Alpinistas y emprendedores

Escalar una gran montaña tiene varias semejanzas con poner en marcha una empresa, esa es al menos la conclusión a la que llegan los autores del libro “La cumbre infinita”, un relato que sirve tanto para emprendedores como para expedicionarios.

El alpinismo es una de las pasiones vitales de Valentín Giró, un licenciado en ciencias empresariales quien logró coronar la cumbre del K2, una las 14 montañas que superan los 8.000 metros sobre el nivel del mar. Carlos Trenchs, por su parte, es licenciado en administración de empresas y un emprendedor que logró posicionar a Privalia, una “start-up” (una empresa con posibilidades de futuro) que alcanzó el éxito global en poco tiempo.

En el libro “La cumbre infinita” (Los libros del lince, 2011), que escribieron junto a la periodista Belén Roldán, sus relatos se entrelazan y dan vida a una historia en la que  escalar a una montaña se emparenta con el éxito empresarial. Giró conversó sobre los puntos de encuentro entre estas dos orillas:

-Al tomar el camino de la Magic Line para escalar el K2 optaron más por el camino de la audacia más que el de la lógica. ¿No era un riesgo demasiado alto?

- Sí, pero es una decisión conscientemente adoptada, en el sentido de configurar un equipo experto para asumir ese nivel de riesgo más alto. El objetivo del proyecto es llegar a la cumbre pero por ese camino. Yo diría entonces que el camino es tan o más importante que la propia cumbre.

- El equipo es determinante para que un proyecto tenga éxito o fracase. ¿Qué hay que tener en cuenta a la hora de formarlo?

– Las personas son la diferencia. Ya sea en una expedición a un ochomil o en un proyecto de una empresa que está naciendo, para mí la esencia del equipo es que comparta los porqués, el sentido de “por qué estamos aquí”. Y que ligado a ese porqué haya un compromiso y una autorrealización. Eso hace que siendo personas muy distintas el grupo se mantenga unido gracias a una esencia común. A partir de allí se construye una pieza fundamental que es la confianza. En el alpinismo hay una analogía muy clara: la cuerda que permite que todos vayan juntos, “atados” los unos a los otros.

- Es vital entonces encontrar esa visión compartida. ¿Cómo enriquecerla con los aportes de cada integrante del grupo?.

- La esencia de la visión compartida en un proyecto debe estar clarísima y no admite deformaciones. El nuestro, por ejemplo, era escalar el K2 por la Magic Line sin oxígeno, sin “trampas”, de la manera clásica en la que se practica el alpinismo. Hoy en día en el Himalaya pasa lo mismo que en cualquier otro ámbito de la sociedad: se han banalizado muchas cosas, el objetivo es pisar la cumbre por el camino fácil.

- Otro integrante clave en la formación de un equipo es un buen líder. ¿Cómo reconocerlo?

- En nuestro caso, al ser un equipo experto, practicamos un tipo de liderazgo bastante cooperativo en las distintas fases del proyecto. Yo me encargué más de la parte de planeación, por ejemplo, mientras que Manel de la Matta se encargó de la dirección técnica durante la escalada. Pero sí que existe un liderazgo natural que emerge sin que nadie tenga que decirlo. En Manel encontramos las tres características claves de un líder: la humildad, capacidad para pasar a la acción y coherencia. Él lograba fabricar una magia dentro del grupo.

- ¿Pero más allá de ese liderazgo cooperativo es necesario tener un líder faro?

- Creo que sí. En algún momento, cuando el barco está a punto de hundirse, cuando hay crisis, el líder faro debe aparecer, debe proteger al grupo, cuidarlo. Creo que es esencial.

- Otro de los puntos que se resaltan en “La cumbre infinita” es la pasión y la señalan como un ingrediente clave para el éxito de los proyectos. ¿Cómo la define?

- Para mí es la conexión entre la esencia de lo que somos y lo que en un preciso momento podemos hacer. Es decir, cuando eso converge realmente podemos disfrutar las cosas, te permite decir “estoy haciendo algo que da sentido a lo que soy yo”.

- Cuando no se cumplen las previsiones iniciales y hay que cambiar de rumbo durante el camino. ¿Cómo manejar esa sensación de fracaso?

- Yo creo que en cada proyecto eso debe ir escrito en letras mayúsculas. La planificación es un requisito necesario, pero no suficiente. Hay que hacerla, pero eso no garantiza que las cosas salgan bien, por el contrario, si no se hace hay muchas posibilidades de fracasar. El equipo debe entender que esos timonazos existen.

- Cuando un proyecto fracasa, ¿hasta cuándo se debe insistir con él?

- En la montaña te diría que es muy fácil de reconocer: tus propios límites físicos te dan un aviso clarísimo, y lo importante es volver a casa, ese el verdadero éxito. Luego se puede “retar” de nuevo a la montaña.

- Ya que hablamos de cómo se debe lidiar con el fracaso. ¿Cómo se debe asimilar el éxito?

- Yo haría dos distinciones del éxito. Para mí hay uno que es condicional, en el caso del ascenso al K2 que Jordi Corominas haya llegado a la cumbre no dependió de él ni del resto del equipo, fue una invitación de la montaña que, en días de bueno tiempo, nos autorizó para que él intentara subir. De la misma manera que una empresa puede alcanzar cierto nivel de ingresos dependiendo también de factores condicionales que pueden variar el resultado final. La crisis, por ejemplo, ha derrumbado proyectos con excelentes planes de negocio.

Existe otro éxito que, sin embargo, es incondicional y depende de mi comportamiento cada día, de qué camino estoy transitando para tratar de alcanzar ese resultado final. Este es un “éxito proceso” y es incondicional. Tanto en los ejemplos de la Magic Line como de Privalia eso se hizo y fue lo que permitió, día a día, construir el camino para llegar al éxito de resultados.

Es vital poder distinguir esos dos tipos de éxito, saber en cuál estoy y hacia dónde voy. Ese éxito de producto final se debe digerir de una forma muy momentánea y de ahí el nombre del libro (“La cumbre infinita). El éxito al final es andar ese camino, ese proceso.

- Para concluir, ¿ya tiene preparada su siguiente expedición?

- No en fechas concretas, pero sí en proyectos. Por un lado quiero acercarme al Himalaya desde una perspectiva social. La gente que vive cerca está en condiciones muy precarias. Me gustaría acompañar algún proyecto que intente mejorar su situación. En el ámbito deportivo quisiera acompañar a Carlos Soria, un escalador que tiene 72 años, en su sueño de completar el ascenso a los 14 ochomil.

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