Dios salve a la reina

Alrededor de 50.000 personas acuden cada año a los pueblos alpinos del cantón suizo de Valais para disfrutar de los Combates de Reinas, unas peleas de vacas en las que se elige a la “reina” de la manada y que se han convertido en uno de los mayores atractivos turísticos de la región.

Al campeonato cantonal, celebrado en mayo en la localidad de Aproz, asistieron unas 12.000 personas y más de 100.000 siguieron los combates por el canal de televisión TSR, superando en audiencia a eventos como la elección de Miss Suiza.

Estos datos confirman la vigencia de una tradición que se remonta a los años veinte y que ha convertido en un emblema regional a la vaca herens, raza autóctona de conocida por su temperamento agresivo, su aspecto rechoncho y sus grandes cuernos en forma de manillar de bicicleta negros en la punta.

El auge de estos campeonatos es tal que se han convertido en una fiesta de alcance nacional y son explotados como estrategia de promoción turística de la región de Valais, que invierte más de 170.000 francos suizos (14.200 euros) anuales en estas celebraciones y la lista de patrocinadores aumenta de una año a otro.

Para los combates, que reúnen a más de un centenar de animales divididos por peso y edad, se coloca una vaca frente a la otra y éstas se empujan con su cornamenta hasta que una de ellas retrocede, lo que designa a la otra automáticamente como la “reina”.

Gracias al carácter gregario de la raza herens, al finalizar estos combates se establece una nueva jerarquía de manera espontánea dentro de cada rebaño y la “reina” se convierte en la encargada de liderar al resto hacia los pastos de las altas montañas durante en verano.

“En el último campeonato asistieron unas 12.000 personas y más de 100.000 siguieron los combates por televisión”.

Aunque los Combates de Reinas adquirieron relevancia como una fiesta folclórica a partir de los años veinte, los enfrentamientos entre estas vacas se producen de manera espontánea mientras pastan en la montaña, ya que el instinto agresivo está en la base de su naturaleza.

De ahí, que las peleas de vacas comenzaran a ser promovidas por los ganaderos con una finalidad plenamente utilitaria: averiguar qué vaca presentaba las mejores características para liderar la manada.

A pesar de que la vaca herens es menos productiva que otras razas alpinas como la “Simmental Montbéliard Tarentaise” o la “Abundancia”, los ganaderos continúan criando esta raza por su gran resistencia que la convierten en la perfecta montañera: gracias a sus cortas patas sube fácilmente alturas de hasta 3.000 metros y es capaz de desplazarse muchos kilómetros por terrenos difíciles.

Masificación y colonización

En la cabaña suiza hay en la actualidad unas 5.500 vacas de la raza herens y lo habitual es que los ganaderos empleen a la mitad del rebaño para la producción de leche y a la otra mitad para los Combates de Reinas, de los que también pueden obtener beneficios económicos si su “reina” queda entre las primeras en los campeonatos.

A medida que estos combates han ido adquiriendo popularidad y para hacer más atractiva la fiesta, se llevan a cabo subastas en las que se venden las cabezas de ganado vencedoras.

“Las peleas de vacas comenzaran a ser promovidas por los ganaderos con una finalidad plenamente utilitaria: averiguar qué vaca presentaba las mejores características para liderar la manada”.

En estas subastas, el título supremo puede elevar los precios hasta los 30.000 francos suizos (25.000 euros/35.000 dólares), aunque estas cantidades no van a parar íntegramente al ganadero, sino que son los patrocinadores los mayores beneficiarios.

Por ello, en los últimos años se han alzado las voces contrarias, no a la fiesta en sí, sino a su masificación y a la colonización por parte de los patrocinadores, que sólo buscan sacar rendimiento económico a esta tradición.

Sin embargo, las diferencias se producen en la forma y no en la esencia de los Combates de Reinas. Tanto es así que, el año pasado, cuando España se acaloraba con el debate sobre la prohibición o no de las corridas de toros, el servicio de turismo de Valais dejó clara su postura a favor de esta ya centenaria tradición.

Al contrario que en las “corridas”, en este tipo de combates, el animal no sufre, ya que son peleas que surgen espontáneamente dentro de la manada y porque todo está controlado por un veterinario que examina si las vacas están sanas, si tienen comportamientos anormales o si sus cuernos son demasiado afilados.

Casting de reinas

Los granjeros seleccionan con mimo a sus candidatas a “reina” -que deben ser lecheras en primavera y estar preñadas en otoño-, a las que somete a una alimentación especial, rica en proteínas que haga a las vacas más robustas.

Una vez elegida a la vaca perfecta en cada granja, se celebran las eliminatorias regionales y en la final cantonal, que se realiza siempre en Aproz, las reinas se enfrentan para determinar a la “Reina de las reinas”, escogida también en función de su agilidad, su forma física y su resistencia.

En las fases finales el espectáculo está asegurado. Las vacas más avezadas engañan al espectador simulando evitar el combate, se refugian en las cuerdas protectoras y parece que ignoran al contrincante, hasta que finalmente se lanzan contra el rival y comienzan los golpes y los empujones.

Generalmente, las eliminatorias regionales son seguidas por los más interesados, pero la gran final cantonal de Aproz y la competición de la feria Comptoir de Martigny son motivo de una gran afluencia de público, que supera cómodamente los 10.000 espectadores.

La pasión desatada por las “reinas” es tal que se ha creado una sociedad de “Amigos de las Reinas”, una de las más importantes del valle del Ródano y que colabora en la protección de la agricultura de montaña suiza.

Para los más acérrimos seguidores hay incluso un programa de radio mensual, llamado “Reines Gazette”, emitido por la emisora Rhone FM, que pone al día a los fans de las últimas novedades en torno a estos campeonatos.

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