Como evitar el tecnoestrés

Si acciones como pasar un archivo de word a PDF, detectar una conexión inalámbrica de Internet o revisar el correo electrónico le producen cierta ansiedad, sepa usted que no está solo, sino que seguramente pertenezca al 63 % de usuarios de Internet que sufren tecnoestrés, según explica el catedrático José María Martínez Selva.

Con la revolución digital, trabajadores perfectamente cualificados para el desempeño de sus tareas han quedado desactualizados de la noche a la mañana. José María Martínez Selva, catedrático en psicobiología de la Universidad española de Murcia, analiza en su libro “Tecno-estrés”: los problemas de estrés y ansiedad que genera el laborioso, pero imprescindible proceso de aprendizaje al que se ven abocados estos profesionales.

En opinión del autor, el tecnoestrés lo padecen, sobre todo, personas de más de 40 años que, al no haberse podido adaptar a los rápidos cambios tecnológicos, llegan a experimentar rechazo hacia las nuevas herramientas. A pesar de que sostiene que “no es un libro antitecnológico”, mantiene que usar los nuevos aparatos es difícil y pretende dar voz “a todas las personas que lo pasan mal”.

Por si fuera poco, el uso de dispositivos móviles ha roto las fronteras espaciales y temporales de la oficina, prolongando la jornada laboral de forma indefinida. El trabajador se siente, entonces, obligado a mantener un rendimiento continuo y no consigue ni desconectar ni distanciarse de sus obligaciones, lo que, en opinión de Martínez Selva, no beneficia a su salud mental.

La vida en la sociedad de la información

Otro de los factores que produce estrés tecnológico es la inabarcable cantidad de datos a la que se enfrentan los usuarios. Para ilustrar esta afirmación basta con recurrir a los estudios de Peter Lyman y Hal Varian, que demostraron que entre 1999 y 2002 se creó más información que en toda la Historia de la Humanidad.

“El uso de dispositivos móviles ha roto las fronteras espaciales y temporales de la oficina, prolongando la jornada laboral de forma indefinida”.

Un estudio de la consultora Accenture realizado en 2007 revelaba que los directivos de grandes compañías invertían al menos dos horas diarias a la búsqueda de información, una excesiva dedicación que, en opinión del catedrático, no suele traducirse en una mejora significativa a la hora de tomar decisiones.

Además, el tratamiento de datos a través de aplicaciones electrónicas lleva asociado dos importantes peligros: su pérdida o robo. En octubre de 2008, el Gobierno británico reconoció haber perdido un disco duro de ordenador que contenía datos sobre 1,7 millones de reclutas y aspirantes, mientras que en 2006 se produjo el robo en EEUU de los perfiles de 26,5 millones de ciudadanos.

Personas y máquinas, ¿quién trabaja para quién?

A lo largo de la historia del cine muchas han sido las películas que mostraban un futuro idealizado, en parte gracias al uso de robots que se encargaban de las labores más desagradables. Pero la progresiva implantación de máquinas en nuestra vida cotidiana no sólo no ha descargado nuestra lista de tareas, sino que ha añadido más.

“La progresiva implantación de máquinas en nuestra vida cotidiana no sólo no ha descargado nuestra lista de tareas, sino que ha añadido más”.

Imprimimos en casa los billetes que antes comprábamos en la estación, sacamos dinero de cajeros automáticos, montamos nuestros propios muebles, planeamos viajes desde agencias “online” y nos desquiciamos en interminables conversaciones telefónicas con centralitas automatizadas. Asumimos responsabilidades, según Martínez Selva, que antes correspondían a personas que cobraban por ello.

Cómo evitar el tecnoestrés

Junto a estas explicaciones, el catedrático sugiere una serie de pautas para evitar, en la medida de lo posible, el tecnoestrés. Consejos como poner límites a nuestra conexión, establecer siestas digitales (periodos libres de nuevas tecnologías) o buscar aficiones alejadas del ordenador, que pueden mejorar nuestra calidad de vida.

El autor también da mucha importancia a aprender a distribuir de forma adecuada nuestro tiempo y a reforzar las relaciones cara a cara, sin tratar a las personas como si fuesen máquinas capaces de responder a todas nuestras demandas.

Por último, hace hincapié en que deben mantenerse las vías tradicionales de comunicación y de trabajo. Si se elimina la posibilidad de realizar trámites administrativos, como pedir cita para el médico por teléfono en lugar de hacerlo exclusivamente por internet, corremos el riesgo, en opinión del autor, de aumentar la brecha digital, generando más tecnoestrés.

¿Cuántas horas pasas al día delante de un ordenador?

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