Exquisitas burbujas

La Maison Perrier Jouët, estrechamente vinculada al arte modernista y que presume de elaborar el champán más caro del mundo, cumple 200 años y lo celebra con la creación del primer caldo que puede ser dejado en herencia.

Hacer gala de ser el champán más caro del mundo puede parecer una estrategia publicitaria arriesgada en los tiempos de crisis económica que enfrenta el planeta, pero a la francesa Maison Perrier Jouët le ha dado resultado, ya que celebra este año dos siglos de su creación y lo hace con propuestas al alcance de pocos bolsillos.

“Una escultura del estadounidense Daniel Arsham contiene dos botellas de champán de la cuvee Belle Epoque 1998 que pueden ser dejadas en herencia a los descendientes del comprador”.

Pierre Nicholas Perrier y Adèle Jouët fueron, en 1811, el matrimonio fundador de una “casa” que ha insistido en preservar aquellos valores familiares de los inicios entre sus señas de identidad, si bien la marca pasó después a las familias Gallice y Budin, y tras su adquisición por multinacionales licoreras, ha regresado a sus raíces galas dentro de la compañía Pernod Ricard, su actual propietaria.

El lujo, la alta calidad y el “joie de vivre”, esa expresión francesa que ensalza la alegría de vivir (de vivir muy bien, en este caso) se encuentran entre los valores de una casa que elaboró en 1854 el primer champagne seco (brut) de la historia y cuyo buque insignia es la cuvée Belle Epoque, que puede beberse a partir de unos 150 euros (212 dólares) la botella, en función de la variedad.

Sus viñedos se extienden en 65 hectáreas del denominado “triángulo de oro del champán”, entre Èpernay y Reims, la misma zona en la que se elaboran otros grandes nombres de la burbuja como Moet-Chandon, Laurent-Perrier o Bollinger, e incluyen terrenos en la legendaria “Côte des Blancs”, en cuyas inclinadas laderas de orientación sur y sureste se cultiva, dicen, la mejor uva Chardonnay del mundo.

La joya de la corona

Es de esas uvas de las que se obtiene el champán más caro de todos, el Belle Epoque Blanc de Blancs, una joya de la corona elaborada solo con Chardonnay obtenido de las dos mejores parcelas de la Maison y en producción limitada -no más de 40.000 botellas-, y que cuesta casi 800 euros (1.135 dólares) por botella.

Mientras, de la unión del Chardonnay con otras variedades como la más ligera y delicada Pinot Noir o la afrutada Pinot Meuniers nace el resto de los champanes de la Maison, desde el Grand Brut, que sería el más asequible con un precio de unos 40 euros (56 dólares) por botella, a otros de precio más elevado como el Grand Brut Millesimé y los Belle Epoque blanco y rosé.

Es precisamente la mezcla del exquisito Chardonnay con otros caldos -un proceso conocido como ensamblaje- lo que confiere al champán diferentes estructuras, y de la correcta proporción en la mezcla depende la obtención de un champán común o uno sublime, según explica el “maestro de cavas” de la firma, Hervé Deschamps.

“La vinculación de Perrier Jouët a las artes data de 1902, cuando el artista Emille Gallé diseñó su característica botella adornada con flores”.

Otras de las particularidades que confieren a estos champanes su exquisitez, agrega, es que permanecen embotellados un mínimo de tres años antes de salir al mercado -lo habitual es que puedan ser comercializados a partir de un año en bodega-, y que su lugar de maduración son los 10 kilómetros de cavas abovedadas excavadas directamente en gélida y porosa piedra caliza que conforman la bodega de la Maison.

El papel de Deschamps, quien compara la elaboración de estos caldos con la talla de un diamante, es fundamental, ya que en los últimos dos siglos Perrier Jouët ha tenido sólo 7 “maestros de cavas” que con un celo extremo han ido pasando de generación en generación los secretos del champán.

Champagne en herencia

En esta “herencia” de generaciones se inspira precisamente la iniciativa de la Maison para conmemorar sus dos siglos: una doble escultura de edición limitada (100 unidades) del artista estadounidense Daniel Arsham.

La escultura contiene dos botellas del cuvee Belle Epoque 1998 -Deschamps ha elegido esta añada por ser excepcional- de las que una puede ser dejada en custodia a Perrier Jouet en su bodega, para que la hereden los descendientes del comprador muchos años después.

Otro de los motivos que explican el halo de exclusividad de la casa francesa es su relación con las artes y el poder: el 1861, la reina Victoria de Inglaterra nombró este champán proveedor oficial de la Corona, un gesto que imitaron las cortes de Suecia y Bélgica, mientras que en los archivos históricos de la Maison han quedado registrados pedidos de Napoleón III y la emperatriz rusa Marie de Hesse-Darmstadt.

La vinculación de Perrier Jouët a las artes data de 1902, cuando los propietarios de la firma encargaron al artista Emille Gallé, uno de los principales maestros del Art Nouveau en cristal, que diseñara una botella tamaño mágnum para contener sus licores más prestigiosos.

Gallé diseñó una botella en la que un ramillete de anémonas blancas dibujadas en dorado se entrelazan evocando las viñas y el sabor floral de la bebida, un emblema que ha perdurado a lo largo del tiempo y hoy se sigue empleando en los cuvee Belle Epoque de la firma, a la que muchos denominan “el champán de las flores”.

Además, en 1990 abrió sus puertas en Eperny la Maison Belle Epoque, una mansión en la que se hospedan los huéspedes especiales de la empresa y que atesora la principal colección privada de Art Nouevau y Decó de Francia, con unas 200 piezas de Majorelle, Guimard, Lalique y Rodin.

En su salón se puede contemplar, dentro de una vitrina modernista, una de las botellas originales diseñadas por Gallé.

¿Cuál es su momento favorito para disfrutar de un buen champagne?

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