Delicia en los labios

Beber no solo es calmar la sed. Elija con mimo la cristalería y así disfrutará más de la buena mesa.

Ser prácticos en el día a día es casi una obligación, pero las ocasiones especiales bien merecen toda una puesta en escena especial.

Cuando tenemos en casa invitados, por mucha confianza que haya, nada discurre de la misma manera que en una jornada habitual. Nos esmeramos en la cocina y en la composición de la mesa, lucimos mantelerías diferentes, aunque no tienen porqué ser de materiales exclusivos, y también dejamos que se luzcan las vajillas y cristalerías guardadas para acontecimientos especiales.

La comodidad nada tiene que ver con el deseo de disfrutar de la buena mesa y la elección de un buen vino se percibe mejor por cómo se deja sentir en el cristal en el que se sirve.

Con más de dos siglos de experiencia, el Cristal de Sèvres ha sabido adaptarse a los tiempos renovando su estética a través de sus colecciones y reinventando nuevos diseños. Pero en todos ellos conjuga la perfección artesanal de lo “hecho a mano” y la sensibilidad creativa.

La importancia que dan a cada una de sus propuestas está determinada por un deseo de innovar, como es el caso de su colección Segovie, que revive la estética de los años 70.

Las copas, talladas a mano y sopladas a boca, se presentan en seis intensos colores: rubí, amatista, aguamarina, esmeralda, zafiro y topacio.

La perfección de la transparencia constituye una preocupación constante para Cristal de Sèvres y la rigurosa “calidad del material”. Es la primera fase de una larga sucesión de controles.

¿Es esa dosis de calidad lo que marca la diferencia entre el cristal de Sèvres y los otros? Sara Parejo Castelletta, directora creativa de Cristal de Sèvres, asegura que a la calidad se suma ”la pureza, la transparencia… en definitiva el ‘savoir faire’” de la firma. Cristal de Sèvres cuenta con más de dos siglos y medio de historia y su fundadora fue nada más y nada menos que Madame de Pompadour”, y eso ya dice mucho.

Según explica la directora creativa, el rey Luis XV  concedió a la marquesa de Pompadour el privilegio de trasladar una vidriería parisina a su castillo de Bellevue, en Sèvres, para proceder a su explotación. “Fue el gusto de esta carismática mujer lo que impregnó las primeras colecciones y la constante en todas sus piezas, hasta hoy día”.

Con la colección la Segovie se inaugura una forma nueva de introducir en la mesa un elemento singular y vinculado al lujo.

“El lujo ya no es exceso y apariencia; es calidad, es tiempo, es belleza… y esta colección encarna a la perfección este nuevo lujo”.

Sara Parejo señala que el intenso color de la colección es un indicador del “estado de ánimo de la sociedad. Ante esta crisis hemos vuelto a reaccionar como en el ‘47 con el New Look de Christian Dior. Con ganas de vivir. Tras el negro y su minimalismo de finales de los ’90 queremos volver a sonreír, a dar color a nuestras vidas”, dice.

Una colección para grandes ocasiones que tiene la facultad de no parecerlo.

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