Irlanda del Norte: más allá del conflicto

La región del Ulster, situada en el cuadrante nororiental de la isla de Irlanda, tiene mucho que ofrecer. Es viaje para un turismo que busca aventuras más allá de las emociones que emanan de un conflicto entre católicos y protestantes que se resiste a desaparecer totalmente.

Desde el comienzo del proceso de paz en 1998, que ha traído una tranquilidad relativa a la provincia británica, la inversión en el sector turístico ha propiciado la aparición de nuevas atracciones, que complementan a las archiconocidas de la Calzada del Gigante o los murales de Belfast.

“La inversión en el sector turístico ha propiciado la aparición de nuevas atracciones y su amplia oferta se mueve ahora desde las actividades más tradicionales, como el senderismo, el submarinismo o la caza, hacia otras con las que elevar los niveles de adrenalina”.

Su amplia oferta se mueve ahora desde las actividades más tradicionales, como el senderismo, el submarinismo o la caza, hacia otras con las que elevar los niveles de adrenalina.

Una de ellas es The Jungle , el primer parque de actividades de aventura establecido en la isla, que no tiene nada que envidiar, por ejemplo, a los franceses, pioneros en este tipo de oferta turística.

Situado en el pueblo de Moneymore, a unos 65 kilómetros al oeste de la capital, su atracción estrella es el circuito de cuerdas, un recorrido por árboles que pone a prueba el equilibrio, atrevimiento y vértigo del participante, quien sortea hasta 40 obstáculos de rama en rama a 30 metros de altura.

Altas dosis de adrenalina

Si la dosis de adrenalina no ha sido suficiente, se puede probar una batalla de “paintball” o el “zorbing”, una actividad importada de Nueva Zelanda que consiste en meterse dentro de una gran bola de plástico inflada, bien asegurado con arneses, y rodar por una pendiente.

La Jungla también ofrece tiro al plato, una actividad vetada al público en general hasta hace unos pocos años porque las autoridades norirlandesas temían que fuese utilizada por los pistoleros de grupos paramilitares para afinar la puntería con fines más siniestros que los de cazar aves.

Un trayecto en coche en dirección oeste llevará al viajero hasta Limavady, zona fronteriza del condado norirlandés de Londonderry, situada junto al lago Foyle y el imponente Monte Binevenagh.

Aquí, Ian Martin y su hijo Jamie llevan una granja de ganado establecida por sus antepasados hace más de 200 años. Un negocio que han diversificado ahora para convertirlo en un área de tiempo libre en el que practicar “paintball”, tiro con arco y la conducción de hovercrafts o aerodeslizadores.

Su empresa ganó en 2010 el premio al Mejor Negocio Rural de Irlanda del Norte, cuyo Gobierno ofrece incentivos económicos para animar a las industrias tradicionales de la provincia a introducirse en el sector turístico.

Después de una breve lección de conducción, cualquiera está listo para ponerse a los mandos de los aerodeslizadores y enfrentarse a un circuito de hierba, gestionando sus sinuosas curvas y sus pasos de agua.

Ciudad amurallada

Para completar una jornada plagada de acción, nada mejor que pasar la noche en Derry, la “Ciudad Amurallada”, marcada por la Historia desde el “Cerco de 1689″, cuando las tropas del rey católico Jacobo II de Inglaterra asediaron sus muros para someter a la población protestante.

Casi trescientos años después, Derry se convirtió de nuevo en protagonista de este antiguo conflicto, cuando soldados británicos abatieron a tiros en 1972 a 14 católicos inocentes que participaban en una marcha por los derechos civiles de su comunidad, el conocido como “Domingo Sangriento”.

Todas estas historias las cuentan con amenidad y rigor histórico cualquiera de los guías de la compañía Martin McCrossan’s City Tours, que ofrece vistas a pie o en taxi a precios razonables por los puntos más significativos de la ciudad.

De camino a la costa, en busca de más aventuras, las montañas Mourne, en el condado de Down, ofrecen una amplia gama de actividades, como el barranquismo, salto de rocas en río, descenso en canoas o rutas a caballo, un aperitivo hasta llegar al Atlántico.

Frente a los acantilados del condado de Antrim, el mar esconde barcos de guerra hundidos e, incluso, restos de la Armada Invencible, toda una golosina para los amantes del submarinismo en pecios o los cazatesoros.

La asociación de buceo Aquaholics ofrece inmersiones para todos los niveles a lo largo de esta línea de costa impoluta, agraciada porque escapó del boom del ladrillo de la pasada década gracias a la protección de las autoridades locales. Todo un ejemplo para sus vecinos de la República de Irlanda.

Una de la joyas en esta zona es la isla de Rathlin, la “roca” habitada (unas 100 personas) más septentrional de Irlanda y situada entre la costa de Antrim y Escocia.

Su red de alojamientos se reduce a varios graneros de casas rurales reconvertidos en albergues y un hotel, el Manor House, remodelado gracias a una donación efectuada por el magnate británico Richard Branson, después de ser rescatado del mar por los lugareños cuando intentaba en 1987 cruzar el Atlántico en un globo aerostático.

Largas caminatas por los acantilados de la isla, submarinismo y el avistamiento de ballenas jorobadas, orcas, focas o aves como los frailecillos y araos son las principales atracciones de este remoto, agreste y cautivador paisaje.

Antes de regresar a Belfast, merece la pena parar una noche en la localidad de Bushmills, en plena ruta de la Calzada del Gigante, donde todavía se erige la destilería de whisky más antigua del mundo.

El rey Jacobo I otorgó a este pueblo la licencia para elaborar este licor espiritoso en 1608, pero documentos históricos cuentan que ya se destilaba whisky en Bushmills en el Siglo XIII.

Las visitas diarias a sus instalaciones explican de una manera sencilla y didáctica el triple proceso de destilación de la cebada en alambiques de cobre y su posterior maduración en barricas de roble.

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