Ballet, el deseo exquisito de las japonesas

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Ejercitar el cuerpo y la mente es una de las principales preocupaciones de la sociedad moderna y conseguirlo es posible sin renunciar al placer, a la estética y a la relajación. No sólo el yoga ni el pilates aportan estas sensaciones y dotan de elasticidad al cuerpo sino que hay otras tendencias que lo consiguen e incluso en mayor medida.
Se trata de una tendencia que va más allá; el ballet se instaura como la última moda en el mundo del fitness.

Una clase de ballet implica una sesión de ejercicio rigurosa y metódica. Cuando los profesionales bailan sobre un escenario, se observan poses perfectas y exquisitos movimientos, que esconden el esfuerzo y la exigencia de este tipo de danza.

El ballet clásico ya no es sólo para profesionales o para los niños, ahora no hay edad o condición física que impida practicarlo, desde Nueva York llega la nueva tendencia Ballet Beautiful. Una tendencia que viene para quedarse y que también se instaura en países poco comunes en la danza, como Japón.

Los japoneses suelen tener dificultad para expresar sus sentimientos. Su cultura se rige en muchas ocasiones por la filosofía del Honne y el Tatemae, es decir, lo que uno realmente piensa y lo que dice públicamente, dar rienda suelta a las emociones puede considerarse algo vergonzoso.

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Es sorprendente que en la cultura nipona triunfe tanto este modelo de danza. Sin embargo, bailarinas famosas como Miyako Yoshida son todo un referente mundial en el mundo de la danza.

La japonesa nació en Tokio y empezó a bailar a los nueve años. En 1983 se trasladó a Londres y comenzó a formar parte de la Royer Ballet School, un pequeño gesto que despegó su carrera meteórica. Miyako Yoshida ha expresado su talento en papeles mundialmente conocidos como El Lago de los Cisnes, Gisela, Cenicienta, Don Quijote y Copelia. Una japonesa que se imponía a las bailarinas profesionales europeas.
En 2011 fue nombrada Artista de la UNESCO para la Paz y se convertía en un ejemplo de admiración para miles de chicas japonesas que ven en ella, y en el ballet, el deseo exquisito de una tendencia poco común en el país.

No nos puede sorprender, ya que el ballet es un arte que tiene múltiples beneficios: desarrolla la imaginación, la agilidad, la creatividad, la sensibilidad corporal y la memoria, mejora la flexibilidad, la circulación, reafirma el cuerpo y tonifica los músculos, disminuye el estrés, y mejora y afina la postura. Características propias de la mujer japonesa, una mujer que busca la excelencia física y mental.

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