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